sociedad

En defensa de unos seres irrepetibles: los gatos

"Hemos observado una total agresividad contra los gatos. Y no lo entendemos. La especie humana ha subsistido gracias a los gatos"
En defensa de unos seres irrepetibles: los gatos

Asistimos al pleno municipal que se celebró, el pasado 23 de enero en el Ayuntamiento de Buenavista del Norte, con el fin de exponer el siguiente texto.


¿Por qué razón no anuncian los plenos municipales por el WhatsApp del Ayuntamiento? Tal medida serviría para levantar la conciencia y el interés por la política local.


Eso es más importante que anunciar determinados asuntos, a veces incomprensibles, como es el caso de los bailes infantiles de magos: ¡a quién se le habrá ocurrido tan gran disparate!
He venido hoy aquí porque desapareció una de nuestras gatas: la Pardita.


Según una vecina de El Palmar, a los gatos que deambulan sueltos, los atrapan y los llevan al refugio animal del Ayuntamiento, ubicado en el edificio “Daute Flor”.


Fuimos allí. No vimos ningún elemento indicador. Preguntamos a un trabajador del Ayuntamiento. La puerta cerrada, sin ningún rótulo orientativo. Fuimos tres veces, siempre trancada. Nos llamó por teléfono una trabajadora municipal: los gatos, según ella, los llevan al Parque Rural de Teno. Allí, que no hay ningún refugio animal, nos hablaron de alguien, un operativo, que se dedica a capturar los gatos que encuentra y los lleva a La Laguna para esterilizarlos.


Hemos observado una total agresividad contra los gatos. Y no lo entendemos. La especie humana ha subsistido gracias a los gatos. Antes no había raticidas. En Egipto los gatos, al morir, eran momificados. En las puertas de las casas de las islas, en la parte baja, había un orificio, la gatera, que servía para que los gatos se introdujeran por ella, corriendo detrás de los ratones, de quienes nos libraban.


En nuestros años de infancia, en La Orotava, los gatos y gatas caminaban sueltos por calles y tejados, conviviendo con especies animales, cada vez menos visibles, como podían ser: grillos, lagartos, perenquenes, abubillas o tabobos, alpispas…


En el Valle de El Palmar, donde vivo desde hace 30 años, las aves rapaces han tendido a desaparecer. Ya no se ven cuervos, ni guirres, ni milanos, ni corujas, tan solo escasísimas aguilillas a las que hay que proteger para que el Parque Rural sea más rural y natural. La culpa de ello se la achacan a los gatos: no imaginamos a un gato enfrentado a un cuervo o a una aguililla. La extinción está relacionada con la gran cantidad de venenos que, por orden y consentimiento del gobierno, se han desparramado por los campos. Venenos consumidos por ratas y ratones que muchas veces eran comidos por las aves rapaces, cada vez menos visibles y en retroceso galopante.


Nuestra gata, la Pardita, a la que consideramos un miembro más de la familia, aún no ha aparecido. No sabemos si se encuentra en el refugio animal del Ayuntamiento, al que siempre encontramos cerrado, en alguna de las dependencias del Parque Rural de Teno, en el centro de esterilización de La Laguna o en el Cielo, paseando y maullando sin tanta violencia ni agresividad.

*Premio Canarias 2022 de Cultura Popular