Desde su nacimiento, las murgas infantiles han sido uno de los pilares silenciosos y, a la vez, más determinantes del Carnaval de Santa cruz de Tenerife. Su trabajo rara vez ocupa las pantallas y los grandes titulares, pero de sus filas salen voces, letras, figuras y componentes que hoy sostienen buena parte del concurso adulto. Pero cada vez es más difícil que las murgas infantiles sobrevivan. Hace pocos días conocimos una baja de última hora, la de Lenguas Largas, que deja el concurso con 16 participantes. Hasta hace pocos años, lo normal es se celebraran tres fases con 7 u 8 grupos por cada una; desde el año pasado, el formato se ha reducido a solo dos días.
En esta edición también serán dos fases, la primera el viernes 23 de enero y la segunda el 24. Que falten murgas infantiles en un concurso no es solo una cuestión numérica. Es una señal. Cuando desaparece la base, todo el edificio tiembla. Es difícil mirar una cantera que desaparece sin plantearse qué efecto tendrá en los grupos adultos en cinco o diez años. Sin esa ilusión, el primer contacto con el disfraz y la experiencia de subirse a tarima siendo niños y niñas ¿Habrá personas suficientes que se incorporen a los colectivos una vez adultos como para mantener la estructura?
Los grupos infantiles son escuelas de valores, que van desde la paciencia en los ensayos, el aprendizaje de estructuras sociales, habilidades para mostrarse en público, el cuidado de la voz, la memorización, el conocimiento de su contexto social (aunque sea en clave infantil) y, por si todo esto no fuera importante, son auténticas minas de arte. En una murguita, una niña o un niño pueden encontrar la chispa para desarrollar habilidades que de otra manera les resultaría más difícil experimentar. Imagínate un pequeño bocetista de disfraces o una pequeña escritora. No es lo mismo que esos talentos sean evidentes en el entorno familiar, que no siempre apoya y potencia, que verlos surgir en un contexto colaborativo; donde lo más probable es que se les de rienda suelta a explorar y explotar esa faceta creativa que en el futuro puede convertirse en una profesión. En los 90 bastaba con que el local de ensayo estuviera cerca, que un vecino hablase sobre la murga o que se juntara con sus compañeros de colegio o del deporte a cantar pasacalles para encender la chispa. Pero esa sociedad carnavalera es hoy mucho más residual. La consecuencia es irremediable: resulta mucho más difícil atraer componentes. A esto se le suma otro factor: el nivel de exigencia ha aumentado y está ligado a conseguir premio. Más exigencia, menos ilusión. Más ambiente de adultas, menos juego y oportunidades de fallar sin penalización. Parecía imposible, pero ha ocurrido: el carnaval se ha vuelto demasiado serio.
La murga infantil, además, se ha enfrentado en los últimos años a un choque generacional de letristas. Los letristas de siempre, que hablaban del modo de vida de la generación anterior y la nueva hornada, que surge a una velocidad lenta para adaptar los formatos modernos al concepto murga sin perder el mensaje de los valores. Pero por el camino han quedado muchos pequeños murgueros que no se veían representados ni entendidos en las letras que cantaban. Al final, es una cuestión de identidad: si en la murga critican su propio estilo de vida, ¿cómo van a entusiasmarse? Otro gran cambio tiene que ver con las familias: la murga infantil requiere una red constante de padres y madres que acompañen, trasladen, cosan, peguen, organicen, financien y apoyen emocionalmente. Un compromiso que hoy es más difícil de sostener, por las jornadas laborales, la conciliación, el ritmo de vida o el simple desconocimiento del carnaval desde dentro. Ni la infancia de hoy es la de hace veinte años, ni tampoco la vida adulta.
Lenguas Largas, la última baja del concurso de los más pequeños
El pasado 7 de enero saltó la noticia. La veterana murga de Barrio de la Salud no celebrará sus 24 carnavales sobre el escenario este 2026. La decisión llega por la falta de componentes, a pesar de que la murga ha demostrado un notable salto de calidad en los últimos concursos.






