alto voltaje

Cuando Rosa Dávila confunde orgullo con propaganda, pasa lo que pasa….

La presidenta del Cabildo ha decidido que Tenerife necesita un “Día de Tenerife”. Como si no bastaran 364 días más para existir, respirar y pagar impuestos
Cuando Rosa Dávila confunde orgullo con propaganda, pasa lo que pasa….
Cuando Rosa Dávila confunde orgullo con propaganda, pasa lo que pasa….

La presidenta del Cabildo, Rosa Dávila (CC), ha decidido que Tenerife necesita un “Día de Tenerife”. Como si no bastaran 364 días más para existir, respirar y pagar impuestos. Y, claro, entre todo el calendario posible, la genialidad de la presidenta y sus iluminados asesores ha sido elegir el 2 de febrero, día histórico y profundamente simbólico de la Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias. Casualidad, dicen. Justo en año preelectoral. Justo ese día.

Todo muy inocente. La misma casualidad que siempre aparece cuando hay cámaras amigas y presupuesto fresquito. El 2 de febrero no es una fecha cualquiera. Es un día de orgullo, de identidad compartida, de devoción popular que no entiende de siglas ni de agendas electorales. Un día que no necesitaba ser colonizado por un patético invento institucional con aroma a despacho y prisa de precampaña. Y cómo se nota que estamos en año preelectoral.

Cómo se nota el nerviosismo, las prisas por gastar “todas las perritas” antes de que la Junta Electoral empiece a mirar con lupa. Cómo se nota que algunos ya van justitos de ideas y tienen que recurrir a ocurrencias de este calibre para simular gestión, identidad y épica donde solo hay vacío.

El colofón: un evento nocturno, en la sala pequeña del Auditorio Adán Martín, previsible, soporífero, sin alma y sin sentido, concebido para rellenar agenda y fabricar titulares de saldo, mientras fuera, la calle, seguía celebrando lo único que no necesita guion ni protocolo: la devoción por la Patrona.

Dentro, en paralelo, se repartían sonrisas, canapés y autosatisfacción en un cóctel para más de 400 personas, casi todos políticos y asesores, entregados al noble ejercicio de hacerse selfis como si no hubiera un mañana… quizá porque saben que, políticamente, para muchos de ellos puede que no lo haya. Tenerife no necesita un día. Tenerife necesita un poco de respeto. Pero eso, por lo visto, no venía marcado en rojo en el calendario.