Según el refrán popular, las mentiras tienen las patas cortas, pero ahora, en la era de la Inteligencia Artificial (IA), resulta que corren siete veces más rápido que las noticias verdaderas.
Y además, “más del 30% de las noticias falsas que circulan en Internet están relacionadas con la alimentación y la gastronomía”, según denunció en su exposición en Madrid Fusión Luis Martín, director de Digital Business y director de Soluciones de IA en Llorente y Cuenca (LLYC), lo que se debe “a su componente emocional y a su simpleza, ya que eliminan cualquier tipo de matices”.
Todos hemos leído -y a veces nos hemos creído- noticias relacionadas con los perjuicios de ingerir huevos, recordamos cuando el pescado azul -que ahora goza de una buena fama inquebrantable- era poco menos que un veneno, el consumo de carne había que desterrarlo, etc.
Una problemática que se acelera con la llegada de la IA, y que, según el experto, solo puede combatirse “consultando fuentes reales para poder ser más críticos y restar autoridad a los ChatsGpts”. A las empresas y marcas recomendó “aprender a valorar lo que dice la IA de sus negocios para controlar el relato, porque”, ha sentenciado, “en la era de la IA la confianza del consumidor se defiende con anticipación, no sirve la reacción”.
La desinformación sobre alimentación ha provocado que se activen varias plataformas cuyo objetivo es desmentir bulos y mitos en alimentación con base científica y que se haya publicado la I Guía de los bulos en la alimentación para hacer frente a las falsas creencias relacionadas con aspectos como los superalimentos, los que supuestamente son cancerígenos, si una determinada fruta se debe comer por la mañana y no por la noche…
Lo cierto es que la conversación pública sobre alimentación y salud está cada vez más influida por bulos y mensajes emocionales que circulan con rapidez en redes sociales. El impacto es doble: erosiona la credibilidad de la cadena alimentaria y genera confusión en los consumidores, que no siempre distinguen entre recomendaciones sólidas y mitos sin fundamento, según el informe de LLYC.
Influencers
El estudio de Llorente y Cuenca hace también hincapié en un nuevo fenómeno. “En el ecosistema digital, la autoridad se ha descentralizado. Los influencers y celebridades se han convertido en prescriptores con un poder inmenso para viralizar tendencias y moldear hábitos de consumo. Este fenómeno tiene dos caras: democratiza el acceso a la información, pero también multiplica la desinformación. El caso de los llamados superalimentos —quinoa, kale, semillas de chía— lo ilustra bien: aunque nutritivos, suelen promocionarse como soluciones milagrosas sin respaldo científico, desplazando la idea fundamental de que la salud se basa en un patrón dietético equilibrado. Al mismo tiempo que se exaltan unos alimentos, se demonizan otros sin evidencia. Esta polarización, que clasifica los productos como “buenos” o “malos”, constituye un caldo de cultivo para los mitos alimentarios.
Luis Martín destacó también que la IA “es potencialmente peligrosa para crear contenidos negativos”, por lo que recomendó “no fiarse de nada que se publique en las redes sociales e intentar contrastar el contenido con fuentes fiables”. Y ojo, la expresión “según un estudio” se ha convertido en un recurso habitual en titulares y artículos para dotar de autoridad a una afirmación. “Sin embargo, por sí sola, no garantiza que la información sea fiable ni relevante”, asegura LLYC.







