Alrededor de doscientas personas participaron este pasado sábado en la décima edición de La Mudá, la recreación etnográfica que el colectivo Montañeros de Uzapa organiza cada año en Fasnia para rememorar la trashumancia que practicaban las familias del municipio hasta mediados del siglo pasado.
La representación se desarrolló a lo largo de un trayecto de unos tres kilómetros, a casi mil metros de altitud, que concluyó en el caserío de Archifira.
Durante el recorrido, decenas de personas caracterizadas con trajes, utensilios, ropas y enseres de la época reprodujeron las distintas escenas del traslado hacia las medianías altas y los montes. La llegada al asentamiento de Archifira permitió recrear las labores y la vida cotidiana en el lugar de destino, donde las familias se instalaban durante los meses de verano.
El alcalde de Fasnia, Luis Javier González, cifró en unas doscientas las personas reunidas “en torno a La Mudá” y destacó que el tiempo “dio una tregua”, con nubes y bruma que, a su juicio, dotaron a la cita de “un encanto especial”. Calificó de “rotundo” el éxito tanto de la salida como de la llegada y definió la jornada como “una recreación de primer nivel” que permite “que la gente conozca lo que ocurría el siglo pasado en estas mudas de la costa a la cumbre” y “conocer mejor lo que fuimos para entender lo que somos”.
La Mudá —o mudada— recreaba el desplazamiento estacional con el que numerosas familias fasnieras subían desde la costa y las medianías bajas hacia las cumbres en busca de pastos frescos para el ganado y de mejores condiciones para el cultivo. Aquellos traslados, en los que se cargaba con animales y enseres, se mantuvieron de forma habitual hasta que, a partir de la mitad del siglo XX, el cambio en los modos de vida fue dejando atrás la costumbre.
Rescate de tradición
El colectivo Montañeros de Uzapa, nacido en Fasnia en 2001 de la mano del agricultor y conocedor del mundo rural Pablo Lorenzo García Marrero, rescató esta tradición y la convirtió en una representación que se repite cada mes de junio. La actividad la organiza el propio colectivo con la colaboración del Ayuntamiento de Fasnia y la Fundación Tenerife Rural.
El esfuerzo se enmarca en un trabajo más amplio de recuperación del patrimonio etnográfico del municipio, que ha incluido la publicación del libro La Mudá, costumbre de un pueblo —una recopilación de testimonios de vecinos— y la habilitación de un centro de interpretación en las cuevas de El Burgado, junto al embalse de Chifira, donde pastores y carboneros locales se instalaban temporalmente.
La recreación de Fasnia coincide este fin de semana con Al paso de la cumbre, la escenificación del trueque que Santiago del Teide entre los municipios de El Tanque y Garachico celebra cada año y que alcanza su decimonovena edición. La cita, prevista para hoy, reúne a campesinos ataviados con ropajes de hace casi un siglo, entre ellos cabreros, cochineros, lecheras, panaderas, caciques y hasta brujas, que reproducen, con aperos de labranza y enseres antiguos, el intercambio de productos con el que las generaciones canarias buscaban el sustento familiar por caminos y veredas.










