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Efectivos del Greim, de la Guardia Civil, en el Teide: “Las pocas veces que se detiene un rescate es tras haber dado todo o más”

El trabajo del Greim, el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil, es clave para salvar vidas en espacios como el Parque Nacional del Teide, cada vez más masificados y donde las dificultades del terreno son a menudo subestimadas por los senderistas
Efectivos del Greim, de la Guardia Civil, en el Teide: "Las pocas veces que se detiene un rescate es tras haber dado todo o más"

Un paraíso que, sin la preparación adecuada, puede convertirse en un infierno. Solo durante el primer semestre de 2025 fueron rescatados 73 senderistas en los montes de nuestras Islas, según datos de la Federación Canaria de Montaña (Fecamon). Detrás de estas intervenciones, en particular las realizadas en zonas de difícil acceso del Archipiélago como acantilados o cuevas, se encuentra el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil de Tenerife (Greim).


Especializados en técnicas de montaña como la escalada o el esquí, este equipo de rescate está entrenado para intervenir en lugares como el valle de Teno o el Parque Nacional del Teide. Puntos, sobre todo de Tenerife, donde los rescates se han multiplicado los últimos años debido a la creciente masificación y a la dificultad del terreno, muchas veces subestimada.


“Probablemente, el perfil que más recurrente es el del turista un poco aventurero, que viene a la isla con pocos días y sin planificar bien la actividad: no revisa la meteorología, no descarga el track en el móvil y, al final, se pierde y nos llama tarde por la noche”, cuenta el sargento del Greim de Tenerife, Julián Flores. Una situación que se repite con especial frecuencia en el Teide, donde uno de los rescates más comunes es el de personas perdidas con hipotermia.


“El turista que sube viene de Los Cristianos con 25 °C y cree que aquí encontrará la misma temperatura. A más de 2.000 metros, ya le falta el aire al subir; es una cadena de factores que no se pueden subestimar”. Este fue el caso de una pareja belga de casi 80 años que subió en teleférico y, sin conocimiento ni preparación, quiso bajar por el sendero. Les sorprendió la noche y llegaron a presentar hipotermia severa, casi inconscientes.


Obligados a intervenir de noche, “el helicóptero nos realizó un apoyo parcial en Pico Viejo, a más de 3.000 metros, sacándolos alrededor de las 4 de la mañana”, relata el sargento, quien recuerda este rescate como uno de los que más le han marcado. “Yo incluso tuve que darle mi ropa a la señora, que entró en el hospital con ella. Todavía mantenemos contacto con ellos; cada Navidad y enero nos envían felicitaciones porque les salvamos la vida”.


Como apuntan desde el Greim de la Guardia Civil, el periodo post-COVID y las redes sociales han contribuido al boom de la montaña, atrayendo cada vez a más personas poco preparadas a espacios donde los accidentes pueden ser fatales. Frente a esto, las campañas de prevención buscan fomentar hábitos como planificar según la meteorología, y desplazarse siempre en grupos de al menos tres personas.


También se han implementado medidas como la regulación del ascenso hasta la Rambleta desde Montaña Blanca. “Desde hace ocho meses hay control de acceso, se exige un material mínimo y solicitar autorización, lo que ha permitido disminuir el número de incidencias en el Teide”. Aunque recuerdan que lo más importante sigue siendo “tener sentido común”.

Una unidad de élite de la Guardia Civil


“Cada rescate es diferente”, reconoce el agente de Greim Diego Gómez. Ante esta realidad, el equipo debe estar preparado para todo tipo de situaciones y terrenos en montaña. “Las pruebas físicas son muy exigentes. Puedes ser el mejor escalador o el mejor barranquista, con unas condiciones físicas excelentes, caminando y llevando peso, pero si, por ejemplo, meterte en una cueva no es lo tuyo, ya no das el perfil”.


Una preparación que no termina al conseguir la plaza. “Es un entrenamiento continuo”. Las situaciones a las que se enfrentan los llevan en ocasiones al límite. Así, ambos recuerdan el rescate en el barranco de Carrizales de un turista búlgaro que pesaba unos 120 kilos. “Duró doce horas, tenía una fractura de tibia y peroné. Tuvimos que descender todo el barranco con la camilla e instalando cuerdas”.


En algunas ocasiones, las condiciones meteorológicas o del terreno suponen un riesgo real para los propios rescatadores. “Ha habido casos en los que hemos tenido que esperar hasta la mañana porque continuar podía poner en peligro tanto a la persona rescatada como a nosotros”, señala Gómez. Eso sí, lo deja claro: “Esa decisión llega después de haberlo dado todo, o más”. Incluso muchas veces, tras el rescate, ya en frío con todo más tranquilo, surge la reflexión: “No tendríamos que haber arriesgado tanto”.

“También somos humanos”


Ambos miembros del Greim de la Guardia Civil lo tienen claro: “Es una especialidad que te tiene que gustar, porque si no, no aguantas”. Julián Flores, originario de Potes, un pueblo de Cantabria, cuenta que desde pequeño solía ver al Greim por su tierra. “Yo entré en la Guardia Civil porque quería formar parte de este equipo”. Una vocación imprescindible para afrontar situaciones complicadas, tanto desde el punto de vista físico como psicológico.


“Salvas vidas, pero también hay veces en las que recuperas a personas fallecidas. Hay situaciones que hay que saber gestionar, porque al final es algo que te llevas a casa”, reconoce el sargento. Además, su trabajo los lleva a situaciones límite, en la soledad del rescate, donde el miedo es inevitable. “Siempre que vas, está la incertidumbre de qué te vas a encontrar”. Son circunstancias en las que la sangre fría resulta imprescindible: “Tienes que mantener el control en un entorno en el que, a lo mejor, estás a sesenta metros del suelo”.
Aunque, por suerte, son pocos, los accidentes durante las intervenciones existen. El sargento Flores recuerda con especial conmoción la tragedia de León, ocurrida hace unos diez años, cuando varios compañeros fallecieron al estrellarse su helicóptero durante un rescate. “Yo estaba destinado allí. Me tocó ir a recuperar los restos… es muy duro cuando quienes han perdido la vida llevan la misma ropa que tú”.


Porque desde fuera “se ve lo bonito”, pero la realidad de los rescates puede ser, en ocasiones, mucho más dura y cruda de lo que imaginamos. Y aunque el sacrificio merece la pena cuando se percibe la pasión con la que tanto el sargento Flores como Diego Gómez hablan de su trabajo, no hay que olvidar que detrás de todos esos actos heroicos “también hay humanos”.

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