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El drama de los jóvenes en España: viven peor que la generación de 1995

El Indicador Sintético de la Juventud de PwC revela que los jóvenes sufren peor situación económica que en 1995 debido al precio de la vivienda y el paro
El drama de los jóvenes en España: viven peor que la generación de 1995

Los jóvenes españoles sufren hoy una situación socioeconómica sustancialmente peor que la de hace tres décadas. Esta es la principal conclusión del Indicador Sintético de la Juventud (ISJ), un exhaustivo estudio elaborado por la Fundación PwC en colaboración con el Círculo de Empresarios que, por primera vez en España, evalúa el bienestar generacional a través de 39 variables agrupadas en vivienda, demografía, mercado de trabajo y educación.

El indicador fija el año 1995 como valor de referencia cero. En la medición actual, el ISJ escala hasta los 17 puntos, lo que constata un severo retroceso generalizado, dado que en este índice los valores positivos reflejan un empeoramiento de las condiciones de vida. Aunque a finales de los noventa y principios de los dos mil se registró una notable mejoría, la crisis inmobiliaria y financiera de 2008 marcó un punto de inflexión del que la juventud aún no se ha recuperado.

La vivienda: el gran motor de la precariedad

La vivienda se consolida, con diferencia, como el factor más alarmante del estudio, disparándose hasta los 78 puntos. El informe vincula directamente este desplome a la escasez estructural de oferta, la caída en picado de inmuebles terminados y la escalada descontrolada en los precios de compra y alquiler, un escenario que azota con fuerza a regiones tensionadas como Canarias.

Como consecuencia directa, un menor de 35 años necesita actualmente destinar 9,1 años íntegros de su sueldo para adquirir un inmueble, frente a los 6,6 años que requiere el grupo de población de entre 55 y 64 años. Esta asfixia financiera retrasa drásticamente la emancipación juvenil.

Envejecimiento y brecha laboral con Europa

El segundo vector de deterioro es la demografía (21 puntos). El documento detalla un acusado desequilibrio intergeneracional: el peso electoral de los menores de 35 años cayó del 36% en 1990 al 22% actual, y se prevé que caiga al 20% en 2050. Esto diluye su influencia política mientras aumenta la carga tributaria que deberán soportar para sostener el Estado del Bienestar.

En el ámbito del empleo juvenil, el indicador anota 10 puntos. Persisten la temporalidad, el pluriempleo y la contratación parcial involuntaria. Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de paro juvenil en España se situó en el 24,9% entre los menores de 25 años, una cifra que duplica la brecha frente al 14,9% de la media de la Unión Europea reportada por Eurostat.

La única nota positiva la aporta la educación (-19 puntos), impulsada por el hecho de que el 52% de los jóvenes de entre 25 y 34 años cuenta ya con estudios superiores. No obstante, este éxito académico choca con la realidad del tejido productivo: España registra una tasa de sobrecualificación del 35,9%, la más alta de las grandes potencias de la Unión Europea, lo que evidencia que el mercado laboral es incapaz de absorber el talento disponible.

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