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La Orotava recupera la memoria colectiva a través de la fotografía popular

El colectivo cultural La Escalera edita el segundo volumen del libro 'De álbumes y gavetas' que recopila fotos antiguas de los vecinos y vecinas para dar visibilidad a los verdaderos protagonistas del pasado y la historia
La Orotava recupera la memoria colectiva a través de la fotografía popular
José Manuel Hernández es integrante del Colectivo Cultural La Escalera pero además fue José Manuel Hernández, quien además fue el encargado de hacer el prólogo, presentar recientemente la segunda parte, y participar en la fase final de la elaboración. Sergio Méndez

La historia no solo la escriben los grandes personajes, también se guarda en los cajones de las casas humildes. Bajo esta premisa nació De álbumes y gavetas, un proyecto del Colectivo Cultural La Escalera para dar visibilidad a los verdaderos protagonistas del pasado y la historia del municipio, del que se acaba de publicar el segundo volumen.


El proyecto comenzó en el año 1996 con una iniciativa pionera en Canarias como fueron los concursos de fotografía antigua que permitieron acceder a un patrimonio disperso en cientos de hogares de La Orotava y de otros municipios del Valle que dieron como resultado el primer ejemplar.


Este proceso de participación ciudadana y de indagación de la historia del municipio a través de las imágenes generó un archivo gráfico “monumental, quizás el más importante de la zona, logrando lo que el colectivo define como una democratización del patrimonio”, según expone uno de sus integrantes más veteranos, José Manuel Hernández, quien además fue el encargado de hacer el prólogo, presentar recientemente la segunda parte, y participar en la fase final de la elaboración.


“Gracias a ello hoy tenemos una visión real de cómo evolucionaron el paisaje, las costumbres y las relaciones humanas en el municipio”, subraya.


Pandemia de por medio y otras iniciativas del colectivo fueron retrasando el segundo volumen y, tras superar los desafíos de financiación con el apoyo del Ayuntamiento, recursos propios del colectivo, y una campaña de crowdfunding, es ya una realidad que puede adquirirse en las librerías del municipio o bien, a través del colectivo.


El proceso anterior no fue tan largo pero en este último se apostó por más fotos recopiladas de seis concursos -un total de 6.000- que se fueron acumulando y la gente, además, estaba más animada tras la experiencia del anterior. “Participó con muchas ganas, había mucho interés y movilización”, sostiene Hernández.

Filtros de selección


A diferencia de los libros de fotografía convencional, la estética no fue el único filtro de selección. Aunque se buscó calidad, muchas imágenes con poca nitidez se incluyeron por su inmenso valor testimonial. “Son fotos espontáneas, lejos de la pose de estudio, que capturan la esencia de un momento y al mismo tiempo nos brindan información de una época”, precisa. Cada una está acompañada de un pie de foto, ubicación, y el reconocimiento de quien la aportó, respetando siempre la propiedad intelectual y el origen emocional de la pieza. Un enorme patrimonio gráfico que hasta entonces permanecía en cada casa de familia pero que al ser compilado, adquirió un enorme valor.


En total son 153 fotos que comprenden desde 1902 hasta 1978 y recogen escenas cotidianas y a la vez muy parecidas de familias y grupos de amigos en ventas, bodegas, espacios públicos, escuelas, en el mundo rural, las fiestas patronales, y las celebraciones populares, y se unen a testimonios aportados por vecinos y vecinas del municipio y diez textos escritos por personas de La Orotava, conocedoras de cada una de las temáticas en las que se divide el libro. “Tratamos de reivindicar y de escribir la historia de gente que nunca fue protagonista pero a la que le debemos todo en el mundo de la artesanía, del campo, y las asociaciones. Esta gente nunca ha tenido espacio y por eso queremos dárselo y que además, se visualice”, recalca.


Hernández destaca por sobre todas las cosas el sentimiento compartido cada vez que alguien iba a entregar una foto al local del colectivo, o cuando intercambiaban impresiones de cada una de las que se exhibieron en una muestra colectiva en la plaza del quiosco.


Fotos de una Orotava que para muchas personas ha quedado lejos porque consideran que los cambios que se produjeron, lejos de hacerse de manera gradual y pausada, fueron repentinos y por eso es necesario asumirlos poco a poco y al mismo tiempo, reforzar los cimientos que permiten mantener la identidad.


“En lugares donde hay bastante arraigo y las estructuras comunitarias se empiezan a romper, hay que poder asimilar los cambios, que éstos no nos produzcan desasosiego, desarraigo, sentimiento de no pertenencia a las personas que estamos aquí y que hemos construido nuestro espacio porque eso además tiene incidencia en la pérdida de identidad, códigos y valores culturales”, apunta.

Respuesta a la solastalgia


En este sentido, De álbumes y gavetas II nace como una respuesta a la solastalgia, a la que define como “esa tristeza que sentimos al ver cómo el espacio donde crecimos pierde su identidad. En un mundo donde nuestras calles corren el riesgo de convertirse en meros objetos de negocio o escenarios para el turismo, este proyecto busca crear arraigo”, subraya José Manuel Hernández.


Frente al individualismo y la vida a través de las pantallas, también reivindica el asociacionismo. Es un llamado a la resistencia comunitaria: comprar en el barrio, acudir a la verbena, apoyar los libros locales, “y entender que las casas de La Orotava tienen valor porque alguien cargó las piedras para construirlas y detrás de eso hay manos, sentimientos, sufrimientos y formas de ser, y por lo tanto, debemos ser conscientes que es un patrimonio que hay que proteger”, añade.


El Colectivo Cultural La Escalera recibió en diciembre de 2025 la Medalla de Plata del Ayuntamiento de La Orotava en reconocimiento a sus tres décadas de incansable labor en la difusión, preservación y promoción del patrimonio natural, etnográfico y cultural de la Villa.
De álbumes y gavetas II lo demuestra. Es una invitación a mirar hacia atrás “para entender quiénes somos” y, sobre todo, para asegurar que el relevo generacional no pierda el hilo de su propia historia.

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