puerto de la cruz

Discoteca Vampis, en Tenerife: la leyenda que se niega a morir

La discoteca Vampis, epicentro de la vanguardia LGTBIQ+ en el municipio y en Canarias, revive en un libro sus 30 años de historia
José Manuel Placeres en la escalera que permitía acceder al Vampis Club con el libro que saldrá en breve. Sergio Méndez
José Manuel Placeres en la escalera que permitía acceder al Vampis Club con el libro que saldrá en breve. Sergio Méndez

La mítica puerta que permitirá descender hacia los bajos del edificio Drago, en el Puerto de la Cruz, lleva doce años cerrada, pero el eco de la música, las risas y los buenos momentos, sigue resonando en la memoria colectiva de Tenerife. Vampis, la discoteca que desafió las sombras de la posdictadura y se convirtió en el epicentro de la vanguardia LGTBIQ+ en el municipio y en Canarias, vuelve a abrir sus puertas. Esta vez no lo hace con llaves, sino a través de las páginas de Vampis, más allá de la noche, un libro que rescata tres décadas de libertad y transgresión, en base a testimonios e historias reales de personas que acudían allí.

“Son más de 20 historias de vida que abarcan tres generaciones de clientes y seguramente habrá una segunda parte”, asegura José Manuel Placeres, fundador de Vampis Club, o ‘el Vampis’, como se la conocía en la ciudad.

Fue él quien detectó que en los años 80, en la cuna del turismo de Canarias había que crear un sitio diferente para el público gay y alejarse de la tendencia de ese momento, en el que solo había locales oscuros, poco iluminados, con cuartos donde la gente iba a satisfacer sus necesidades.

Vampis fue todo lo contrario. Era un local luminoso, abierto, que permitía entrar a todo el mundo, una estética que Placeres había importado desde Ibiza. Allí acudían gays, lesbianas, transexuales, gogo, personas que habían hecho la transición, y cualquiera que quisiera disfrutar de las últimas tendencias musicales y los espectáculos que ofrecía, siempre a la vanguardia, y teniendo como premisa el respeto, ya que su lema siempre fue ‘respeta para ser respetado’.

El local evolucionó según los tiempos y siempre se destacó por estar muy adelantado respecto a otros similares que también había en la ciudad y aquellos con los que convivía en la misma avenida. Organizaba desfiles de moda y eventos de ayuda a instituciones, la mayoría de los artistas venían de otros países europeos, había espectáculos todos los jueves, viernes y sábados que se cambiaban cada 15 días, fiestas temáticas, y fue el primero en ofrecer una tarjeta de fidelización a su clientela y otros complementos como chupetes, abanicos y papas fritas, además de una decoración diferente todas las semanas.

Cuando salió El Quinto elemento, que se estrenó un martes, dos días después, el jueves, el tema de la película estaba reflejado en el escenario central.

Situado en la avenida del Generalísimo -actualmente Familia de Bethencourt y Molina-, se inauguró el 20 de noviembre de 1984, una fecha que no fue elegida al azar. “Yo viví la época de franco durante mi juventud”, declara Placeres.

Vampis forma parte de la historia del Puerto de la Cruz, de Tenerife y también de Canarias, porque todos los turistas que llegaban a la ciudad pasaban por allí. Cuando los demás locales cerraban sus puertas, Vampis se convertía en el más divertido y desinhibido en el que “tú podías ser tú, no había postureo”, por eso era un paso obligado para todas las personas que frecuentaban la noche.

Boris Izaguirre, Antonia San Juan, la senadora Carla Antonelli, Los Morancos, Norma Duval, y la princesa Estefanía de Mónaco, fueron solo algunas de las caras famosas que formaron parte de la historia del club.

“Cuando vimos a la princesa nos quedamos un poco sorprendidos, pensando si en realidad era ella o no”, cuenta José Manuel como una de las tantas anécdotas que se le viene a la memoria.

La noche de Vampis se dividía en dos. Comenzaba a las doce y hasta la una y media se ponía música pop española. Acto seguido, tenía lugar el show, que duraba unos 40 minutos, y luego se podía disfrutar de distintos estilos de música electrónica como tecno, house y electrohouse, que todavía no se oían en España y que se iban a buscar a Londres, Amsterdam o Barcelona.

El temor al sida y al VIH también llegó al Vampis. “La promiscuidad que existía en los años 80 cambió de repente y la gente se volvió más mirona. Ese fue el boom de los streapers”, subraya. En el interior del local había unas tarimas y barras de acero a los lados donde bailaban las y los gogós que tenían que enfrentarse a los clientes cuando éstos querían subirse.

En la última etapa fueron muchos los obstáculos que enfrentó, ya afectado por la crisis económica de 2008. El primero de ellos fue el cierre de la avenida justo a la altura de la calle Pérez Cáceres. Unas obras que empezaron el 1 de marzo de 2011 y según las previsiones del Ayuntamiento duraban doce meses, pero se prolongaron tres años y medio, finalizando el 1 de abril de 2014. “Metieron pala, levantaron la calle y desaparecieron todos los locales. Era una de las mejores zonas de ocio de Tenerife”, incide Placeres.

A esta situación se sumaron los test de alcoholemia y de drogas, y la prohibición de fumar en las discotecas obligando a la gente a desplazarse a lugares que tenían terrazas. El primer obstáculo se superó bien porque había cámaras que controlaban el interior del establecimiento. Sin embargo, contra el segundo no se pudo luchar.

Tras 30 años de éxito, esta combinación de factores marcó el cierre definitivo en junio de 2014 con una gran fiesta de despedida que todavía se recuerda.

Efecto Puerto

Sin embargo, el espíritu de Vampis no desapareció con el local. José Manuel continuó organizando los eventos de Vampis Club pero en otros lugares. Tras la pandemia, la necesidad de proteger a las personas más vulnerables del colectivo lo impulsó a crear la asociación Efecto Puerto, que cuenta con unos 50 socios y socias y que a día de hoy realiza una labor inclusiva a través de diferentes proyectos gracias a subvenciones del Cabildo de Tenerife y las ayudas de otras instituciones.

Como ejemplo, cita la iniciativa Sin Género, destinada a personas mayores LGBTIQ+ que se quedaron sin empleo y que ofrecía clases de costura para crear ropa reciclada, Jubiland o Si eres mayor, mejor, con el objetivo de mejorar su calidad de vida, el empoderamiento y la seguridad.

En 2026 Efecto Puerto no tiene ningún proyecto concreto porque está dedicado al libro, que saldrá a la venta en breve y que ya puede reservarse a través de la página. Todos los beneficios irán para los proyectos de la asociación, que hasta el año pasado tenía su sede en La Orotava, donde recibía a las personas que lo necesitaban.

Lo dejaron porque el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz les prometió un local en este municipio y por el que llevan esperando desde junio de 2025.

Efecto Puerto atiende a unas 200 persons de todo el Norte de la Isla provenientes, principalmente, del Valle de La Orotava. También realiza una labor psicológica, ofrece servicio de orientación y acompañamiento para personas que quieran hacer su transición y crea eventos en beneficio de ellas y para que los disfruten. “El carácter inclusivo y diverso es un sello Vampis que no puede faltar”, subraya su mentor.

Vampis no fue solo una discoteca, es un sello de identidad del Puerto de la Cruz, una leyenda que se niega a morir y que demuestra que aunque se cierren las puertas, el respeto y la diversidad siempre encuentran un camino para seguir brillando.

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