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El daño a los árboles en Tacoronte se sancionará con multas entre 3.000 y 60 euros

La nueva ordenanza para proteger el arbolado contempla la creación de un inventario, tanto en espacios públicos como en fincas privadas, con especial atención a las especies singulares
El objetivo de la ordenanza, que ha sido aprobada inicialmente por el Pleno, es proteger y gestionar el arbolado en el municipio. Sergio Méndez

La primera ordenanza municipal para proteger el arbolado en el municipio de Tacoronte fue publicada ayer en el Boletín Oficial de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife (BOP), tras ser aprobada en el último pleno del Ayuntamiento.

La norma contempla multas por dañar árboles que oscilan entre los 3.000 y los 60 euros, dependiendo si la sanción es leve (entre 60 y 180 euros), grave (entre 181 y 1.500) o muy grave (entre 1.501 y 3.000 euros).

Así, cortar hojas o flores, grabar o pintar en la corteza, sacudir ramas, colgar cuerdas, atar motocicletas y bicicletas, apoyar escaleras, carteles o cualquier tipo de mobiliario, o no recoger los excrementos de perros, se considera una infracción leve.

En el caso de la tala o el daño, podar sin previo informe favorable de los servicios municipales, cortar o arrancar ramas y raíces de ejemplares en espacios verdes, destruir o dañar elementos de la red de riego, verter líquidos contaminantes que puedan dañar el árbol, y depositar elementos de construcción, como cemento o escombros en las proximidades o alcorques, son acciones que están tipificadas como graves o muy graves.

Tacoronte fue un municipio pionero en el cuidado de su patrimonio verde. En 1835 el alcalde de entonces, Antonio Rodríguez, dictó un bando que obligaba a cada vecino a plantar cinco árboles, con excepciones para viudas y personas pobres o impedidas. El edicto también detallaba las especies según la altitud. Abajo, moreras y almendros. En las medianías, perales e higueras, mientras que en las cumbres se daban mejor los castaños y nogales.

Pese al tiempo transcurrido, el documento tenía una marcada conciencia ecológica que ahora se recoge en esta ordenanza en la que se añaden los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU, la normativa europea y la estrategia canaria de acción climática. Una acción global que se pretende aplicar al municipio traduciendo esos principios en un especie de manual de instrucciones para sus calles, sus parques y jardines urbanos, zonas verdes pero también para las fincas privadas que alberguen árboles de interés local.

El concejal de Medio Ambiente, Iván Hernández, subraya que uno de los aspectos más importantes de este documento es la creación de un inventario de árboles, tanto en espacios públicos como privados, otorgándoles una protección dependiendo de sus características y valor ambiental (la tienen automáticamente dragos y palmeras), su impacto paisajístico e historia. Esto último es, según el edil, la medida más ambiciosa de toda la norma, crear una especie “de club VIP” para árboles singulares.

Se prevé que en un plazo máximo de dos años tiene que estar publicado el inventario real con normativa y grado de protección de cada ejemplar.

La ordenanza, que estará en exposición pública durante treinta días antes de ser aprobada de manera definitiva, establece criterios técnicos para el mantenimiento (poda, riego y control de plagas) y limita la tala a casos justificados priorizando siempre la conservación. En caso que sea inevitable, se tendrá que reponer siguiendo determinados criterios, como por ejemplo, priorizar especies autóctonas, de bajo consumo de agua, que no den alergias y que fomenten la biodiversidad.

Para que el documento no resulte en una simple declaración de intenciones ni quede “en papel mojado”, el artículo 13 obliga a que cualquier proyecto de urbanización o de obra pública nueva incluya un anexo de jardinería, es decir, fuerza a que los promotores, arquitectos y responsables de obra piensen en los árboles desde el minuto cero, integrándoles en el diseño en lugar de verlos como un estorbo que hay que quitar.

Criterio en espacios verdes

También desde el Ayuntamiento se deberá seguir un criterio a la hora de plantar en los espacios verdes, que consiste en emplear especies que se adapten a las condiciones climáticas y edáficas de Tacoronte y que se estimen adecuadas a las características del entorno urbano donde se ubiquen. En este sentido, se priorizarán aquellas cuya necesidad de agua sea moderada, que no tengan un excesivo coste de mantenimiento, y que potencien la biodiversidad, ya sea mediante la atracción de fauna auxiliar o que sirvan de alimentación a las aves.

Así, Iván Hernández destaca que esta ordenanza sitúa a Tacoronte “en la vanguardia de la protección del patrimonio arbóreo de Canarias dando continuidad a la tradición histórica iniciada en el año 1835”.

El sentido de la ordenanza no es únicamente mantener, sino gestionar con criterios de sostenibilidad y buscando un uso equilibrado, dejando de lado la concepción que los árboles son “mobiliario urbano” para tratar como un sistema vivo que necesita una gestión profesional.

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