Sentarse unos minutos a solas en la grada del Recinto Ferial y observar el escenario diseñado por Sergio Macías es una experiencia imponente. Entre el chisporroteo de las soldaduras, el zumbido de las radiales y el ir y venir de los rodillos, va emergiendo la plaza colonial de un barrio tropical que no solo se contempla: se respira, se siente y está vivo. El espacio se construye por capas, como una ciudad real. Grafitis que dialogan entre sí, casitas de colores, vidrieras, instrumentos musicales amontonados a modo de columnas… Todo convive con una naturalidad sorprendente en un escenario que invita a perderse en los detalles. En el centro, las grandes puertas proclaman “Santa Cruz de Tenerife”, pero basta ser buen buena observadora para viajar a La Habana, Medellín, Nueva Orleans o las favelas de Río de Janeiro. El resultado es un despliegue visual, lleno de referencias y matices, que se erige como una de las escenografías más ambiciosas jamás ejecutadas bajo el techo del Recinto Ferial.
El escenario del Carnaval se concibe este año como un gran viaje por la cultura latina, un espacio pensado no solo para ser visto, sino para ser descubierto poco a poco. Así lo explica su diseñador, que aún se permite pequeños caprichos finales: “Me faltan unas placas que voy a colocar como detalles, con el nombre de las calles, y algunas cosas divertidas. Lo que quiero es que la gente vaya descubriendo guiños”. Santa Cruz también está presente, aunque de forma sutil: “las casas que vemos al fondo son una referencia al pueblo de San Andrés”, explica Macías.

Antes de llegar al resultado final, muchas ideas quedaron por el camino. “Varios, muchos proyectos se quedaron en la papelera”, reconoce. La decisión fue firme: “No queríamos caer en elementos con gigantismo. Bajamos el tono fantasioso para irnos a un mundo más cinematográfico”. Solo algunos elementos rompen deliberadamente la escala real, como las columnas de percusión o las trompetas que tiran de la gran puerta principal.
El realismo es, precisamente, uno de los grandes valores del escenario. “Aquí hay carteles reales de eventos de carnaval, frutas que parecen de verdad, plantas, tiradores de puertas… Todo está pensado para que funcione en un primer plano de cámara”. Entre los elementos más singulares destaca la gran puerta central, uno de los sellos creativos de Macías, donde siempre procura innovar en cada escenario que diseña. “En este caso es 100% manual, no hay tecnología. Dos figurantes la abrirán y cerrarán constantemente”. Con casi seis metros de altura y un aire señorial -solo roto por los tiradores en forma de trompetas-, está construida en hierro y corcho.
Aunque Sergio Macías es interiorista, el escenario que ha concebido invita justo a lo contrario: a salir a la calle, a perderse en ella. Y lo ha hecho implicándose hasta el último detalle, literalmente con sus propias manos. Se le ha visto cargar y mover piezas de gran tamaño, ajustar estructuras y seleccionar carteles míticos de carnavales y fiestas de toda Latinoamérica. Un trabajo artesanal y meticuloso, propio de un creador que se desvive por el detalle, pero también de alguien que ama profundamente el Carnaval. Lo confiesa entre risas: en su infancia formó parte de la murga infantil Los Papafritas, de Las Palmas de Gran Canaria. Una raíz carnavalera que se percibe en cada rincón de su obra. ¿Repetiría la experiencia? La pregunta llega al final y la respuesta no es inmediata. Tras semanas de jornadas interminables y esfuerzo acumulado, la reflexión es honesta: “Cuando terminas, se te olvida todo lo duro que ha sido. Sí, repetiría, seguramente repetiría”. Y que lo veamos. Felicidades.







