El Aula Magna César Manrique del Campus de Guajara acoge hasta el viernes el III Congreso de Cáncer Infantil de Canarias: Fortaleciendo vidas, un foro que reúne a profesionales de los ámbitos sanitario, educativo y social para abordar los desafíos actuales en la atención a menores con cáncer y, especialmente, a quienes han superado la enfermedad.
En la mesa inaugural se destacaron los logros colectivos de la ciencia y los avances en la supervivencia obligan a “replantear el modelo de atención” y abre “un nuevo escenario que exige respuestas distintas” orientadas al seguimiento a largo plazo y al abordaje de secuelas físicas, cognitivas y emocionales.
La directora general de Programas Asistenciales del SCS, Antonia Pérez, señaló que la supervivencia al cáncer infantil supone un avance, pero también un “reto asistencial”, al recordar que “dos tercios de los niños pueden presentar algún tipo de complicación médica, psicológica o social derivada de la enfermedad o de su tratamiento”.
Mientras, el decano de la Facultad de Psicología y Logopedia, Juan Manuel Bethencourt, afirmó que no es únicamente una enfermedad, “sino una experiencia que atraviesa la vida emocional, familiar, social y educativa de los menores”, y defendió que “la atención psicológica no debe ser un complemento, sino un pilar fundamental del tratamiento”.
La decana del Colegio Oficial de Psicología, Carmen Linares, incidió en que el cáncer infantil “no impacta solo en el cuerpo, sino en la vida entera del niño, en su familia, en su desarrollo y en su futuro”, por lo que “la psicooncología es insustituible”. Defendió que cuidar la salud emocional “es una parte esencial del proceso de recuperación”.
Por último, el líder del Equipo de Intervención Neuropsicológica en Cáncer Infantil, Sergio Hernández, puso el foco en “la vida tras la enfermedad” al recordar una de las preguntas más frecuentes entre los menores es: “Doctor, ¿y cuando me cure, podré volver a jugar?”, subrayando que para un niño “curarse no es solo eliminar la enfermedad, sino volver a ser y recuperar su vida”. Por tanto, “curar no siempre significa sanar del todo, y sobrevivir no siempre significa vivir sin dificultades”, en referencia a las secuelas que pueden persistir tras el tratamiento. “Nuestro trabajo no termina cuando la enfermedad desaparece, sino cuando ese niño puede desarrollar su vida con la mayor plenitud posible”.
Estos avances han generado una nueva realidad: cada vez más niños y niñas superan la enfermedad y alcanzan la adolescencia y la edad adulta, lo que obliga a los sistemas sanitario, educativo y social a dar respuesta a sus necesidades a largo plazo. Ante este escenario, trabajar con los supervivientes implica “apostar por una atención integral, continuada y coordinada, que garantice no solo años, sino calidad de vida”.
El programa incluye ponencias y mesas centradas en la atención integral a supervivientes, el apoyo psicosocial a pacientes y familias, las secuelas a largo plazo y la intervención educativa y logopédica.






