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El puerto de Granadilla estará a pleno funcionamiento en 2029, once años después de su inauguración

Antes de diciembre empezarán los trabajos para finalizar el muelle de Ribera, última obra pendiente; hoy se cumplen ocho años de la apertura oficial de la instalación sureña

El Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria aprobará el próximo 6 de marzo el expediente definitivo para sacar a licitación la finalización del muelle de Ribera en el puerto de Granadilla, con los últimos 543 metros que completarán los 1.045 previstos. Se trata de la única obra pendiente en el puerto sureño, valorada en 39,7 millones de euros, que ya cuenta, desde el pasado 10 de febrero, con la autorización del Consejo de Ministros.

El presidente de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, Pedro Suárez, manifestó a este periódico que los trabajos se adjudicarán en un plazo de “seis o siete meses”, con lo que “a final de año estaremos ya con la perspectiva de empezar la obra, que durará aproximadamente dos años”.

Si se cumplen las previsiones del ente portuario, el muelle de Granadilla estará terminado a finales de 2028, “con lo cual estimamos que en el 2029 ya podamos empezar con la actividad normal”, indicó Suárez, quien recordó que la obra lleva aparejado un terreno, “una superficie enorme”, junto al muelle de Ribera.

El presidente de la Autoridad Portuaria recordó que, a pesar de las limitaciones, la infraestructura cuenta con “bastante actividad” y citó como ejemplos las descargas de gas de DISA, un proyecto vinculado a aerogeneradores y diversos trabajos relacionados con la reparación naval.

OCHO AÑOS

Hoy se cumplen ocho años desde que el puerto de Granadilla vivió su primer gran desembarco. El entonces presidente del Gobierno central, Mariano Rajoy -acompañado por su ministro de Fomento, Íñigo de la Serna– encabezó una numerosa comitiva de autoridades con motivo de la inauguración oficial del recinto industrial, cuya construcción generó, junto al proyecto de las torres eléctricas en Vilaflor, las mayores protestas medioambientales en décadas en Tenerife

Aquel 2 de marzo de 2018 el mar estaba agitado por el tiempo sur, incluso en el interior de la dársena, con viento fuerte del oeste que dificultó hasta la lectura de los discursos. Las condiciones meteorológicas no acompañaron en la puesta de largo de la controvertida infraestructura, que contó para la ocasión con dos plataformas petrolíferas atracadas de la empresa Seadrill y un carguero, el Louis St John´s, con aspas de aerogeneradores en su cubierta.

Sujetando el papel bien fuerte en el atril y bajo una carpa zarandeada por las rachas de viento, Rajoy subrayó una inversión de 362 millones de euros, de los que 200 ya se habían ejecutado, y afirmó ante las primeras autoridades regionales, diputados, senadores, consejeros, alcaldes, concejales, empresarios y mandos de las fuerzas de seguridad, que Canarias debía aprovechar su ventaja competitiva como “nodo de referencia mundial” para el tráfico de mercancías.

El presidente canario, Fernando Clavijo, destacó en su intervención que la nueva infraestructura era “el espejo del puerto de Santa Cruz” y permitiría “diversificar el transporte de mercancías entre el norte y sur de la Isla”.

La inauguración llegó 17 años después de que el Ministerio de Fomento diera el visto bueno a las obras, lo que movilizó a las organizaciones ecologistas y a una parte de la ciudadanía, contraria a la construcción del “macropuerto”, aunque finalmente sus dimensiones se recortaron respecto a las previsiones iniciales.

VIGILANCIA

La encendida polémica social y el escrutinio de las obras llevó al ecólogo Antonio Machado, nombrado presidente del Observatorio Ambiental de Granadilla, a afirmar que el puerto sureño acabó con la “frivolidad ambiental histórica” de las obras públicas. Sobre las consecuencias ambientales, el científico trató de poner las cosas en su sitio: “Los promotores del puerto decían que no iba a pasar nada y los ecologistas que iban a desaparecer las tortugas, y al final ni una cosa ni la otra”, manifestó entonces a este periódico.

En tres años, el puerto de Granadilla alcanzará la velocidad de crucero, si se cumplen las previsiones de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, aunque ocho años después del corte de la cinta, la instalación sureña sigue muy lejos de generar los 20.000 puestos de trabajo que se anunciaron y de convertirse en un “gran motor económico para la isla de Tenerife”.

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