Tenerife se ha convertido oficialmente en el escenario del misterio más adictivo del año. La nueva serie de Netflix, titulada Oasis, llega a las pantallas respaldada por unas críticas que ya la equiparan con el fenómeno internacional The White Lotus.
Con Paco Tous y Ana Garcés como protagonistas, este thriller policiaco de ocho episodios utiliza la belleza oculta y los hoteles de cinco estrellas de la isla canaria para dar forma a una inquietante trama que arranca con la misteriosa desaparición de una joven.
En el reparto también están Tomy Aguilera, Victoria Kantch y Verónica Sánchez, pero uno de los protagonistas fundamentales de la producción no figura en los títulos de crédito, sino en la propia isla de Tenerife, que despliega ante los objetivos de las cámaras sus parajes más imponentes, fusionando hoteles de lujo, pueblos de arraigo costero, acantilados verticales y extensiones volcánicas.
Un hotel de lujo de Tenerife, el epicentro del misterio
El eje central de los acontecimientos se sitúa en las instalaciones de Oasis Infinity, el exclusivo complejo vacacional que sirve de alojamiento a los personajes principales y donde se inician las pesquisas policiales que perturban la estancia de los huéspedes.
Aunque en la ficción se describe como uno de los establecimientos hoteleros más lujosos del territorio nacional, la edificación existe y corresponde con el Gran Meliá Palacio de Isora. Este hotel de cinco estrellas se localiza en el núcleo de Alcalá, en el municipio tinerfeño de Guía de Isora, en la costa de la Isla.
El complejo destaca por sus vistas directas hacia el océano Atlántico y la isla vecina de La Gomera. Definido como un espacio de desconexión en primera línea de costa, tiene cinco piscinas. Entre ellas destaca su infinity pool, reconocida por ser la piscina de agua salada integrada en un hotel más larga de todo el continente europeo.
Los jardines, las áreas de baño y los espacios exteriores de este resort de Guía de Isora configuran el escenario donde se articulan las alianzas, los conflictos interpersonales y los secretos de la trama a lo largo de las entregas de la producción.
De norte a sur, de piscinas volcánicas a acantilados
A poca distancia a pie desde el hotel, la producción localiza los primeros exteriores de la nueva serie de Netflix. Se trata de la playa de La Jaquita, una zona de baño caracterizada por su arena negra y una piscina natural. En este punto, los protagonistas llevan a cabo una escapada nocturna durante el transcurso del primer capítulo.
Este espacio litoral es uno de los más valorados por los residentes del municipio de Guía de Isora, compartiendo popularidad con la playa de San Juan debido a sus aguas transparentes y las vistas de los atardeceres con la silueta de La Gomera en el horizonte.
Para el rodaje, el equipo técnico modificó estéticamente los alrededores con el fin de aportar una apariencia considerablemente más salvaje y salvaguardar una continuidad directa con el hotel.
El mar adquiere una trascendencia absoluta durante el segundo episodio de la nueva serie de Netflix, momento en que los huéspedes del complejo contratan una excursión marítima. Las secuencias toman como punto de partida el puerto de Garachico, un enclave situado en el norte de Tenerife que cuenta con un dique de más de 600 metros de longitud.
El casco histórico de Garachico ostenta la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC). No obstante, el principal reclamo turístico del área son las piscinas naturales de El Caletón, formadas tras el enfriamiento de la colada de lava procedente de la erupción del volcán Arenas Negras.
Posteriormente, la acción se desplaza hacia los acantilados de Los Gigantes, en el municipio de Santiago del Teide. Estas estructuras de origen volcánico se elevan de forma vertical sobre el océano alcanzando altitudes de hasta 600 metros.
En la ficción, las paredes de piedra sirven de marco para una jornada de navegación donde se hace alusión al avistamiento de fauna marina local, como cetáceos, delfines y calderones, elementos habituales de la costa occidental tinerfeña.
Un desenlace desértico entre sanatorios y faros del sureste
El tramo final de la nueva serie de Netflix abandona la estética del hotel de lujo de Guía de Isora para adentrarse en las zonas del sureste de Tenerife. Las localizaciones del último episodio muestran un entorno árido y desértico que contrasta con la vegetación de la primera mitad de la serie.
Las escenas definitivas del thriller se filmaron entre dos puntos geográficos cercanos: la Leprosería de Abona (también denominada Sanatorio de Abades) y el faro de Punta de Abona o del Porís.
El antiguo sanatorio, cuya construcción se remonta a la década de los años 40, nunca llegó a emplearse para fines sanitarios, conservando una estética de abandono que sirve para acentuar la tensión del desenlace.
A escasa distancia, el faro de Punta de Abona, caracterizado por sus franjas horizontales de colores blanco y rojo, proyecta su señal lumínica desde una altura de 39 metros. Este faro es uno de los siete que jalonan el perímetro costero de Tenerife, posicionándose geográficamente entre el faro de Punta de Rasca y el de Punta de Anaga, y manteniendo a su lado la estructura del antiguo edificio original.







