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La estatua ‘viva’ que cambia de forma sola en una plaza del norte de Tenerife

El escultor Julio Nieto diseña una pieza ‘viva’ para hacer visible el proceso de creación y pensamiento
La estatua 'viva' que cambia de forma sola en una plaza del norte de Tenerife
Julio Nieto junto a ‘Tengo una idea’, una pieza ‘viva’ que simboliza el proceso de creación, pensamiento y aprendizaje. / Sergio Méndez

Desde Platón hasta Hume, pasando por Kant o filósofos más contemporáneos como Walter Benjamin, el concepto de idea siempre atrajo a los teóricos. Simples o complejas, abstractas o concretas, universales o particulares, el mundo que nos rodea, infinito e inconmensurable, está lleno de ideas.

Este concepto abstracto y complejo, el artista Julio Nieto ha conseguido materializarlo en una pieza artística que, como todas las que llevan su nombre, es única. No solo por el resultado final sino por el mensaje que persigue transmitir.

Una escultura a la que es imposible permanecer indiferente porque, directa o indirectamente, aunque no sea la intención de su autor, el espectador está obligado a reflexionar sobre ella. Un ejemplo claro que demuestra que el proceso creativo es más importante que el objeto terminado.

Para el artista, el mundo es “una pura idea” que a su vez está formado de ideas que se transforman, se mueven y se desarrollan. Bajo esta premisa hace unos cuatro meses empezó a construir el rostro de un ser pensante con la idea de que su colocación en un punto concreto no fuera un punto final sino el comienzo de “algo que empezaba a ser”.

La casualidad hizo que un día lo contactara el alcalde de El Sauzal, Mariano Pérez, y le comentara la idea que tenía de colocar una escultura en el barrio de Ravelo que estuviera relacionada con la educación, el estudio, el conocimiento, la creatividad y el aprendizaje como “motores de futuro”.

La pieza que estaba elaborando en su taller encajaba con esa propuesta, así que no dudó en comentársela y se pusieron a trabajar para concretarla.

El pasado 28 de mayo la escultura Tengo una idea fue colocada en la plaza ubicada frente a la iglesia del barrio de Ravelo. El homenaje adquiere un significado especial por la historia de los centros educativos del municipio. En CEIP Ravelo celebra este año el 50 aniversario de su creación; le sigue el CEIP Samoga, creado en 1980, que cumple 46 años, mientras que los IES Sabino Berthelot y San Nicolás cuentan con 34 y 28 años de trayectoria educativa, respectivamente.

La pieza se asienta sobre una base de hormigón que alberga en su interior tierra y una semilla que con el paso del tiempo irá germinando, creciendo y extendiéndose tanto bajo tierra como hacia el exterior y acabará formando el cabello del personaje representado, modificando continuamente su apariencia.

Como las ideas que evolucionan a lo largo de los años, la planta crecerá, se ramificará y transformará la pieza. La escultura nunca será exactamente la misma “porque forma parte de un proceso vivo y abierto”, subraya Julio Nieto. “Cuando tienes un proyecto, una frase o un concepto, este te conduce necesariamente a otros”, explica el artista. “Cada paso es imprescindible para que exista el siguiente, igual que ocurre con una planta. Una rama da lugar a otra, aparecen nuevos tallos y finalmente surge una flor”.

En resumen, con su trabajo logró hacer visible ese proceso de creación y pensamiento, que “es muy análogo al crecimiento de una planta porque no simboliza ni el principio ni el final” sino todo ese desarrollo.

“Eso mismo es la educación, el crecimiento espiritual, la creatividad y la formación, donde cada paso resulta imprescindible para desarrollar el siguiente”, sostiene Nieto.

Como artista, esta obra le ha supuesto un desafío especial. A diferencia de la mayoría de sus trabajos, esta pieza no está terminada en el momento de su instalación, sino que continúa creciendo y transformándose con el tiempo. “Tendré que volver a verla continuamente y cada vez será distinta porque es una pieza viva en la que la planta irá creciendo”, comenta entre risas.

Ello también requiere la participación de otras personas. En este caso, el jardinero de Ravelo “se convertirá en un colaborador directo de la obra, porque será el encargado de podarla y guiar su crecimiento”.

La piel del rostro está hecha de piedras. “Me parecía interesante que la cara estuviera formada por fragmentos, pequeñas partes que, al unirse, construyen una imagen completa”, precisa. Para la estructura superior, destinada a sostener la enredadera, eligió el hierro, un material resistente, capaz de acompañar la evolución de la planta.

Uno de los momentos más significativos para el artista tuvo lugar durante la inauguración. Los niños y niñas se acercaban con curiosidad y ganas de tocar la escultura. Acostumbrados a escuchar que las obras de arte no deben tocarse, encontraron una invitación implícita a relacionarse con ella de otra manera. Para Nieto, activar el sentido del tacto resulta fundamental cuando se trata de objetos que poseen materia, textura y presencia física.

En este caso, el de una idea que nació, crece y echa raíces en Ravelo, como lo hacen la creatividad, la educación y el conocimiento, recordando que toda creación, como toda idea, está siempre en proceso de convertirse en algo nuevo.

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