Canarias enfrenta “un escenario de estrés hídrico estructural”. Según recoge la Fundación Renovables en su informe El consumo de agua en Canarias y Baleares -complementado por un estudio sobre las infraestructuras hídricas en islas turísticas- los efectos del cambio climático y la presión antrópica derivada de un modelo turístico y agrícola intensivo han llevado al Archipiélago a una situación límite. Uno de los indicadores más claros de esta realidad es el estado de los acuíferos, principal fuente natural de abastecimiento de agua dulce en territorios como Tenerife. En la Isla, las cuatro masas de agua subterránea existentes presentan un “mal estado cuantitativo” al registrar índices de explotación superiores a 0,8.
Actualmente, el agua se extrae a un ritmo muy superior al de su recarga natural. El principal consumidor de este recurso es la actividad agrícola, que concentra cerca del 50% del uso total de agua en Canarias, alrededor del 40% en islas centrales y hasta un 87% en La Palma.
En Tenerife, la demanda “se concentra especialmente en los municipios del sur y suroeste de la Isla”, recoge el informe. Guía de Isora registra el mayor consumo agrario de regadío, con 14,1 hm³, seguido de Arona, con 10,4 hm³, “ambos vinculados al predominio del cultivo de plátano y a la expansión histórica del regadío intensivo”.
Sin embargo, subrayan que la sobreexplotación de los acuíferos no puede entenderse sin tener en cuenta el crecimiento de la población y el aumento sostenido del número de visitantes. El turismo constituye “uno de los principales motores de la demanda hídrica”, señala el estudio, aportando además un dato revelador: el consumo de agua de un turista puede llegar a multiplicar por seis el de un residente. Mientras el gasto doméstico medio en Canarias se sitúa en 150 litros por habitante y día, un visitante alojado en un hotel de cinco estrellas consume entre 600 y 1.000 litros por noche.
La presión del turismo sobre los recursos hídricos no solo responde a la demanda de hoteles, spas, piscinas o zonas ajardinadas -cuyo riego puede representar hasta el 50% del gasto de agua de un complejo hotelero-, sino también al consumo indirecto asociado a su cadena de valor. El estudio destaca especialmente la producción agrícola destinada a abastecer al sector y las lavanderías industriales, y calcula que, a escala mundial, el 80% de la utilización vinculada al turismo se produce indirectamente.
Cambio de modelo
En las Islas, la naturaleza volcánica del terreno y su relieve dificultan el aprovechamiento de las aguas superficiales, por lo que los acuíferos se han convertido en la principal fuente de agua dulce. Pero sobre este recurso no solo pesa una creciente presión humana: el cambio climático también está reduciendo su capacidad de recarga al disminuir y hacer más irregulares las precipitaciones. En Tenerife, por ejemplo, alertan de que la reposición de los acuíferos ha descendido del 36% histórico al 29% en las últimas décadas. Para compensar este déficit de lluvias, se ha recurrido cada vez más a la desalación, una solución que, no obstante, implica un elevado consumo energético y mayores emisiones de CO2 cuando la electricidad procede de combustibles fósiles.
Según el centro de investigación, alternativas como la captación de agua de niebla y de lluvia pueden resultar beneficiosas, aunque, dada la magnitud de la demanda actual, se consideran fuentes complementarias. Por ello, proponen un “cambio de enfoque” pasando de “políticas centradas en el aumento de la oferta hacia estrategias que prioricen el ahorro, la eficiencia y la reutilización”.
Entre las medidas planteadas figuran el establecimiento de umbrales de capacidad de carga hídrica por isla y por zona turística, condicionando las nuevas licencias a la disponibilidad real de recursos, así como la implantación de tarifas progresivas que reflejen el coste real del agua y penalicen los consumos excesivos. Porque, concluye la fundación, “el crecimiento turístico indefinido en territorios insulares con recursos hídricos limitados no es viable”.
Canarias pierde casi la mitad del agua en las redes de abastecimiento
Las pérdidas de agua en las redes de abastecimiento constituyen una de las principales ineficiencias del sistema hídrico insular. Una investigación de la ULL, recogida en el informe, estima que casi la mitad del agua se pierde antes de llegar al consumidor. Lanzarote registra el peor dato, con pérdidas superiores al 60% del agua potable producida, mientras que en Tenerife el Plan Hidrológico estima un 28% de agua no facturada, aunque organizaciones elevan esta cifra al 60% en algunas zonas por el deterioro de las conducciones.
Para revertir esta situación, Fundación Renovables propone rehabilitar las infraestructuras, implantar sistemas de telecontrol y sensores para detectar fugas, mejorar la sectorización de las redes y priorizar la inversión en los tramos más deteriorados. Porque, subrayan, “no tiene sentido incrementar la capacidad de producción de agua en un sistema que no es capaz de transportarla eficientemente”.







