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El desayuno de Vicente Vallés en una terraza de Tenerife: “No quiero nada sofisticado”

Lejos de los focos y las zonas turísticas, Vallés ha encontrado en el sur de Tenerife su lugar en el mundo: "Buscábamos un sitio al que volver y lo encontramos"
El desayuno de Vicente Vallés en una terraza de Tenerife: "No quiero nada sofisticado"

El rostro más conocido de las noticias de Antena 3 tiene un secreto a voces que lo vincula emocionalmente con el Archipiélago. La presencia de Vicente Vallés en Tenerife no es solo de paso o vacaciones fugaces; es una historia de arraigo que comenzó casi por azar y que hoy se ha consolidado con la compra de una propiedad en uno de los puntos más singulares de la geografía tinerfeña.

Lejos de los grandes complejos hoteleros y el bullicio de las zonas más explotadas del sur de la isla, Vallés ha fijado su base de operaciones estival y de descanso en Abades, en el municipio de Arico. Un lugar que el propio periodista define como un oasis de autenticidad frente al ritmo frenético que exige la actualidad informativa en Madrid.

Abades: el refugio de Vicente Vallés en Tenerife

La elección de este enclave no fue casual. Según ha relatado el propio comunicador en diversas entrevistas, su idilio con este pueblo comenzó durante unas Navidades. La conexión fue tan inmediata que él y su mujer decidieron buscar una residencia fija en la zona. “Lo pasamos tan bien que quisimos buscar un sitio al que poder volver con frecuencia”, confesaba Vallés recientemente.

Lo que hace especial la estancia de Vicente Vallés en Tenerife es su capacidad para mimetizarse con el entorno. En Abades, una urbanización caracterizada por sus casitas blancas de baja altura y su paisaje volcánico, el periodista encuentra lo que él denomina “la verdadera desconexión”. Para Vallés, el lujo no reside en una suite de cinco estrellas, sino en el silencio de un pueblo que conserva su esencia canaria, lejos de las luces de neón de Playa de las Américas.

La rutina del periodista: leche con galletas y prensa frente al mar

A pesar de estar en el “paraíso”, el ADN de periodista de raza no abandona a Vallés. Sin embargo, en Tenerife, el consumo de información cambia de tono. Si en Madrid su día empieza de forma escueta y acelerada, en su refugio sureño se permite el lujo de alargar las mañanas. Su ritual es sencillo pero sagrado: un tazón de leche con galletas y su iPad.

“No soy de desayunos sofisticados”, ha admitido con naturalidad. La diferencia radica en el escenario. Sentado frente al Atlántico, con la luz limpia que baña la costa de Arico a primera hora, Vallés dedica tiempo a leer la prensa por “puro placer intelectual”. Es en esos momentos, junto a su mujer e hijo, cuando el presentador logra el objetivo de cualquier veraneante en las Islas: no tener que pensar en cómo va a contar las noticias al cerrar el día.

El encanto “misterioso” de la zona de Abades

Vivir en Abades implica convivir con uno de los paisajes más cinematográficos de Canarias. La zona es mundialmente famosa por albergar una antigua leprosería abandonada, un sanatorio de los años 40 que nunca llegó a recibir pacientes y cuya iglesia, de estilo franquista y coronada por una cruz monumental, domina la loma del pueblo.

Este aire algo místico y decadente, rodeado de cardones y tabaibas, es parte del atractivo que seduce a Vicente Vallés. El periodista no solo se queda en la comodidad de su urbanización, sino que ha explorado el archipiélago de punta a punta. Con orgullo, afirma conocer ya las ocho islas, incluida La Graciosa, demostrando que su vínculo con Canarias va mucho más allá de una simple residencia de verano.

El sabor de la isla en el desayuno

Para un periodista que valora la sencillez, el desayuno en Tenerife ofrece matices que no se encuentran en la capital. El jugo de naranja natural, con fruta cultivada bajo el sol de Arico, se convierte en el acompañante perfecto para una pulguita de queso amarillo o una tostada con aguacate del norte de la isla. Esos pequeños placeres gastronómicos son los que terminan de redondear la experiencia de Vicente Vallés en Tenerife, un hombre que, a pesar de vivir pegado a la última hora, ha aprendido que en Canarias el tiempo corre a otro ritmo.

En definitiva, Abades representa para Vallés el equilibrio perfecto entre el mar, la historia curiosa de sus ruinas y la paz necesaria para recargar pilas antes de volver a ponerse frente a los focos de la televisión nacional.

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