El municipio de Los Silos, en el norte de Tenerife, conserva dos lugares que fueron clave en el desarrollo tecnológico y económico de Canarias: la Casa del Telégrafo, que convirtió a las Islas en pioneras de las telecomunicaciones en el Atlántico, y la chimenea del azúcar, vestigio de la industria que transformó la economía insular en el siglo XIX.
La Casa del Telégrafo de Los Silos fue el primer centro de telecomunicaciones de Canarias. A finales del siglo XIX, este punto de la costa fue elegido para amarrar el cable submarino que unió Tenerife y La Palma, estableciendo la primera comunicación telegráfica entre ambas Islas. El cable fue instalado por la compañía londinense The India Rubber Gutta Percha and Telegraph Works Company Limited, con base en Silverstown, a orillas del río Támesis, y su colocación contó con la participación de dos barcos cableros a vapor: el Internacional y el Dacia.

La playa de Agua Dulce, en Los Silos, fue el lugar donde se fijó el telégrafo. Mientras el cable se tendía en el mar, en tierra se levantó una caseta provisional de hierro galvanizado que posteriormente fue sustituida por la actual, una sencilla construcción de ladrillo, cal y teja marsellesa que aún se mantiene en pie sobre el acantilado. Tras numerosos esfuerzos, el 22 de noviembre de 1883 ambas Islas quedaron unidas por un cable de 69 millas de longitud y 77 milímetros de grosor, y al día siguiente se recibió el primer telegrama enviado desde Santa Cruz de La Palma, en la playa de Bajamar. Aquel fue un hecho histórico: era el primer cable telegráfico tendido en el océano Atlántico.
El avance no se detuvo ahí. El cable continuó hacia Cádiz y el 6 de diciembre de 1883 se envió un telegrama conmemorativo. En los años siguientes se conectó el resto del Archipiélago, quedando la red telegráfica canaria completamente operativa el 12 de febrero de 1885, lo que permitió comunicaciones inmediatas con Europa y favoreció la llegada de compañías extranjeras a las Islas. La caseta del telégrafo fue restaurada en 2001, preservando su valor histórico.

A pocos metros de ese hito tecnológico se alza otro símbolo del pasado industrial de Tenerife: la chimenea de la antigua máquina del azúcar de Los Silos, recuerdo de la época en la que la caña de azúcar convirtió a la Isla en un centro de producción para Europa. La instalación data de 1889-1890 y fue construida dentro de la Hacienda de Daute por la firma británica The Ycod & Daute Estate Company Limited, con sede en Manchester, que también levantó una fábrica similar en Gran Canaria.
La maquinaria se erigió sobre unas antiguas salinas y contaba con dos grandes naves, una chimenea troncopiramidal de piedra molinera y tosca amarilla, una casa de medianeros y un estanque auxiliar. Junto a ella se construyó el muelle de Daute, del que aún quedan restos, utilizado para las operaciones de carga y exportación del azúcar. Tras la crisis posterior a la Primera Guerra Mundial, el plátano sustituyó definitivamente a la caña, lo que llevó al cierre de la azucarera y al traslado de la maquinaria a Portugal. El edificio y su muelle fueron reconvertidos para el empaquetado y exportación de fruta, una función que todavía se mantiene en la actualidad.
Dos enclaves, dos historias distintas, pero un mismo legado: Los Silos como punto clave en la modernización y el desarrollo económico de Canarias.







