Mucho ruido, mucha gente y mucha indignación. Los vecinos de Anaga se unieron ayer por primera vez en la historia en una gran manifestación en señal de protesta contra la masificación de coches y de guaguas turísticas que colapsa cada día este espacio natural protegido, derivada ante la falta de un plan de Movilidad por parte del Cabildo y de los ayuntamientos de Santa Cruz de Tenerife y de La Laguna.
Bajo los lemas Anaga no se vende, Anaga se defiende y Turismo sí, pero no así, unos 400 residentes del Parque Rural, según los convocantes, dejaron claro con gritos, pancartas y pitos el malestar que arrastran desde hace años en este territorio limitado, el cual comienza a sufrir las consecuencias ambientales de la presión turística. Por ello, si en 30 días no ven “medidas urgentes y eficaces” a sus demandas anunciaron que convocarán otra protesta. Esta vez en Las Canteras.
Los residentes, bajo la plataforma Unidos por Anaga, recordaron que “de lunes a lunes vivimos un bloqueo constante de la carretera por la gran cantidad de coches y de guaguas turísticas que invaden arcenes, aparcan donde quieren y provocan colas interminables, lo que nos está generando muchos problemas para salir o llegar a nuestras casas, ya que un trayecto de cinco minutos se ha convertido en casi una hora”.
Alegan que si quieren ir al médico, que llegue una ambulancia para trasladar un enfermo, un rescate urgente e, incluso, que el micro de las escuelas rurales pueda llevar a los niños se ha convertido en misión imposible. “El turismo no es el problema, no lo rechazamos, pero si exigimos un plan de gestión donde esté regulado y controlado, que puedan aparcar en condiciones y donde se respete la sostenibilidad”, añaden.
En este sentido, una de las medidas de protesta era cortar el tráfico en la TF-12 como gesto para demostrar el caos que viven los 1.500 residentes de Anaga a diario y, por ello, desde las 11.00 horas se concentraron en la Cruz del Carmen para bloquear el paso de los coches. No obstante, el plan no salió como esperaban, ya que la Guardia Civil cortó metros antes la zona para proceder al desvió de los vehículos por El Batán.
Este hecho provocó la indignación vecinal, alegando que habían pedido permiso a la Subdelegación del Gobierno para cortar el tráfico y, por contra, se encontraron con que no circulaban apenas coches. Pero lejos de rendirse, los vecinos tomaron la sartén por el mango y cambiaron de estrategia, desplazándose a pie hasta el cruce de El Batán, acompañados de sus pancartas, donde comenzaron a cruzar en bloque, ininterrumpidamente, los pasos de peatones. Causa y efecto que obligó a los coches a parar y a formar las largas colas con las que conviven cada día.






