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El universo marino al que Sergio Hanquet entregó su vida

El buceador y fotógrafo naturalista del sur de Tenerife, fallecido esta semana en aguas de Arona, deja una huella imborrable y una labor divulgativa con la que se ganó el apodo del ‘Cousteau canario’
Un buceador tinerfeño se sumerge en el paraíso de los tiburones. Sergio Hanquet.
El universo al marino al que Sergio Hanquet entregó su vida. DA

Sergio Hanquet entregó su vida al mar. En sentido literal. Vivió 63 años (el próximo mes cumpliría 64) y siempre fue una persona entusiasta, vitalista, un animal tan libre como cualquiera de los que perseguía con su cámara, ya fuera diminuto como una gamba que requería fotografiarla con lupa como un rorcual que cuando le adelantaba por la borda le daba tiempo a ver de golpe toda su vida, tal como lo definió un buen amigo suyo.

Hanquet confesó más de una vez que no quería morirse nunca, porque le encantaba vivir. Y lo contagiaba en sus fotografías, conferencias y charlas. Era un gran comunicador con un deje canario característico, un cronista del medio marino que cada vez que se enfundaba el traje de neopreno y se embarcaba en su Chaxiraxi del alma disfrutaba como un niño rumbo al paraíso. Acompañado de su inseparable Nikon, lo vivía como si fuese la primera o la última vez que saldría a buscar ballenas, para capturar el magnetismo que desprenden sus movimientos. Defendía que las ballenas calderón de aquí son únicas.

“Cuando salimos al azul no tenemos ni idea con lo que nos vamos a encontrar. Es salir a mar abierto y el mar siempre nos sorprende”, contó en una de sus conferencias en el festival medioambiental Arona SOS Atlántico. Conocía los fondos marinos del Archipiélago como nadie e hizo de su divulgación y protección sus señas de identidad, lo que le llevó a ganarse el apodo del Cousteau canario.

Nos enseñó que en Tenerife abundan las rayas y tortugas, que en Gran Canaria existen pecios, que uno de los atractivos de La Palma son sus veriles a pocos metros de la costa, que en El Hierro da gusto contemplar excelentes ejemplares de mantas y meros, que en La Gomera habitan pulpos de gran tamaño y los peces se asustan ante la presencia de extraños, que las arenas blancas de los fondos de Fuerteventura están llenas de vida y que en Lanzarote y sobre todo en Montaña Clara, en el Archipiélago Chinijo, se encuentran los paisajes submarinos más espectaculares que se pueden contemplar en Canarias.

En uno de los reportajes publicados por DIARIO DE AVISOS, Sergio Hanquet contó su experiencia inolvidable en Maldivas de encontrarse por primera vez, frente a frente, con un tiburón tigre y cómo disparó su cámara a solo un par de metros de distancia: “Ver la figura de ese bicho de cinco metros tan cerca impone, pero cuando te sumerges ya tienes un conocimiento de la especie, debes saber integrarte en su hábitat y sobre todo conocer las cuatro claves que te van a avisar si molestas al animal y que te alertan de una situación de peligro”, explicó, para señalar que hay dos formas de acercarse a un tiburón: “Cuando tú los vas a ver y estás, por tanto, mentalizado desde que te tiras al agua y cuando es él quien te viene a ver, apareciendo de la nada, y te pilla fotografiando caballitos de mar”.

Disfrutó –y lo contó en este periódico- del espectáculo submarino de las islas Salvajes, reserva natural a 20 horas de velero de Santa Cruz de Tenerife, donde buceó entre meros, pejeperros, chopones, cabrillas, viejas y medregales; como también le cautivó una expedición imborrable, marcada por las exigentes condiciones, desde el “fin del mundo”, Ushuaia, la capital de la provincia de Tierra del Fuego (Argentina), hacia La Antártida. Allí participó en la prospección y estudio de los asentamientos balleneros históricos de esta península.
Su nombre también quedó asociado a la historia del pesquero Cita en el Mar, hundido en la noche del 14 de mayo de 1995 tras encallar en la Punta de Rasca (Arona). Dos de sus tripulantes, guiados por Fefo, pescador amigo de Hanquet, le fueron a buscar para pedirle que rescatara la valiosa documentación del interior de la cabina. Ese mismo día, Sergio se lanzó al mar en busca de los papeles y comprobó el enorme boquete del barco en la zona de proa a causa de la colisión con las rocas. “Recuerdo que el barco se movía y llegar hasta la cabina no fue fácil porque en una embarcación recién hundida todo flota, maderas, colchones… y tienes problemas para moverte, ya que en un momento dado te puedes ver atrapado”.

A pesar de las dificultades logró hacerse con la documentación. En semanas sucesivas bajó varias veces más al pecio para fotografiar su progresivo deterioro. “El puente cayó por su propio peso partiendo el barco en dos”, explicó.

Fallece Sergio Hanquet, el gran divulgador de los fondos marinos canarios
Sergio Hanquet. DA

En otra ocasión, participó junto a la asociación Mundo del Silencio en la colocación, en 2021, de una cruz de 80 kilos en la entrada de la Cueva de Los Camarones, a 700 metros de la costa de El Palm-Mar y a 30 de profundidad, una de las grutas submarinas más letales en la que han perdido la vida cuatro buceadores. Reveló que su peligrosidad radica en los sedimentos que reposan en el fondo, dado que cualquier movimiento brusco de un pez alertado por las linternas o un inadecuado aleteo de los submarinistas pueden generar una nube de lodo que impide la visibilidad durante horas.

En sus proximidades fue rescatado, el pasado lunes, el cuerpo sin vida de Hanquet por una embarcación de Salvamento Marítimo con base en Los Cristianos. Junto a él, su inseparable Chaxiraxi, compañera de tantas aventuras por la costa del sur tinerfeño. Sergio se mostraba orgulloso de su última publicación, que recomendaba regalar en las pasadas navidades: dos libros de 300 fotografías, Ballenas Piloto y Mar Abierto, fundidos en un solo volumen. Con ellos cumplió uno de sus sueños más perseguidos. Treinta años antes había confesado a sus amigos que su mayor ilusión era “publicar un libro sobre ballenas”.

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