El 2 de octubre de 1959 marcó un hito en la historia científica de Canarias: un eclipse de Sol total que atravesó parte de Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria, sumiendo por unos minutos el día en penumbra y atrayendo a numerosos astrónomos de todo el mundo para estudiar la corona solar, una capa del Sol visible solo durante estos fenómenos extraordinarios.
La expectación científica fue tal que contribuyó decisivamente al impulso para crear un observatorio astronómico permanente en Tenerife, iniciativa que a la postre culminó con la fundación del Observatorio del Teide, hoy gestionado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
El eclipse de Sol que puso a Canarias en el mapa astronómico
El eclipse de 1959 sigue siendo el último eclipse total de Sol visible desde España, y ocurrió en un momento en que la comunidad científica internacional buscaba comprender mejor la estructura solar que solo se aprecia cuando la Luna cubre completamente el disco del Sol.
Esta característica singular convirtió al Archipiélago en un punto de observación privilegiado, gracias también a la claridad de sus cielos, condición que décadas después ha llevado a que lugares como La Palma y Tenerife sean reconocidos mundialmente por su calidad astronómica.
España en la antesala de una “era de eclipses”
Hoy España se prepara para vivir un periodo excepcional en términos astronómicos. Entre 2026 y 2028 se producirán tres eclipses solares de relevancia que podrán contemplarse desde distintas partes del país, una sucesión nunca antes vista en la historia moderna española.
El primero de ellos tendrá lugar el 12 de agosto de 2026, con un eclipse total de Sol cuya franja de totalidad cruzará el norte peninsular desde la costa atlántica hasta Baleares. Aunque en Canarias no alcanzará la fase de totalidad, el Sol quedará cubierto en una proporción significativa, con estimaciones de ocultación cercanas al 70% justo antes de la puesta de sol, ofreciendo un espectáculo parcial de notable intensidad.
Le seguirán otros dos eventos relevantes: un eclipse total el 2 de agosto de 2027, que se espera sea uno de los más espectaculares de este periodo por su duración y trayectoria, y un eclipse anular el 26 de enero de 2028, cuando la Luna se sitúe algo más lejos de la Tierra y deje ver el denominado “anillo de fuego” alrededor de su silueta.
Preparación y seguridad para el gran público
Frente a este inédito ciclo de fenómenos, instituciones como el Instituto de Astrofísica de Canarias y asociaciones astronómicas insisten en que la observación de eclipses solares se haga siempre con gafas especiales homologadas o mediante métodos seguros de proyección, dado que mirar directamente al Sol sin la protección adecuada puede causar daños irreversibles en la retina.
La comunidad científica y educativa ya trabaja para convertir estos eventos en oportunidades didácticas de primer orden, desde talleres en centros educativos hasta jornadas de divulgación que permitan a la población acercarse de forma segura al cosmos.
Eclipses, ciencia y turismo
El ciclo 2026–2028 no solo es relevante para la ciencia: también se perfila como un imán para el turismo astronómico, con miles de personas previstas para desplazarse a lo largo de España para contemplar estos episodios celestes. El impacto en la movilidad, la logística y la programación cultural sitúa a los eclipses como uno de los acontecimientos más esperados del próximo lustro.







