Dormir bien es clave para mantener una buena salud. Junto a la alimentación y al ejercicio físico, un descanso de calidad (tanto en la profundidad del sueño como en la cantidad de horas: entre 7 y 8 al día para los adultos, 10 para los niños y hasta 16 en los bebés) resulta fundamental para regenerar el cuerpo y la mente e imprescindible para pensar con claridad, reforzar la atención, la concentración y la creatividad y fortalecer la memoria, entre otras ventajas.
Pero, sobre todo, mientras dormimos, se fortalecen las conexiones neuronales y se regenera el sistema inmunitario, combatiendo las toxinas y los gérmenes y, por tanto, protegiéndose frente a las infecciones. Otro factor beneficioso para la salud de un buen descanso –los expertos dan más importancia a la calidad del sueño que a la cantidad– es que la relajación corporal facilita la producción de melanina y serotonina, que contrarrestan los efectos de la adrenalina y cortisol, las hormonas del estrés.
Dormir mal, en cambio, causa un peor rendimiento cognitivo, genera ansiedad, irritabilidad y baja autoestima, aseguran los expertos, que indican que, además, afecta a la creatividad, causa fatiga y provoca un descenso de la libido. Pero los efectos pueden ser más graves si la alteración del sueño la causa uno de los tres trastornos más frecuentes –imsomnio (incapacidad para conciliar el sueño), apnea (respiración interrumpida durante al menos 10 segundos) o el síndrome de piernas inquietas (necesidad de moverlas y hormigueo o picazón)–, ya que supone abrir la puerta a posibles cuadros de depresiones, obesidad y diabetes, pero también a infartos e ictus. Está demostrado que trastornos como el insomnio provocan un incremento de los niveles en sangre de las hormonas del estrés, lo que aumenta la tensión arterial, la frecuencia cardíaca y el colesterol. En estos casos se recomienda consultar a un médico especialista.
Existen dos tipos de sueño: el no REM (primero en aparecer), que se divide en tres estadios: adormecimiento (ocupa el 10% del tiempo que dormimos), sueño ligero (45%) y sueño profundo (20%), este último con mayor movimiento corporal; y el REM, de movimiento rápido de ojos, sueño profundo, de gran actividad cerebral (es la fase donde de sueña), que ocupa el 25% del tiempo restante. Es fundamental para la memoria, ya que el ‘almacén’ de esta, el hipotálamo, se restaura.
Según los datos aportados por la Sociedad Española de Neurología, casi la mitad de la población adulta en España (48%) no logra conciliar un sueño reparador, y en el caso de los menores el porcentaje baja hasta el 25%. Para evitar la pesadilla de un mal sueño e intentar dormir a pierna suelta, los médicos aconsejan mantener horarios regulares, practicar ejercicio físico (no justo antes de acostarse), tomar una ducha, beber un vaso de leche templada o una infusión caliente, no cenar en exceso y evitar ingerir, desde media tarde, café o bebidas con cola. En caso de no lograr conciliar el sueño después de media hora, se aconseja leer o escuchar música suave. Ambas opciones siempre serán mejores que permanecer en la cama dando vueltas y más vueltas.






