El Instituto Geográfico Nacional (IGN) mantiene bajo estrecha vigilancia el último enjambre sísmico detectado en las Cañadas del Teide. Esta actividad, que comenzó a registrarse a partir de las 23:00 horas del pasado miércoles, continúa activa y ya suma más de 2.500 terremotos de baja intensidad.
Pese al elevado volumen de eventos, los expertos lanzan un mensaje de tranquilidad a la población.
Características del enjambre en Tenerife
Los sismos localizados presentan magnitudes muy bajas. Según detallan fuentes del IGN, con el paso de las horas los microsismos han ido perdiendo energía e intensidad. De hecho, estos eventos son de una magnitud tan reducida que solo pueden ser detectados por los sensores de alta sensibilidad de la Red Sísmica Nacional.
En ningún caso han sido sentidos por los habitantes o visitantes de la Isla.
La ubicación de esta serie sísmica se concentra en la zona oeste de Las Cañadas del Teide, a una profundidad de entre 7 y 8 kilómetros. Esta área es bien conocida por los científicos, ya que ha sido escenario de episodios similares en años anteriores, lo que permite comparar el comportamiento actual con patrones precedentes ya estudiados.
Más de 2.500 eventos híbridos
Hasta el momento se han contabilizado más de 2.500 eventos híbridos. No obstante, el IGN anticipa que la cifra final podría ser sensiblemente superior. La debilidad de muchas de las señales dificulta su identificación inmediata en los registros, por lo que se requerirá un análisis pormenorizado para determinar el número exacto de movimientos producidos en el subsuelo del Teide.
Sin riesgo de erupción a corto plazo
Una de las mayores preocupaciones ante este tipo de fenómenos es su posible relación con una reactivación volcánica. En este sentido, el IGN es tajante: este tipo de enjambres sísmicos híbridos no aumenta el peligro de erupción a corto plazo en Tenerife. Se trata de procesos internos habituales en sistemas volcánicos activos como el de Canarias.
Para garantizar la seguridad, se mantiene desplegada una red de más de 100 estaciones de monitorización en toda la isla. Estos equipos miden en tiempo real parámetros críticos como la sismicidad, la deformación del terreno y la geoquímica. Este seguimiento exhaustivo permite detectar cualquier anomalía que pudiera indicar un cambio en el riesgo volcánico a medio o largo plazo.







