Para el que no esté acostumbrado, la morena, por su aspecto, le puede provocar rechazo, pero lo cierto es que en Canarias es todo un manjar, debido a su sabor y consistencia de la carne.
La morena se come en Canarias “de toda la vida” pero, por ejemplo, es muy raro ver lugares que la cocinen en la Península.
Agustín, que vive en Los Abrigos, Tenerife, lleva todo la vida vinculado al mar y realizando tambores para pescar morenas, siendo uno de los pocos artesanos que quedan en la Isla. “He sido pescador toda la vida. Desde los cinco años, que acompañaba a mi padre. Me quitas la pesca y me muero”, reconocía al programa 1 Hora menos, de Televisión Canaria.
Agustín reconoce que se pasa “todo el día” haciendo tambores para morenas, algo que comenzó hace años: “Desde hace unos diez años los hago, siempre en la calle, y pasan los extranjeros y me sacan fotos mientras trabajo”.
La mejor manera de comer morenas
Agustín, tras años y años de experiencia, lo tiene claro: “La mejor forma de comer morenas es fritas”. Mientras recalca que “el macho no tiene espinas, la hembra, sí”.
La morena es un pez singular. Vive oculta entre las rocas en el Caribe, en el Mediterráneo y en el litoral Atlántico, desde Inglaterra hasta Senegal, incluso las Azores, Madeira y Canarias y se asemeja a una serpiente de mar.
Las morenas son uno de esos manjares que despiertan respeto y curiosidad en la gastronomía canaria. Este pez de aspecto fiero, habitual de los fondos rocosos del Archipiélago, ha pasado de ser una captura humilde a convertirse en un auténtico “pecado” culinario para muchos paladares. En Canarias, comer morena no es solo alimentarse: es participar de una tradición marinera muy arraigada.
Su consumo está especialmente ligado a las Islas orientales, como Lanzarote y Fuerteventura, donde forma parte del recetario popular desde hace generaciones. La morena frita, crujiente por fuera y jugosa por dentro, es la preparación más conocida, aunque también se guisa o se acompaña con mojo. Eso sí, no es un pescado fácil: su manipulación requiere experiencia, tanto en la pesca como en la cocina.
Precisamente por esa dificultad y por su sabor intenso, la morena se ha ganado fama de plato “solo para valientes”. Hay quien la evita por su apariencia, pero quienes se atreven suelen repetir. En un contexto donde la cocina canaria reivindica cada vez más sus raíces, la morena sigue ocupando un lugar especial: el de esos sabores auténticos que no piden permiso, pero dejan huella.






