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Lola Herrera, actriz: “Mientras haya espectadores y alguien que cuente una historia, el teatro estará ahí y va a estar toda la vida”

Lejos de jubilarse, sigue demostrando que es una de las grandes damas de la escena española. Lo hizo ayer en Tenerife
Lola Herrera, actriz: "Mientras haya espectadores y alguien que cuente una historia, el teatro estará ahí y va a estar toda la vida"
La actriz Lola Herrera

Vivió, como en toda dictadura, una época de silencios. Sin embargo, en su casa, en su familia, no los había. Se hablaba de todo lo que había que hablar con el cuidado debido pero nunca con secretismos. Quizás por ello, Lola Herrera no teme expresar sus sentimientos, su visión del mundo, y criticar aquellos aspectos de la sociedad que no le gustan y que considera que se pueden cambiar. El 30 de junio cumple 91 años y, lejos de jubilarse, la actriz vallisoletana, sigue trabajando con la misma pasión de siempre, viajando y demostrando que arriba del escenario sigue siendo una de las grandes damas de la escena española. Lo hizo ayer en Tenerife, en el marco del festival Veranos del Taoro, donde presentó la obra Camino a la Meca, basada en la vida de la escultora sudafricana Helen Martins.

– La protagonista de Camino a la Meca es una mujer que se reveló contra todos los estándares de la época en pleno apartheid. ¿Se siente identificada con su personaje?
“Da mucho gusto dar vida a un personaje que es una mujer y una batalladora, que luchó contra todos los elementos en Sudáfrica en la época del apartheid. Ella estaba en un reducto pequeño pero también le llegaba lo que estaba sucediendo. Aunque lo del apartheid está latente, sí están en primer término los resultados y ella los padece, porque de alguna manera quieren gobernar su vida y no aceptan que rompa moldes con sus esculturas, que no vaya a la iglesia y esas cosas. Es muy gratificante el personaje porque es poner encima del escenario situaciones que pasan, que nos pasan a las mujeres especialmente y en otras épocas más, aunque no sé, porque vamos camino de retroceder en el tiempo”.

-¿Usted también prefiere más las preguntas que las certezas y valora por sobre todas las cosas la libertad y la autonomía?
“Por supuesto. Siempre hay que ir en busca de algo mejor y la batalla es continua. Para nosotras las mujeres, desde que el mundo es mundo. Ha habido épocas que se han ganado terrenos, pero luego se han perdido. Lo de luchar va unido a nosotras y creo que al ser humano en general, pero vamos, a las mujeres particularmente”.

-En esta época de saturación de información, de dependencia a las redes sociales y retrocesos en muchos sentidos, ¿el teatro y el arte son más necesarios que nunca?
“Mucho, pero vivimos en una época en la que parece que la gente está por otras cosas, en la que priman los modernismos, la individualidad, y el quedarse delante de una pantalla del tamaño que sea en cualquier sitio. Lo de compartir se lleva poco, y cuando se comparte, es a unos volúmenes que no se pueden escuchar. No sé por dónde va el mundo, pero me preocupa como ser humano. No me gusta tanto este mundo de prisas, de gente por todas partes, en el que todo son como procesiones -en el peor de los sentidos- para ver las cosas. Las procesiones para la gente que tiene fe y va a adorar a sus santos tienen un sentido, pero me quedo un poco perpleja cuando se ven moles de gente que se mueven para un lado y para otro. Y aunque yo me vaya a ir dentro de poco de aquí, me preocupa por los que se quedan y por los que vendrán”.

-¿Las personas aspiramos a caminar hacia un lugar sagrado como La Meca para encontrar aquello que anhelamos?
“Creo que es necesario tener caminos que transitar. No ponerse metas, sino caminos. Lo importante, como decía el poeta, es caminar, porque todo lo que puedas encontrar en el camino te va a valer, tanto los reveses como los aciertos, y eso te va a enseñar a vivir, a defenderte. Todos tenemos que luchar por algo mejor, pero parece que estamos ahora en una época en que hay demasiada gente que está por la individualidad, por las metas cortas, o quiere ser el dios de los dioses a los 25 años, cosa que es casi imposible, salvo alguna excepción. Hay mucha prisa para llegar a no sé donde”.

-Hablando de poetas, Shakespeare dijo que el mundo entero era un escenario, un escenario que a usted no te gusta…
“Ahora mismo no me gusta el panorama general que hay, y sobre todo, que vayamos a perder derechos y lo establecido para que haya unas formas de caminar y de gente que gobierna los países. Yo estoy muy asustada con Estados Unidos. Hasta ahora hemos visto que sucedían otras cosas y que nos enterábamos menos de esas cosas, pero este disparate es contaminante y poderoso. Es terrible la extrema derecha vociferando por todas partes. Me asustan los seguidores, sobre todo si son jóvenes que no tienen ni idea. Ahora oigo decir cosas como ‘hace falta un mundo más totalitario’ cuando no saben lo que es vivir en un mundo totalitario, pero como se enteren… Quisiera que no se enterasen, porque es terrible para la inmensa mayoría. Esperemos que no se salgan con la suya, pero lo veo muy difícil porque hay un sinsentido que no sé hasta dónde va a llegar”.

-¿La vida es una obra de teatro que no admite ensayos?
“Evidentemente, porque si se podría haber ensayado no estaríamos donde estamos. Esta vida no admite ensayos pero el teatro puede ser una plataforma donde se reflexione un poquito. Al lado de todas las movidas que hay, el teatro puede conseguir esa especie de unión maravillosa en la que unos representan y cuentan una historia y otros escuchan y esa historia va adentrándose en las personas y a veces ocurre que conectan con cosas que a lo mejor no tienen que ver con lo que están oyendo, pero que les mueve el alma para la reflexión, para encontrar caminos, aunque sean instantáneos y luego se vayan perdiendo. Pero un caminito y otro caminito hacen una carretera grande. Por eso creo que es importante la labor del teatro, que yo pueda comunicar desde ahí con el público y poder transmitirles lo que deseo y pienso a través de la historia y el personaje que me toque vivir. Es el sitio donde mejor me encuentro porque es lo que me gratifica, lo que he hecho toda mi vida, que me ha ocupado una parte importantísima siempre y yo se la he entregado generosamente. La verdad es que mi profesión me parece hermosísima y me hace disfrutar mucho, porque además, gracias a ella me he tenido que meter en el mundo, en la cabeza y en el alma de muchas mujeres que ni sabía que existían y tampoco conocía sus preocupaciones. Y todas ellas me han enseñado muchas cosas a lo largo del camino”.

-¿Alguna vez se planteó dejar de actuar o se cansó de hacerlo?
“No. Hubo una época a los 40 y pico que ya empezaban a escasear los trabajos para las mujeres de esa edad, que ahora deben de ser las de 60. Entonces éramos un grupo de unas cuantas actrices que coincidíamos en bastantes programas que hacíamos en televisión aparte del teatro y un día que dijimos: Oye, ¿por qué no no montamos un negocio real y nos vamos una temporada a ver cómo nos va fuera de aquí? Fue una conversación que la recuerdo porque realmente debía de haber alguna inquietud grande que nos movía a plantearnos eso, que era nuestro propio trabajo, que escaseaba, pero luego volvió la normalidad y se olvidó totalmente. No sé qué hubiera hecho sin un escenario porque para mí ha sido totalmente necesario e imprescindible, ha sido la vida”.

-¿Se considera una privilegiada de poder seguir haciéndolo a los 90 años?
“Sí. Me considero una persona a la que le ha tocado el premio gordo de la lotería en mi trabajo. Me han tocado muchas cosas desagradables en la vida, pero tengo que valorar las agradables y es que he hecho un camino de salud bastante bueno, tengo mi cabeza en condiciones porque me he pasado la vida estudiando, y por lo tanto, puedo seguir trabajando con toda normalidad y disfrutando de ello”.

-¿Las mujeres que se quieren dedicar al teatro lo tienen más fácil que cuando usted empezó?
“No, porque cuando yo empecé éramos seis las que nos queríamos dedicar al teatro ya que se decía que si las mujeres salían en un escenario o en el cine eran putas, se volvía en contra. Para encontrar unos padres razonables o alguien que entendiese lo que querías hacer era muy difícil. Y ahora en nuestro país hay una cantidad de hombres y mujeres que todos los años salen de escuelas de teatro. La profesión se ha hecho inmensamente grande y por eso lo tienen mucho más difícil. Además, está reñido con llegar el primero, con ser amable con quien tiene que serlo, y hacer relaciones públicas. Eso no quiere decir que lo sepan hacer mejor, sino llegar donde tienen que llegar. A mí me da mucha ternura y también mucha pena que se queden atrás las personas tímidas, a las que les cuesta más saludar a alguien que no conocen mucho o ser simpáticas”.

-En su caso, ¿tuvo el apoyo de su familia cuando le planteó que quería hacer teatro?
“Yo no empecé porque quería hacer teatro, yo al teatro me lo encontré. Estaba en Radio Valladolid, me quería ir de la ciudad, y pedí el traslado a la sede a Radio Madrid desde donde, por una serie de circunstancias, aterricé en el Teatro de la Comedia de Madrid. Fue algo circunstancial, y aunque dije que no había hecho teatro nunca, me hicieron una prueba. Así que empecé en ese teatro, que es uno de los más maravillosos, y con Manuel Dicenta en la cabecera, que era un actor de primerísimo orden. En los primeros días tuve mucho susto, muchas palpitaciones, pero cuando ya me serené y pude hacer el trabajo, entregarme, olvidarme de dónde estaba y ser el personaje que tenía que ser, descubrí que no me había sentido en ninguna parte tan sumamente feliz como ahí. Y entonces dejé la radio y me quedé en el teatro para siempre, a hacer el camino. Mis padres siempre entendieron que tenía algo más que contar y que dar y que necesitaba hacerlo, así que por ese lado, fue fácil. Lo difícil fue que a todos en la familia nos dolía mucho estar separados”.

-¿Qué radiografía hace del teatro actual? ¿Cómo cambió desde que usted comenzó?
“Cuando yo empecé en el teatro no había televisión, es decir, el ciudadano en general no la tenía en su casa. El cambio ha sido muy grande porque el teatro se ha ido sustituyendo y sufrió una crisis bastante grande cuando la televisión y el cine empezaron a tomar auge. El teatro es como un ser que coge todas las enfermedades pero sobrevive y sobrevivirá siempre porque no hay nada como que te cuenten una historia en directo. Si la historia te gusta y la compras, no hay mejor momento, porque ya nadie escucha a nadie o se escucha muy poco. Se ha ganado mucho en tecnología, pero se ha perdido mucho en las giras, por ejemplo, porque antes eran ordenadas, ahora son dando saltos como cabras en el mapa todas las semanas y eso es muy agotador para quienes vamos haciendo nuestro trabajo. No hemos tenido más remedio que adaptarnos, pero la verdad que es muy cansador. Luego se han perdido pequeñas costumbres que eran una parte del teatro. Yo echo mucho de menos la tablilla oficial que se ponía. Pequeñas cosas que hacen un todo. Se pierden algunas cosas y se ganan otras, como la tecnología y los escenarios. Y aunque nos hemos cargado un montón de teatros maravillosos, todavía sobreviven unos cuantos estupendos que da gloria entrar en ellos. Y mientras haya unos espectadores y alguien que cuente una historia, el teatro estará ahí y va a estar toda la vida, porque esto empezó en el comienzo de los tiempos y seguirá hasta el final, estoy totalmente convencida”.

– ¿Qué balance hace de su vida a escasos días de cumplir 91 años?
“Positivo. Aprendí a vivir con una dictadura, con todas las dificultades que eso conlleva y con el deseo que dejase de serlo. Cada una de las personas que queríamos un cambio batallamos, luchamos, desde donde podíamos y ha sido un camino que tuvo sus frutos y que ahora está empezando a ponerse feísimo. Pienso que algo no se ha hecho bien desde la transición para que estar donde estamos, para que la gente esté tan desinformada, y sobre todo que haya tantos jóvenes inclinados por cantar el Cara al sol. Eso me preocupa muchísimo, porque considero que no se ha informado bien, que hemos sido muy generosos con los dictadores y eso no puede ser. Los dictadores tienen que ser siempre llamados por su nombre y se debe divulgar lo que han hecho continuamente para que no se repita. De momento no veo la forma de arreglarlo porque se ha hecho todo lo que se ha podido. Se ha formado un gobierno contando con otras fuerzas políticas, se han dado pasos importantes, y se ha luchado contra viento y marea con una oposición inexistente. Pero es como si tuviéramos un chaparrón encima. Supongo que en los años sucesivos se estudiará qué pasó, pero ahora lo único que podemos hacer es abrirnos camino a ver cómo podemos salir de ésta”.

“A mí me gusta el teatro por el contacto directo con el público”

Lola Herrera no hace caso al debate sobre si la experiencia teatral es un requisito indispensable para ser considerado un verdadero actor o actriz. “Eso pertenece a otros tiempos. Son historias distintas, el teatro es la cuna, y el cine y la televisión vinieron después”, sostiene. Para ella, “la interpretación a través de una cámara es un trabajo absolutamente maravilloso si tú dominas eso, pero claro, hay que saber dónde está la cámara siempre, cómo mirar y cómo trabajar con grandes directores.

Hay trabajos geniales en el cine”, un medio en el que ha trabajado poco. “A mí lo que gusta es el teatro porque me gusta el contacto directo con el público”. Quizás por ello, “no he atendido al cine ni me han atendido cuando estaba en edad de hacerlo porque me quedé fascinada con el escenario, pero grandes y pequeños hay en todas partes”. Confiesa que “sería incapaz de hacer trabajos en el cine como ve en muchas actrices, que dominan las cámaras y dan normalidad a una cosa que has empezado a lo mejor por el final. Eso tiene un trabajo de hilar muy fino y es maravilloso cuando está bien hecho, como todo”

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