El pasado 18 de febrero presentó sus credenciales ante Su Majestad el tey Felipe VI el nuevo embajador de Estados Unidos para España y Andorra, Benjamín León Jr. Más allá de la pompa y boato de la puesta en escena del acto diplomático, siempre llamativo para los ajenos a ese mundo, hubo unas declaraciones del diplomático que atrajeron la atención pública: “Nuestro vínculo con España es muy personal. Tanto mi familia como la de mi esposa tienen raíces aquí. Nuestros orígenes están en las Islas Canarias”.
Benjamín León Jr. nació en el Oriente cubano, concretamente en Bayamo, el 4 de diciembre de 1944, y emigró a Miami en 1961 con su familia tras la Revolución, donde obtuvieron la ciudadanía de su país de adopción.
En relación con sus orígenes, la información disponible sitúa en mediados del siglo XIX el momento en que sus antepasados dejaron atrás los paisajes escarpados de La Gomera para asentarse a los pies de la Sierra Maestra, cuando Cuba era la joya de la corona del imperio español. En aquel entonces, la isla funcionaba como la gran factoría del mundo, una provincia de ultramar donde el azúcar era el oro blanco.
Desembarco en el oeste cubano
Desembarcar en el Oriente cubano supuso un salto de siglos: dejaron atrás una economía de subsistencia para integrarse en la región más moderna y rica de la América hispana, un lugar donde el vapor de los ingenios y el primer ferrocarril español ya dibujaban el futuro de éxito que alcanzarían sus descendientes. Los padres del embajador fueron Benjamín Horacio León Cardona, nacido en 1918 en Holguín, y Marta Indalecia Borges Feijóo.
Benjamín León Cardona se graduó en Contabilidad por la Universidad de La Habana. Antes del exilio ejerció como profesor en la Escuela de Negocios de Holguín, formando parte del Consejo de la Universidad del Norte de Oriente. Tras su llegada a Estados Unidos, en 1970, fundó la Clínica Asociación Cubana, que apenas tres años después haría historia al convertirse en la primera organización de mantenimiento de salud con licencia legal en el estado de Florida.
En relación con su vinculación al negocio sanitario, durante la crisis del Mariel proporcionó atención médica gratuita a los refugiados. Falleció en 1983 a los 65 años.
Los abuelos del embajador estadounidense fueron Ramón León Díaz, un destacado empresario ganadero en la región de Holguín, nacido en 1896, y Margarita Cardona Bofill.
Salida de La Gomera hacia Cuba
Ramón fue hijo del matrimonio conformado por Benjamín León Rodríguez, un rico propietario como es descrito en la prensa local, nacido alrededor de 1866, según se desprende de un listado de pasajeros a Estados Unidos, y Luisa Díaz Díaz.
Es con este antepasado cuando el linaje encuentra el nexo con la Isla Colombina. Benjamín era hijo de Juan Antonio León Aguilar, natural de Vallehermoso, quien casó en Holguín con Josefa Rodríguez Díaz en 1856.
Viajando desde el Caribe hasta la parroquia de San Juan Bautista de Vallehermoso, en La Gomera, encontramos el enlace de los padres de Juan Antonio, Antonio de León Cabrera y Ángela de Aguilar Martel, cuyo matrimonio tuvo lugar en 1817.

Un “doña” de la élite local
En diciembre de 1776 matrimoniaron en la citada parroquia gomera los padres de Antonio de León Cabrera, Juan de León Cabrera, nacido alrededor de 1747, y Rita de Aguilar. Posteriormente, tras enviudar, volvió a casar en 1818 con doña Josefa Clemente de Cabrera. Este tratamiento que recibe su segunda esposa es un claro indicio de la posición social de la familia León, que formaba parte de la élite local. El progenitor de Juan fue el también llamado Juan de León Cabrera, nacido aproximadamente en 1717 y casado en Vallehermoso en 1741 con Catalina Fernández Carrillo.
En la misma parroquia contrajeron nupcias en 1709 Matías de León, nacido en 1673, e Isabel Rodríguez, padres de Juan de León Cabrera. Tras el fallecimiento de su mujer, Matías volvió a casar en 1723, esta vez en la parroquia de la Encarnación de Hermigua, con Ana de Arzola.
Capitán y gobernador: el tronco originario
Ascendiendo otra generación hallamos a los padres de Matías de León, casados también en Vallehermoso en 1672, el capitán don Juan de León Cabrera y María Leonor Hernández. El asiento matrimonial está en un estado de tal deterioro que imposibilita la lectura de los nombres de los padres de los contrayentes.
En el bautismo de una de sus hijas, Leonor, además del empleo de capitán, Juan de León Cabrera es reseñado como gobernador, lo que lo sitúa dentro de la oligarquía local que formaba el Consejo, el máximo órgano de la administración insular.
La importancia del personaje nos viene dada por la relevancia del cargo y empleo que ostenta, gobernador y capitán de la milicia insular, los cuales estaban en manos de un reducido número de familias que durante siglos ejercieron su hegemonía tanto política como socioeconómica. En el primer caso ejerció funciones tanto en la capitanía de milicias como en el Consejo insular; en el segundo, hay constancia de que fue un propietario agrícola con estrecha relación con la industria sedera, sector de una gran importancia en la economía gomera de la época.
En el padrón de habitantes realizado en 1680 consta que vivían en la jurisdicción de la parroquia de San Juan Bautista de Vallehermoso, concretamente en el barrio de La Fortaleza, el capitán Juan de León, de 54 años, junto a su mujer, María Leonor, de 33, y su amplia prole de nueve hijos. También residían en la misma vivienda María, su esclava de 39 años, y Úrsula, hija natural de la esclava, de 14 años.
El antiguo régimen también dejó su huella en la isla
En el tránsito entre los siglos XVII y XVIII, la esclavitud era una realidad que, si bien ya no tenía la importancia que podía tener en el continente americano, aún era parte de la sociedad gomera. En el libro de matrimonios de la parroquia de la Encarnación de Hermigua aparece la siguiente anotación: “José Suárez, esclavo del capitán Juan de León Cabrera, casa el 20 de marzo de 1727 con Catalina Fernández, esclava del capitán Juan de León, hija de Marcos Fernández y María Francisca, esclavos de Antonio Méndez y Nicolás Coello, vecinos de Vallehermoso”.
Dos siglos después, el linaje volvió a España
La historia guarda giros del destino que parecen propios de una novela. En 1850, mientras los tatarabuelos del embajador ya estaban asentados en una Cuba que era la más preciada posesión de la corona española, el Gobierno de los Estados Unidos ya observaba la isla con anhelo y lanzaba sus primeras ofertas de compra a Madrid para expandir su influencia en el Caribe.
Resulta fascinante que, casi dos siglos después, aquel rastro de emigrantes que vivieron bajo la bandera española en Cuba regrese a la capital de España personificado en Benjamín León Jr., el descendiente de aquellos canarios que fueron testigos de las tensiones entre imperios, volvió al Palacio Real, ya no como un súbdito que buscaba fortuna, sino como el máximo representante de EE.UU. Se cerraba así un círculo de doscientos años de diplomacia, trabajo y sacrificio.
*Miembro de la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias






