En la gasolinera de La Chasnera casi nada cambia desde hace más de una década. Los equilibrios permanecen intactos y, como cada sorteo de la Lotería de Navidad, lo único que varía son los números. La suerte, en mayor o menor medida, suele comportarse igual: siempre deja algo.
Con las Cañadas del Teide cubiertas de nieve como telón de fondo, el surtidor de la suerte de Granadilla de Abona volvió a poner su destino en manos de los niños de San Ildefonso.
Un nuevo cara a cara con su propia historia: trece años consecutivos repartiendo premios y cinco ocasiones en las que ha caído el Gordo.
AMBIENTE CONTENIDO
Cada 22 de diciembre, las miradas se fijan en ese microhábitat de la fortuna ubicado en la gasolinera del kilómetro 54 de la autopista del Sur. Esta edición se afrontó con un ambiente más contenido que en años anteriores. No hubo el estruendo habitual. La gente entraba y salía con discreción, mientras las trabajadoras preparaban las copas de champán, a la espera de que se confirmara una tendencia que se ha vuelto normalidad.
Como siempre y desde primera hora de la mañana, la cafetería fue un hervidero de periodistas y curiosos. Los cables, las cámaras y los puestos de los medios, coordinados con las redacciones para cantar la suerte en directo, se repartían por toda la gasolinera.

Los números ganadores no se hicieron de rogar
El segundo premio, el 70048, el que más veces ha dejado dinero en La Chasnera, salió a eso de las 8.35 horas. Está vez pasó de largo. Cayó íntegramente en Madrid, la comunidad que más lotería ha vendido para este sorteo, con más de 2,7 millones de billetes.
El segundo chasco de la jornada llegó a las 9.45 con el Gordo, el 79.432, repartido en varias localidades de León. Los premios más grandes este año no tenían parada en Granadilla de Abona.
Pero el sorteo, que este año repartía un total de 2.772 millones de euros y cuyo primer premio está dotado con 400.000 euros por décimo, aún guardaba un giro.
A las 10.02 horas, con el tercer quinto premio de la mañana, la suerte apareció de golpe con un destello de suerte que iluminó la gasolinera.

7 DECIMOS VENDIDOS
Poco después, el tercer premio, el 90.693, con siete décimos vendidos, terminaría por desatar la euforia.
En menos de media hora, La Chasnera había repartido todo lo que iba a dar de sí este año: 350.000 euros correspondientes a siete décimos del tercero y 6.000 euros del único décimo del quinto premio. Un fogonazo de fortuna, como el de ese jugador que, con un solo destello de calidad, resuelve un partido.
Para José Miguel González, propietario de la gasolinera, el balance del sorteo fue positivo, pese a no haber cantado los grandes premios. “Ha sido un día muy bonito. Hemos vivido una larga espera. Este año hemos sacado siete terceros y un quinto. No hemos dado el Gordo, pero repartir premios es lo importante”, afirmó.

Para su grupo, la venta de números comienza desde el mes de julio. Desde entonces, según explica González, se trabaja a destajo, vendiendo y ofreciendo décimos a los clientes que visitan la estación, llegados de todos lados del mundo. “Para nosotros es una satisfacción”, afirma.
Y cerró con una frase que ya suena a lema o mantra que se repite en el tiempo: “La suerte siempre pasa por aquí. Eso es así, siempre nos deja algo”.
Un sorteo menos pródigo, pero fiel a la tradición: “Nos sigue tocando”
La espera por nuevos premios comenzó a alargarse. Tras la salida de los cuartos, se encadenaron los quintos, esta vez sin fortuna para la gasolinera. El ambiente en el surtidor de la suerte de Granadilla era sensiblemente más contenido que en otras ediciones, lejos de la celebración repetida de otros años.
Las expectativas eran elevadas, alimentadas por un binomio casi perfecto con la fortuna que se ha consolidado durante la última década. Sin embargo, a medida que caían las bolas, se reforzaba la sensación de que, en esta ocasión, la suerte no se alineaba con su punto predilecto.
El balance final fue inferior al de ejercicios anteriores, el año pasado se repartieron dos cuartos premios, un tercero y un quinto, aunque suficiente para mantener viva la leyenda: la suerte nunca falta a su cita en el kilómetro 54.

Tras conocerse el último cuarto premio, el grupo de trabajadoras y la familia González al completo se abrazaron con resignación. Era, sin duda, un año atípico en La Chasnera.
En ese contexto apareció Raúl de Montis, delegado provincial de Loterías y Apuestas del Estado y conocido entre los habituales como el notario de la suerte, quien entegó los carteles que certificaban la autenticidad de los premios repartidos.

El delegado, un invitado de lujo en este tipo de jornadas, resumió la jornada con naturalidad: “Nos sigue tocando, eso es lo importante. Seguimos con terceros, con quintos, con cuartos. Al final somos islas afortunadas, y nuestra provincia también lo es”.
Sobre la habitual comparación de premios entre zonas, restó importancia a la rivalidad Norte-Sur: “Entrar en eso no tiene mucho sentido. Lo que nos interesa es que toque aquí, en la provincia. Y además ha vuelto a tocar en El Hierro”.








