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El paraíso secreto de Vicente Vallés en Canarias: “Buscaba un sito así, único”

"Lo pasamos tan bien que ahora conozco todas las Islas", reconoce el presentador
El paraíso secreto de Vicente Vallés en Canarias: "Buscaba un sito así, único"

Son muchas las caras conocidas que aprovechan para desconectar en las Islas. Entre ellas se encuentra Vicente Vallés, presentador de Antena 3 Noticias, que acostumbra a pasar parte de su descanso en Canarias acompañado de su pareja, la periodista Ángeles Blanco, y de su hijo.

El periodista mantiene desde hace años una relación especial con las Islas, un destino al que regresa siempre que su calendario se lo permite. La tranquilidad y el clima benigno de enclaves como Abades, en el municipio tinerfeño de Arico, han convertido este punto del litoral en uno de sus lugares preferidos para recargar energía.

En una conversación con la revista de Binter, Vallés comentó que suele alternar pequeñas escapadas europeas en invierno con estancias más largas en el Archipiélago durante el verano. En Navidad visita con frecuencia Alemania, Bélgica, Suiza u Holanda, aunque procura reservar siempre algunos días para volver a Canarias.

Ni siquiera en vacaciones se desconecta por completo de la actualidad. “Me gusta que haya wifi en todos lados”, decía con humor en esa misma entrevista. Explicaba además que disfruta especialmente de la lectura pausada de la prensa cuando su rutina lo permite, razón por la que nunca falta en su equipaje un iPad con el que revisar titulares.

Su vínculo con Abades comenzó tras un viaje navideño en el que decidió recorrer el sur de Tenerife. “Lo pasamos tan bien que quisimos encontrar un sitio al que regresar con frecuencia. Y lo hallamos en Abades”, recordaba. Desde aquel momento, Vallés y su familia han visitado todas las Islas, incluida La Graciosa.

El lugar que enamora a Vicente Vallés

Abades —también conocida como Los Abriguitos— se encuentra en el sureste de Tenerife, entre El Porís de Abona y La Jaca, a poco más de diez minutos del aeropuerto tinerfeño Sur. Es una zona de ambiente tranquilo, salpicada de pequeñas calas volcánicas, senderos, puntos de inmersión y espacios ideales para planes familiares o escapadas de fin de semana.

La urbanización está formada por entre seiscientos y ochocientos bungalós blancos de diseño similar, construidos entre finales de los 70 y comienzos de los 90. El núcleo cuenta con restaurantes, bares, supermercados, un gimnasio, áreas deportivas, zonas peatonales y un centro infantil. Lo que comenzó como un conjunto de cabañas de madera evolucionó hacia un asentamiento consolidado con iglesia, plazas y un paseo amurallado junto al mar. Su población ha aumentado de forma progresiva, pasando de unos 230 habitantes en el año 2000 a superar los 800 dos décadas después.

Entre sus elementos más llamativos destaca el antiguo sanatorio, diseñado en 1943 por el arquitecto José Enrique Marrero Regalado. El complejo se proyectó como una colonia sanitaria para pacientes de lepra, con hospital, iglesia, crematorio, viviendas para sanitarios y pabellones adaptados a las necesidades de la época.

La iniciativa, sin embargo, quedó inconclusa. La aparición de tratamientos eficaces contra la enfermedad a mediados de los 40 hizo innecesaria su construcción y las obras se paralizaron sin llegar a estrenarse. Ya en los años 70, el Ejército utilizó las instalaciones para maniobras y ejercicios.

Hoy, el conjunto —compuesto por entre treinta y cuarenta edificios— permanece abandonado. Aunque su acceso está restringido, su aspecto deteriorado y su carácter enigmático atraen a visitantes y fotógrafos que se adentran en sus pasillos de forma irregular. Grafitis, muros desgastados y estructuras a punto de colapsar han convertido este sanatorio fantasma en uno de los enclaves más fotografiados del sur de Tenerife.

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