“La pintura de Cristino de Vera es una tentativa de reconstruir las formas reales partiendo de su imagen espiritual. Este artista canario, como Machado, solo recuerda la emoción de las cosas y se olvida todo lo demás”. Así describió en su día el poeta José Hierro sus impresiones sobre la obra de Cristino de Vera (Santa Cruz de Tenerife, 1931), figura esencial en el devenir del arte en España a partir de la segunda mitad del siglo XX, fallecido ayer, a los 94 años.
Cristino de Vera fue un eremita de la pintura, con un imaginario vinculado “a los sentimientos más profundos del ser humano: el dolor, la angustia, el sufrimiento, el tiempo, la soledad y la muerte”, como puede leerse en el sitio web de la fundación que lleva su nombre.
Su trayectoria le hizo merecedor de la Medalla de Oro de Canarias (1996), el Premio Nacional de Artes Plásticas (1998), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2002) y el Premio Canarias de Bellas Artes (2005). En 2005 ingresó como académico de honor en la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel y apenas hace un año que recibió del Cabildo de Tenerife la Gran Distinción de Nivaria, siendo la primera persona en obtenerla.
En 2019, la Fundación DIARIO DE AVISOS le entregó el Premio Taburiente. “Uno no se acostumbra nunca a recibir tanto reconocimiento, nunca pensé que pudiera tener cosas así. Es un honor que se acuerden de uno. Jamás imaginé que a estas alturas de la vida pudiera recibir el aprecio de tanta gente, porque nunca hice las cosas pensando en ser alguien conocido y, sin embargo, he encontrado mucha gratitud”, señaló entonces el pintor al periodista Juan S. Sánchez, en una entrevista para este periódico.
“He trabajado con lo que más quería, las artes -afirmaba en otro momento-. He hecho una labor muy necesitada en la tierra, que es la belleza, algo muy apreciado en el mundo, junto a la bondad. Siempre quise transmitirla… Quién duda de que Johann Sebastian Bach o Händel han alegrado los espíritus de millones de individuos durante siglos, o Shostakóvich, Béla Bartók… La música, la pintura… Toda una historia de artistas que han embellecido la vida de la gente de su alrededor”.

Cristino de Vera estudió pintura con Mariano de Cossío, en la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de Tenerife. En 1951, con 19 años, marchó a Madrid para formarse en el taller de Daniel Vázquez Díaz. Allí asistió también a clases en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y eran habituales sus visitas al Museo del Prado y el Círculo de Bellas Artes.
Su primera exposición colectiva tuvo lugar en 1952, en Xagra, y dos años más tarde presentó su primera individual en Estilo, ambas, galerías madrileñas. Una beca de la Fundación Juan March le permitió viajar a Francia, Italia, Bélgica y Países Bajos, una etapa en la que la crítica especializada comenzó a fijar su mirada en la obra del artista.
A partir de ahí, son casi incontables las exposiciones dedicadas al creador de una pintura profundamente espiritual. Las más recientes, Cristino de Vera, el eremita de la pintura (2024), en el Instituto Cervantes de Roma, y, hasta enero del año pasado, Cristino de Vera. El pintor del silencio, auspiciada en Francia por las fundaciones CajaCanarias, Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias y el Instituto Cervantes, en la sede parisina de esta institución. El comisario de las dos fue el escritor y crítico Juan Manuel Bonet.
“Pintor de la luz y del silencio, [Cristino de Vera] practica el arte de la repetición, del asedio, de la variación sobre unos pocos motivos, y su obra cristalina posee un intenso sustrato espiritual”, puso de relieve Bonet durante la presentación de la muestra en la sede cervantina de la Rue Quentin Bauchart, 7.
LA VIDA Y LA MUERTE
Nada más conocerse la noticia del fallecimiento del pintor tinerfeño, durante la jornada se fueron sucediendo los mensajes de pesar y condolencias. “Canarias pierde a uno de los grandes referentes de nuestra pintura contemporánea […] su obra nos enseñó a mirar la vida, el silencio y la muerte. Deja un legado imprescindible para la cultura canaria que trasciende fronteras. Mi más sentido pésame a su familia, a sus amistades y al mundo del arte”, escribió el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, en las redes sociales.
“Esta corporación tuvo el honor de concederle la Gran Distinción de Nivaria, en reconocimiento a una trayectoria ejemplar y a una obra pictórica que situó a Tenerife en el panorama artístico internacional”, señaló la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila. “Deja un legado artístico y humano de incalculable valor”, aseveró.
“Pintor de extraordinaria trascendencia artística, espiritual y humana”, manifestó en X Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, y anterior jefe del Ejecutivo autonómico, “su obra queda para siempre como tesoro de la humanidad”.
“Despedimos con pesar a Cristino de Vera. Nos deja un artista extraordinario, con una obra sorprendente y personalísima que llevó el nombre de Canarias a todo el mundo”, recalcó en las redes sociales Luis Yeray Gutiérrez, el alcalde de La Laguna, ciudad sede de la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias, que abrió sus puertas en 2009.
“La obra y personalidad de Cristino, plagadas de enérgica quietud y encuentro con el silencio sabio ambas, han sido y continuarán siendo fuentes que enseñan y reconfortan”, expuso Óliver González, director general de la Fundación CajaCanarias y secretario del Patronato de la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias.
“Durante más de tres lustros, desde la inauguración de la fundación que lleva su nombre, hemos protegido, transmitido e impulsado su universo vital y artístico, con hitos recientes tan significativos como la organización de dos inolvidables montajes expositivos, durante 2024, en las salas del Instituto Cervantes de Roma y París, pero a partir de hoy esa labor revitalizará, más aún si cabe, su savia para hacer viajar la constelación pictórica, eterna, de nuestro alquimista del brillante silencio”, argumentó.







