A los que crecimos en los 80 y 90, cuando íbamos a comer a un restaurante -algo que solía ocurrir los domingos-, esperábamos por el momento del postre. Eran tiempos de cambio y aquello llegó también a las mesas de Canarias.
Aquel boom de los postres llegó con helados con más efecto visual que calidad, como los helados de frutas que usaban las cáscaras como envase, pero coincidieron en el tiempo con clásicos como la mousse de chocolate. Aquellos sabores siguen vivos en nuestra memoria y nuestros recuerdos.
Los postres de nuestra infancia

Coco helado (o piña o limón)
Cuando éramos pequeños, los ojos se nos iban a aquellos cocos, piñas o limones helados que, de manera industrial, llegaron a los restaurantes de toda Canarias.
Su origen no parece del todo claro, pero muchos creen que se trata de una adaptación de un postre muy extendido en zonas del Caribe, en los que se aprovechaban estas frutas para elaborar helados.
Lo que realmente nos llamaba la atención era el envase (las cáscaras de aquellos productos). ¿Cuántas casas no contaban con cáscaras de cocos después de ser lavadas sin un fin aparente?

Timba
La timba era una preparación muy común, especialmente en los guachinches del norte de Tenerife. Se elaboraba colocando entre dos galletas tostadas —normalmente rectangulares— una porción de dulce de guayaba junto a un trozo de queso tierno, formando una especie de sándwich. Esta combinación también es habitual en Cuba.
Según explican desde el guachinche Don Trino, los cubanos adoptaron esta costumbre durante la etapa colonial española. Más tarde, con la llegada de trabajadores ingleses en 1874 para la construcción del primer ferrocarril del continente americano, surgió una curiosa asociación: los británicos se sorprendían al ver que los obreros comían pan con guayaba durante el almuerzo. Las pastas caseras de guayaba, elaboradas con azúcar moreno, tenían un tono muy oscuro que les recordaba a las traviesas de madera impregnadas en petróleo utilizadas en las vías del tren. En inglés, esas piezas se denominaban timber ties, y de ahí nació la comparación con el pan relleno de guayaba. Con el tiempo, esa referencia dio origen al nombre de “timba”.
Mousse de chocolate
La mousse de chocolate era el postre de los postres. La mousse de chocolate es uno de los postres más populares de la repostería internacional, apreciado por su textura ligera y su sabor intenso. Elaborada a partir de chocolate, huevos, azúcar y, en muchas recetas, nata montada, combina cremosidad y aireación en una mezcla suave que se deshace en el paladar. Su sencillez aparente esconde una técnica precisa, donde el equilibrio entre los ingredientes y el batido adecuado son clave para lograr esa consistencia esponjosa que la caracteriza.
La mousse de chocolate buena venía servida en una copa muy fría, era de color muy intenso y no era ligera, más bien todo lo contrario.

Frangollo
El frangollo es uno de los postres más representativos de la gastronomía tradicional de Canarias, pero se va perdiendo en los restaurantes. De origen humilde y vinculado a la cocina de aprovechamiento, se elabora a partir de harina de millo (maíz), leche, azúcar, limón, canela y, según la receta, frutos secos o pasas. Su textura espesa y su sabor suave lo convirtieron durante generaciones en un dulce habitual en los hogares, especialmente en zonas rurales, donde los ingredientes estaban al alcance de cualquiera.
Este plato tiene profundas raíces históricas. La base de millo remite a la adaptación de los productos americanos a la dieta del Archipiélago tras la conquista, mientras que el uso de especias y cítricos refleja la herencia de la repostería popular. Tradicionalmente, el frangollo se cocinaba a fuego lento, removiendo de forma constante para lograr una crema densa, sin grumos, que se servía tanto caliente como fría, según la costumbre familiar.

Bienmesabe
El bienmesabe es uno de los postres más reconocibles de la gastronomía tradicional canaria, especialmente vinculado a islas como La Palma, Tenerife o Gran Canaria. Se elabora principalmente con almendra molida, azúcar, yema de huevo y ralladura de limón, dando lugar a una crema densa, aromática y de sabor intenso. Suele servirse solo o acompañado de helado, queso fresco o bizcocho, y forma parte habitual de celebraciones y sobremesas familiares.
Su origen se relaciona con la influencia de la repostería de raíz árabe y con la importancia histórica del cultivo del almendro en el Archipiélago. Durante siglos, el bienmesabe fue un dulce ligado a la economía doméstica y a la producción local, preparado de forma artesanal en muchas casas. La combinación de almendra, cítricos y azúcar refleja una tradición repostera basada en ingredientes sencillos, pero tratados con cuidado y paciencia.

Huevos moles
Los huevos moles son uno de los postres más emblemáticos de la repostería tradicional canaria, especialmente arraigados en Tenerife. Elaborados a partir de yemas de huevo, azúcar, agua y un toque de limón o canela, se caracterizan por su textura cremosa y su sabor intensamente dulce. A menudo se sirven en pequeñas copas, decorados con merengue o con una fina capa de azúcar, convirtiéndose en un dulce habitual en celebraciones y reuniones familiares.
Este postre tiene un origen ligado a la tradición conventual y a la cocina doméstica de aprovechamiento, en la que las claras se destinaban a otros usos —como clarificar vinos o elaborar merengues— y las yemas se transformaban en dulces. Con el tiempo, la receta fue perfeccionándose hasta lograr la consistencia sedosa que define a los huevos moles, mediante una cocción lenta y cuidadosa del almíbar con las yemas, evitando que lleguen a cuajar.
Con los mismos ingredientes existe una receta muy famosa en varios países americanos -que puede ser propia o importada por los españoles- que son los huevos chimbos o quimbos. Con la primera de las denominaciones al parecer se los conoce en Guatemala, Colombia, Chile, Paraguay y Bolivia, y con la segunda, en Argentina y en Venezuela.







