Las intensas lluvias, tormentas y rachas de viento que acompañaron la semana pasada el recorrido de Therese por Canarias, hecho que obligó a decretar la alerta máxima en la capital tinerfeña, no solo dejaron daños materiales en el municipio, sino también entre personas que viven en situación de calle en la ciudad. Uno de los afectados fue Miguel Ángel, un exmilitar que lleva más de un año durmiendo en el parque García Sanabria, de cuyo caso se hizo eco DIARIO DE AVISOS el pasado enero, a quien el temporal le llevó directo al hospital aquejado de pulmonía.
“Dormir a la intemperie y sufrir tanta lluvia y frío me ha enfermado aún más. Aparte de la pulmonía, de la que estoy mejor, apenas puedo caminar y, además, pierdo peso. Necesito ayuda urgente, pero nadie me la da”, lamenta.
A sus 54 años, Miguel Ángel sigue cargando sobre sus espaldas no solo las escasas pertenencias que posee, entre las que se encuentran plásticos y sábanas con los que se cubre para pernoctar cada noche en el parque, sino también la de múltiples enfermedades diagnosticadas que se han ido sumando a su cuerpo tras once años en situación de calle, como pancreatitis crónica, lumbociática o epilepsia. “Intento aguantar, pero cada vez se me hace más complicado”, subraya.

Sobre cómo vivió el paso de Therese, el sintecho afirma que fueron momentos duros y de mucho miedo, a los que se sumó que uno de los días de fuertes lluvias acudió la Policía Local para llevarlo al albergue. “No quise ir porque estuve viviendo allí un tiempo y me marché por las constantes peleas que se producen en ese lugar. Por ello dije a los agentes que me buscaran otro recurso o me quedaba en el parque. Mi sorpresa fue que me amenazaron de que si no me iba me multarían con 600 euros”, relata.
Miguel Ángel indica que “por suerte, la Policía no volvió a pasar más por el parque en los siguientes días, pues cómo voy a pagar una multa cuando no tengo ese dinero y, además, nadie me ofrece otro refugio fijo. He ido al Ayuntamiento, a Bienestar Social, al Cabildo e incluso ha venido un asistente social. Dicen que lo intentan, pero que no hay una plaza para mí. Yo solo quiero salir de aquí, pero no ir al albergue. Hasta entonces, mi lugar será el parque”.






