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La canilla de un papa: la reliquia que se encuentra en Tenerife y pocos conocen

La reliquia llegó guardada en una pequeña caja de madera, cuidadosamente cerrada y atada con un cordón de seda rojo
La canilla de un papa: la reliquia que se encuentra en Tenerife y pocos conocen

El anuncio de la próxima visita del papa León XIV a Canarias ha provocado un lógico revuelo. Será la primera vez que un papa viaje a Canarias, al menos con vida, porque en Tenerife, aunque muchos lo desconocen, se encuentra una reliquia de uno de ellos.

Cuesta imaginarlo hoy, pero hubo una época en la que los vecinos de Santa Cruz de Tenerife depositaron su fe colectiva en una reliquia: un pequeño fragmento de hueso, concretamente una canilla, que aún se conserva en la parroquia matriz de Nuestra Señora de La Concepción, conocida popularmente como la iglesia de La Concepción. En momentos de crisis extrema, aquel objeto sagrado se convirtió en símbolo de consuelo, protección y resistencia para una población golpeada por la miseria.

Uno de los episodios más significativos se remonta a 1771, cuando la ciudad arrastraba dos años de hambruna y sufría además los estragos de la fiebre amarilla. En medio de la escasez y la enfermedad, los santacruceros recurrieron a su reliquia más venerada: la conocida como canilla de San Clemente, que fue sacada en procesión como último recurso frente a la adversidad en un enclave marinero que todavía dependía administrativamente de La Laguna.

Esta historia fue recuperada gracias al trabajo del teólogo, filósofo y docente Pedro Ontoria, miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio y autor del libro Misterio y contexto de la reliquia de San Clemente en Santa Cruz de Tenerife. Su investigación reconstruye el recorrido de esta reliquia, a la que también se atribuyó haber intercedido, por ejemplo, en la victoria frente al ataque del contraalmirante Horacio Nelson.

Más allá de su dimensión religiosa, el relato adquiere especial interés al explicar cómo un pequeño puerto atlántico logró hacerse con un objeto de culto asociado a San Clemente Mártir, cuarto papa de Roma, cuyo pontificado se sitúa entre los años 88 y 97 después de Cristo. La clave estuvo, una vez más, en la posición estratégica de Santa Cruz como escala marítima.

Cómo llegó la reliquia a Tenerife

Según detalla Ontoria, el 13 de febrero de 1703 arribó al puerto una expedición encabezada por el Patriarca de Antioquía, Carlos Tomasso Maillard de Tournon, y el abate Giovanni Battista Sidotti, acompañados por una docena de personas, entre ellas el médico Giovanni Borghesi de Mondoví. Ambos eclesiásticos se dirigían a Asia por mandato de Roma: Maillard con destino a la India y China para resolver conflictos misioneros, y Sidotti rumbo a Japón con la intención de difundir el cristianismo en un territorio cerrado y hostil. Ninguno regresaría de aquellas misiones.

Durante los dos meses que permanecieron en la Isla, la expedición fue recibida con honores y atendida con generosidad por las autoridades locales. El beneficiado de la parroquia de La Concepción, Diego de Salas, y el alcalde Martín Bartolomé de Moro y Cabrera ofrecieron hospitalidad en un momento en que la población atravesaba enormes dificultades.

Como muestra de gratitud, y poco antes de partir, Sidotti —con la anuencia de Maillard— entregó a Santa Cruz una reliquia excepcional: un fragmento de la canilla de San Clemente Mártir, acompañado del certificado que acreditaba su autenticidad. Aunque la documentación oficial señalaba a Maillard como custodio, investigaciones posteriores, como las del historiador Sebastián Padrón Acosta, confirman que fue Sidotti quien hizo personalmente la entrega.

La reliquia llegó guardada en una pequeña caja de madera, cuidadosamente cerrada y atada con un cordón de seda rojo. Desde entonces, pasó a formar parte del patrimonio espiritual de la ciudad.

Un objeto de fe en tiempos de epidemias y guerras

La estancia de los expedicionarios dejó otras huellas. El médico Borghesi atendió a numerosos isleños afectados por dolencias traídas de América y dejó constancia escrita de la riqueza natural de Tenerife, mostrando su asombro por el drago y el aloe. Pero fue la reliquia la que marcaría la memoria colectiva.

Según los registros, el fragmento óseo procedía directamente de los restos atribuidos a San Clemente, exhumados en el cementerio de Santa Ciriaca con autorización papal. No era extraño que los viajeros portaran varias reliquias y obsequios destinados a autoridades religiosas y civiles de Oriente, como parte de su estrategia diplomática.

En Santa Cruz, la reliquia fue venerada con especial devoción. Se acudía a ella en tiempos de epidemias, escasez y calamidades, y se le rendían honores tras episodios considerados providenciales, como la defensa frente a ataques enemigos.

El culto a la reliquia de San Clemente

El historiador Felipe Miguel Poggi Borsotto, en su Guía Histórico Descriptiva, describe con detalle el lugar donde se custodiaba la reliquia: un altar dedicado a la Virgen del Carmen. Cada 23 de noviembre, festividad de San Clemente, se celebraba una ceremonia conventual y el fragmento era llevado en procesión hasta la iglesia de Los Remedios, protegido por un fanal de cristal y transportado sobre andas.

Aunque muchas de aquellas tradiciones se han perdido, aún pervive un vestigio: cada 23 de noviembre, la reliquia de San Clemente se expone en la iglesia de La Concepción, actualmente bajo la responsabilidad de su párroco, Mauricio González.

Una reliquia casi olvidada

Hoy, la mayoría de la población desconoce la historia de esta reliquia que durante siglos simbolizó la esperanza de Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, investigaciones como la de Pedro Ontoria permiten comprender la relevancia que tuvo un pequeño fragmento de hueso en la construcción de la identidad histórica de la capital. Un objeto mínimo en tamaño, pero enorme en significado para una ciudad que, en sus momentos más oscuros, encontró consuelo en la fe.

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