El Cabildo de Tenerife y el Gobierno de Canarias han dado un paso decisivo para afrontar uno de los principales desafíos de la isla que es la congestión de la TF-5. El proyecto del tercer carril en sentido descendente entre Guamasa y San Lázaro, con una inversión de 66,4 millones de euros y un plazo de ejecución de 35 meses, permitirá ampliar la capacidad de uno de los tramos más saturados, por el que circulan en torno a 110.000 vehículos diarios.
La actuación no se limita a añadir un carril en sentido Santa Cruz. Supone una transformación integral del funcionamiento del tráfico en este corredor clave, con especial atención a los accesos al aeropuerto Tenerife Norte. El rediseño de los enlaces de Guamasa, San Lázaro y el entorno aeroportuario permitirá reorganizar los flujos y reducir los puntos de conflicto, uno de los principales factores de los atascos actuales.
La presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, subrayó que esta actuación supone “un antes y un después en la forma de moverse en la isla”, al dar respuesta a un problema cotidiano que afecta a miles de personas. “Estamos hablando de una infraestructura clave para Tenerife, que mejorará la calidad de vida de la ciudadanía y reforzará la competitividad de la isla”, señaló.

Los detalles esta obra fueron presentados en una rueda de prensa en el que también participaron el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo; el consejero de Obras Públicas, Pablo Rodríguez; el vicepresidente del Cabildo de Tenerife, Lope Afonso, y el primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de La Laguna, Badel Albelo.
Uno de los elementos más relevantes será la creación de un nuevo acceso directo, conocido como “hipódromo”, que facilitará la separación de los movimientos norte-sur. Gracias a esta configuración, cerca del 25% de los vehículos que hoy pasan por el enlace del aeropuerto podrán evitar los puntos más congestionados, mejorando la fluidez y la seguridad vial.

La complejidad técnica del proyecto radica en que deberá ejecutarse sin interrumpir el tráfico en una vía que asume a diario unos 110.000 vehículos, siendo 4.500 en hora punta. Durante toda la obra se mantendrán dos carriles por sentido, reorganizando la circulación de forma progresiva para permitir su avance.
El proyecto se desarrollará mayoritariamente sobre suelo ya disponible, con una ocupación estimada de unos 8.000 metros cuadrados, lo que reduce las afecciones. La adjudicación está prevista antes del verano, tras un proceso de licitación al que se han presentado nueve empresas.

Más allá de la obra en sí, la iniciativa simboliza el consenso institucional para abordar el problema de la movilidad. Tras años sin avances desde su redacción inicial en 2018, el proyecto ha sido impulsado por el Cabildo y asumido por el Gobierno autonómico, que lo ha llevado a fase de licitación dentro de una estrategia más amplia que incluye el refuerzo del transporte público y futuras infraestructuras como el tren del sur.
Las administraciones coinciden en el impacto directo que tendrá la actuación en la vida cotidiana. La reducción de tiempos de desplazamiento, la mejora de la seguridad y la optimización de los accesos al aeropuerto se traducirán en una mayor calidad de vida para la ciudadanía y en un impulso a la actividad económica de la isla.
El proyecto incorpora además una solución innovadora en Canarias en materia de drenaje. Ante la incapacidad de los barrancos cercanos para asumir mayores caudales, se construirán seis tanques de tormenta y pozos filtrantes que permitirán recoger, tratar y filtrar el agua de lluvia, evitando inundaciones y protegiendo el entorno. Se trata de una técnica habitual en otras ciudades, pero pionera en el archipiélago.
Con esta intervención, Tenerife da un paso hacia un modelo de movilidad más eficiente. El tercer carril de la TF-5 no solo aliviará uno de los principales cuellos de botella de la isla, sino que marcará un antes y un después en la forma de desplazarse entre el área metropolitana y el norte, situando la movilidad como una prioridad estratégica para el futuro.






