José Manuel Martín, conocido en La Matanza de Acentejo como el último cabrero quesero del municipio, ha llevado este sábado, entre las 11.00 y las 15.00 horas, su protesta al entorno del Mercadillo del Agricultor, donde se ha celebrado la concentración que él mismo promovió tras verse obligado a vender su rebaño después de más de 30 años de trabajo.
Su caso se ha convertido en un símbolo del malestar de parte del sector primario ante la falta de respaldo institucional y la presión que, según denuncia, sufren quienes todavía viven de la ganadería y la agricultura.
En el vídeo grabado por DIARIO DE AVISOS durante la convocatoria se aprecia un ambiente de apoyo a José Manuel, con presencia de vecinos, banderas canarias, carteles reivindicativos y música popular en plena calle. También se ve al propio cabrero en el centro de la concentración, arropado por varias personas en una protesta con tono festivo, pero claramente reivindicativo.
La historia que hay detrás de esta movilización arranca semanas antes. José Manuel contó a este periódico que tuvo que vender alrededor de 100 cabras, animales con los que sostenía una actividad heredada de su padre, su abuelo y su bisabuelo. Además de criar el ganado, elaboraba queso a mano y lo vendía en el mercadillo local, donde, según relató, tenía una clientela fija.
Según su versión, la decisión de desprenderse del rebaño llegó tras años de quejas vecinales, insultos y presiones por la presencia de las cabras en una zona de La Resbala donde, recuerda, el pastoreo formó parte de la vida cotidiana durante décadas. José Manuel sostiene que algunos residentes rechazaban el ruido y los excrementos de los animales en la vía pública y lamenta que el Ayuntamiento no le ofreciera una salida viable para mantener su actividad.
Entre los antecedentes del conflicto figura una sanción municipal de 90,15 euros, fechada el 28 de abril de 2025, por incumplir la ordenanza de convivencia ciudadana tras una denuncia vecinal por supuesta insalubridad y malos olores. El cabrero defendió entonces que sus corrales estaban en condiciones y que en la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca no constaba ninguna denuncia formal por incumplimientos de bienestar animal.
A eso se suma el impacto económico. José Manuel explicó que había pedido un préstamo de 15.000 euros para seguir adelante y que a su hijo le concedieron una subvención de 50.000 euros para mejorar la explotación, una ayuda que ahora teme no poder sostener tras la venta del ganado. Con 60 años y problemas físicos en una mano, su futuro laboral se complica todavía más.
¿Y qué reclama exactamente?
Su mensaje público ha sido claro: pide defender el campo, proteger los derechos de quienes viven de la agricultura y la ganadería y evitar que desaparezcan actividades tradicionales por la presión social o la falta de apoyo institucional.
En esa reivindicación encaja también una idea que se repite en la convocatoria y en la simbología mostrada este sábado: que el pastoreo y la ganadería forman parte de la identidad rural de La Matanza y no deberían quedar arrinconados.







