La cúpula de la Iglesia católica en el Archipiélago ha decidido dar un paso al frente ante la compleja realidad social que atraviesan las islas. El Obispo de Canarias, José Mazuelos Pérez, máximo representante eclesiástico de la provincia de Las Palmas, ha analizado de forma directa los principales problemas estructurales que asfixian a la población canaria. Durante un encuentro sectorial con religiosos celebrado en la emblemática Catedral de Santa Ana, el prelado ha puesto el foco en cuestiones críticas que van más allá del ámbito espiritual, señalando la “precariedad laboral” y el “drama migratorio” como heridas abiertas que requieren atención inmediata.
En su intervención, Mazuelos desgranó una radiografía social donde las dificultades económicas y de habitabilidad están condicionando los hogares del Archipiélago. La institución religiosa insiste en la necesidad de mantenerse cerca de los sectores vulnerables para ofrecer escucha y acompañamiento real en un entorno cada vez más hostil para las familias trabajadoras.
El Obispo de Canarias señala los peligros de la crisis de la vivienda
Uno de los puntos más rotundos de su alocución estuvo dedicado a denunciar las severas “dificultades de acceso a la vivienda” que padece la ciudadanía, un factor que, sumado al aislamiento que sufren los ancianos de las islas, configura un escenario de extrema fragilidad. El Obispo de Canarias defendió la labor de las parroquias como espacios de auxilio y contención frente a estos desequilibrios sociales que afectan el día a día de miles de residentes.
El turismo en las islas también ocupó una parte central de su intervención en Las Palmas de Gran Canaria. Mazuelos reconoció abiertamente que el sector turístico se consolida como “una de las principales fuentes de sustento para muchas familias” y un motor indispensable para el desarrollo económico y social del territorio canario. Sin embargo, lejos de quedarse en el análisis superficial, el representante de la Diócesis detalló la otra cara de la moneda de este fenómeno de masas.
Para el líder eclesiástico, el constante flujo de visitantes y la movilidad permanente representan un “desafío pastoral” de primer orden. Los ritmos acelerados de la vida urbana moderna y la consolidación de una cultura orientada de manera casi exclusiva hacia el consumo masivo y el bienestar inmediato imponen barreras complejas para la transmisión de valores tradicionales y la labor de evangelización en las islas.
Una secularización al alza que preocupa a la Diócesis
La pérdida de arraigo religioso entre las nuevas generaciones es otra de las realidades que la Diócesis de Canarias percibe con especial preocupación en la actualidad. Mazuelos Pérez lamentó el avance de una “creciente secularización que debilita el sentido de Dios, la práctica sacramental y la transmisión de la fe en las familias”. Según el balance presentado, un volumen significativo de jóvenes crece hoy en día dentro de entornos donde la experiencia y los valores cristianos se han vuelto elementos marginales o sumamente frágiles.
No obstante, esta transformación cultural es vista por el Obispado como un catalizador para recuperar el impulso misionero en las islas. Coincidiendo con el 75 aniversario del nombramiento de San Antonio María Claret como Copatrono de la Diócesis por parte del Papa Pío XI, la Iglesia local busca reconfigurarse como un espacio abierto y acogedor adaptado a una sociedad plural y en continuo cambio. El objetivo final de la congregación es transformar la masiva llegada de turistas en una oportunidad de intercambio cultural, mostrando la vitalidad de la comunidad canaria más allá de sus conocidos atractivos naturales.






