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Urbano, el maestro quesero y guardián de las cabras de Tacoronte

La Quesería Tagoror, la única que permanece activa en el municipio está regentada por Urbano López Bonilla, un joven de 28 años que es un apasionado de los animales
Urbano, el maestro quesero y guardián de las cabras de Tacoronte

En Tacoronte, el queso fresco de cabra tiene un nombre propio: Urbano López Bonilla. Nacido en 1997, este joven ganadero lidera la Quesería Tagoror, ubicada en la zona de El Cantillo, la única que permanece activa en el municipio ya que la otra que había cerró sus puertas hace tres años.


El negocio que su padre comenzó con un pequeño rebaño de veinte cabras y corrales más pequeños, hoy es una explotación profesional de un total de 78 cabezas donde la pasión y el relevo generacional son los ingredientes principales.


Hasta hace dos años tenía 90 pero decidió bajar este número y mejorar en cuanto a calidad, para trabajar menos y tener más producción.


Urbano siempre tuvo “el gusanillo” de los animales porque se crió entre ellos, y cuando tuvo que elegir sus estudios no dudó en una formación relacionada con la ganadería, y apostó por la Escuela de Capacitación Agraria de Tacoronte. Allí aprendió los recursos, técnicas y elementos necesarios para profesionalizar el oficio y tomó las riendas del negocio.


Montó la quesería con su ayuda, “porque al tener los animales había que darle salida al producto y obtener un ingreso para poder seguir con el negocio”, apunta el joven ganadero.
El esfuerzo no tardó en dar rápidamente sus frutos. En el año 2024 el primer queso fresco que presentaron al concurso de la Feria de Pinolere, en La Orotava, obtuvo la medalla de plata. “Fue empezar, presentarnos y ganar y eso supuso un atractivo para nosotros porque desde entonces tenemos una gran aceptación”, recuerda Urbano, cuya producción hoy cuenta con lista de espera.

Cada “maestrillo tiene su librillo”


Defiende que “cada maestrillo tiene su librillo”. Su progenitor tenía una manera de hacer el queso y él tiene la suya. “Varía el prensado, la temperatura de cuajado, y la forma de hacerlo, porque al final, todo el mundo que tiene cabras hace queso fresco y la materia prima es la misma”, recalca. También influye el ordeño y la limpieza del lugar donde se elabora.


Su padre se enfermó y ya no puede trabajar como antes aunque le ayuda dándole de comer a los animales por las mañanas dado que Urbano tiene que compaginar su trabajo hasta las cuatro de la tarde en una empaquetadora de plátanos con el cuidado de las cabras y la elaboración de queso.


Cuando llega a su casa, donde está ubicada la finca, lo primero que hace es mirar que los animales estén bien y se prepara para hacer el ordeño. Mientras se cuaja la leche, les da la comida que le corresponde por la tarde y luego se dedica a elaborar el queso. Cuando termina de limpiar ya son las diez u once de la noche. Tiene 28 años “pero a este ritmo no llego a los 50”, bromea.


“Esto te tiene que gustar porque no cualquiera lo aguanta. Yo llevo las cabras en la sangre”, afirma.


Quien lo conoce no lo duda. Sabe el nombre y “la personalidad” de cada una de sus cabras porque para él no son solo números, sino parte de su vida. Entrar en el corral no es ir a trabajar, es ir a ver a Rosilla, Alegría, Loreta, Carbonera, Morisca, Morena, Maravilla y Canita, a las que llena de mimos. También a Veloz, cuyo nombre “vino heredado” y según el joven guardián, le viene “de diez” porque cuando las lleva a la romería es la que más corre.


Es una de las dos ocasiones en las que saca el rebaño de su finca. La otra es para la Feria de Ganado de San Antonio Abad que se celebra en el barrio de San Juan. “Cuando están en la calle me hacen caso y se portan mejor que cualquier cabra que están vigiladas por perros”, cuenta orgulloso.


Además de cuidarlas las asiste en el parto, como ocurrió en la madrugada del miércoles al jueves. “No tengo mucha opción, porque si se ponen de parto a esa hora, no hay veterinario. Al final, un ganadero hace de agricultor, de veterinario y de guardián, tenemos que saber hacer de todo”. Y en su caso, además, con el añadido de ser un excelente maestro quesero.
Confiesa que le gustaría ampliar el negocio pero está condicionado por el sitio y “las cosas están complicadas para comprarse una finca, todo es dinero”. También cambiar de producto o hacer otros quesos diferentes pero “no me da tiempo, porque todo se vende muy rápido, el queso se hace hoy y ya mañana no tengo más”.


Recientemente pidió un crédito para comprarse una ordeñadora aunque no ha empezado a utilizarla porque necesita “ponerla a punto”. Mientras tanto, sigue ordeñando a mano.
Urbano produce unos 30 kilos semanales de queso fresco de cabra. “Actualmente tengo 30 cabras en ordeño, todas con diferentes edades”, precisa. Su objetivo de negocio lo tiene claro: intentar mantenerse durante todo el año con la misma producción. “No quiero tener un mismo lote y producir mucha leche en un periodo de tiempo, porque al final tengo que abastecer a los clientes fijos de todo el año y no puedo dejarlos sin queso tres meses”, sentencia.


La Quesería Tagoror es, además, el motor de una pequeña economía circular en el municipio. Reparte el estiércol entre los agricultores de forma desinteresada, sin pedirles nada, sino porque necesita quitarlo de su finca y muchas veces lo recompensan con productos de la tierra o forraje. Lo mismo hace con el suero del queso, que se lo regala a las personas que se dedican a la agricultura ecológica. “Tacoronte es un pueblo rural y nos ayudamos entre nosotros”, manifiesta.

Reconocimiento institucional


Recientemente fue una de las personas homenajeadas por el Ayuntamiento de Tacoronte a las personas que mantienen los oficios tradicionales. En su caso, como ganadero y quesero.
Cuando lo llamaron para comunicarle que había sido elegido no se lo esperaba, “porque normalmente suele ser gente mayor. Pero claro, ganaderos casi no quedan y los que están, ya han sido reconocidos”.


En el duro día a día con el ganado, Urbano López encuentra su razón de ser. Para él, guardar la llave de la tradición quesera de su municipio no es solo un trabajo, sino la forma más honesta de honrar sus raíces y proteger el patrimonio.

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