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José Luis Machado Carilla, abogado, historiador e investigador: “Las intrigas de Carlos IV y María Luisa de Parma impiden un mejor conocimiento de Bernardo de Gálvez”

El historiador José Luis Machado Carilla analiza el papel decisivo de la emigración tinerfeña en el poblamiento de La Luisiana
A la izquierda de la imagen, José Luis Machado Carilla, abogado, historiador e investigador, en una entrevista con el periodista Andrés Chaves. | DA
A la izquierda de la imagen, José Luis Machado Carilla, abogado, historiador e investigador, en una entrevista con el periodista Andrés Chaves. | DA

El abogado, historiador e investigador José Luis Machado Carilla nació en La Orotava en 1947. Desde los cinco años vivió en Santa Cruz, regresando puntualmente cada verano a La Orotava y al Puerto de la Cruz. Es licenciado en Derecho y graduado social, con Medalla de Oro al Mérito del Trabajo. Ejerció la abogacía en distintos ámbitos del derecho para empresarios y la intermediación social. Organizó el hermanamiento Tacoronte-Guimaraes (Portugal) y fue embajador cultural de esta última ciudad, Capital Europea de la Cultura en 2012. Ha participado en congresos internacionales de historia en Portugal y ha escrito 65 libros sobre genealogía e historia familiar: Borgoña, La Palma, legitimidad y literatura. Son obras difundidas ampliamente en América, accesibles en Amazon. No pertenece a asociaciones, ni a clubes, y lleva una vida familiar discreta, en su casa de los altos de La Orotava. Es un especialista en la vida y en la obra de la familia Gálvez. Bernardo de Gálvez fue uno de los padres fundacionales de la gran nación que hoy son los Estados Unidos. Un retrato de este militar y político español se exhibe en el edificio del Capitolio, en Washington.

-Has publicado sobre la familia Gálvez. Háblame de estos libros.
“Sí, he publicado dos, “Familias canarias en el poblamiento de la Luisiana de Bernardo de Gálvez” y “La Luisiana española en sus documentos”. Creo que ahí está casi todo”.

-¿El contenido?
“El primero constituye la enumeración alfabética de cada familia contratada por la monarquía de España para desplazarla a poblar el delta del Mississippi. Estaba integrada por los hombres que formarían los regimientos de voluntarios 1 y 2, al modo de las milicias provinciales, al mando del coronel y gobernador Bernardo de Gálvez de la Madrid”.

-Con ayuda de su padre, ¿no es verdad?
“En Tenerife se ocupó de la recluta su padre, Matías de Gálvez, entonces teniente del capitán general, el marqués de la Cañada, quien comentó que de seguir Matías el ritmo de reclutamiento despoblaría el archipiélago. Cuando lo destinaron a Honduras se ocupó de la referida recluta el ingeniero militar Amat de Tortosa. Como el convoy de Indias no llegaba, los pasajeros y los soldados fueron embarcados en navíos de poco tonelaje”.

-Un peligro para las tropas y para los familiares civiles.
“El primero que salió fue el navío llamado Santísimo Sacramento, el 10 de julio de 1778, y sucesivamente doce más, transporte que culminó con el San José, con las mujeres de los soldados a bordo, que no conocían el mar pero que decidieron reunirse con ellos, a pesar del pánico que soportaron. En total, 2.656 pasajeros, setecientos de ellos soldados. Iban con destino a Tierra de Bueyes, Barataria, Valenzuela, San Bernardo y Nueva Orleans”.

-¿Y el segundo libro?
“Trata de los sucesivos gobernadores que tuvo La Luisiana y de sus administraciones”.
-¿Por qué viene Matías de Gálvez, el progenitor de Bernardo, a Tenerife con su familia?
“Matías de Gálvez era natural de Macharaviaya, en Málaga, y vivió 20 años en la isla. En 1756 firmó el contrato para administrar la hacienda de La Gorvorana, en el Realejo de Arriba, propiedad del marqués de la Breña, que pasó en 1765, en virtud de dote, a la Casa del marqués de Mejorada del Campo”.

-Parece que fue todo un personaje durante su estancia en Tenerife.
“Lo fue, porque se integró plenamente en la vida isleña y ocupó diversos cargos, entre ellos síndico personero, alcalde de aguas, director del Estanco del Tabaco y el Timbre, castellano del castillo de Paso Alto y teniente del rey. En La Gorvorana introdujo técnicas agrícolas novedosas, como la plantación por barrena y el uso de la piedra en el lagar. Su llegada estuvo respaldada por la casa Commins-Power, gracias a su relación con Tomás Quilty Valois y los Cólogan Valois, lo que le permitió firmar un ventajoso contrato para la salida del vino y el mosto. En el ámbito militar construyó el fortín portuense de San Carlos y reforzó la batería de San Telmo, también en el Puerto de la Cruz, con dos cañones, para proteger la ensenada mediante fuego cruzado con el que provenía del castillo de San Felipe”.

-A su hijo Bernardo se le honra en los Estados Unidos como uno de los padres de la patria. Da nombre a grandes ciudades. Aquí ni siquiera se estudia en los libros de historia.
“Bernardo era un hombre reflexivo y sereno y técnicamente brillante. Salió de Tenerife con 14 años para ingresar en la Academia Militar y completó sus estudios en París, donde adquirió una formación moderna que aplicó con audacia en campaña”.

-Una vida interesante, ¿no?
“Lo fue, porque esa combinación de calma e innovación explica que conquistara Pensacola y recuperara las dos Floridas, derrotando a Inglaterra. Supo, además, pacificar a las naciones indias mediante estrategias sorprendentes: comprendió sus intereses –esposas, caballos y la continuidad del modo de vida de los indios— y los recibió en Nueva Orleans con hospitalidad y pactos refrendados con la pipa ceremonial. Lo mismo hizo con los acadianos y con la colonia francesa, con la que se integró plenamente al desposarse con Felícitas de Saint Maxent, con quien formó una familia”.

-¿Tuvo relación con George Washington?
“Claro que sí. Su ayuda a George Washington en la guerra de la independencia fue decisiva, siempre con el respaldo del rey de España, Carlos III, que llegó a endeudarse por esta causa y recurrió a Cabarrús para emitir bonos reales. Ante el bloqueo británico, la única vía de abastecimiento para los insurgentes era el río Mississippi y la cuenca del Missouri, por donde Bernardo les proporcionó fusilería, pólvora y pertrechos. Por todo ello se le considera, y con justicia, uno de los padres fundacionales de la nación norteamericana”.

(Este personaje realizó sus primeras correrías infantiles en la Plaza del Charco del Puerto de la Cruz, por los mismos escenarios que ha recorrido cualquier niño portuense de cualquier tiempo de la historia. En el Puerto de la Cruz, ni un solo recuerdo a su memoria, como es habitual en estas islas).

-¿Cuántos años vivió Bernardo de Gálvez en Tenerife?
“Como te dije, hasta los 14 años, y desde que llegó su familia aquí. Luego, la Academia Militar, coronel y gobernador de La Luisiana, más tarde gobernador de la isla de Cuba y, ya fallecido su padre, virrey de Nueva España, cuya jurisdicción abarcaba el México actual y provincias del interior, que constituían el vasto arco fronterizo que defendía el Norte de Nueva España”.

-Un territorio impresionante, por tantos motivos, no sólo por su extensión, ¿no es cierto?
“Lo era, y sí, por muchos motivos. Tierras duras, de presidios aislados y misiones dispersas, que se extendían desde el Golfo de México hasta el Pacífico. Allí estaban Nueva Vizcaya, con sus llanuras interminables; Sonora y Sinaloa, abiertas al desierto; Coahuila y Texas, en tensión con las naciones indias; Nuevo México y Santa Fe; y las dos Californias, donde las misiones avanzaban hacia el Pacífico. A ese conjunto se suma Luisiana, incorporada a la jurisdicción del virrey. Era un territorio inmenso, frágil y decisivo que Bernardo de Gálvez gobernó con la serenidad y el talento que lo hicieron entrar en la historia. Murió en el ejercicio del cargo, con solo 40 años, y no hubo mayor funeral que se recuerde en la América de aquellos años”.

-¿Por qué España le condena casi al olvido?
“Sobre todo porque la política de Carlos IV y de María Luisa de Parma borró la huella de Bernardo de Gálvez”.

-La eterna historia contradictoria de España, ¿no?
“Sí, la permuta de La Luisiana por el efímero reino de Etruria, en Italia, los pactos con Francia y luego con Napoleón y el arresto de Cabarrús, precisamente cuando lo visitaba la viuda de Gálvez, que fue desterrada a Valladolid, crearon un clima hostil hacia todo lo que oliera a la etapa anterior. A ello se sumó la venta de los derechos dinásticos a Napoleón, que entronizó a José I, y la influencia de Humboldt, que en 1804 convenció a Jefferson de comprar La Luisiana, eliminando la contención española sobre la cuenca del Mississippi. Con la pérdida del territorio y el descrédito político de la época, la figura de Gálvez quedó relegada en la memoria española, a pesar de su papel decisivo en la independencia de los Estados Unidos. Pero no allí”.

-¿Es cierto lo que se dice que el padre de Bernardo, Matías, creó defensas falsas en las costas de Tenerife?
“No del todo y te lo explico. La mayor defensa de Tenerife, como ocurrió en Puerto Rico, era su propia geografía: los acantilados basálticos y la costa abrupta. En el Puerto de la Cruz, los navíos no atracaban, sino que se cargaban y descargaban por medio de lanchones. Los buques permanecían fondeados. Matías de Gálvez entendió bien esa ventaja y la reforzó con astucia. Levantó un trampantojo defensivo en San Telmo, que desde el mar parecía una fortificación, pero no era más que un muro con dos cañones y una empalizada de madera, con dos garitas donde se colocaban milicianos voluntarios como fusileros. A los ojos de cualquier invasor, aquello simulaba una batería sólida. En realidad, era una ilusión militar muy eficaz. Además, construyó el fortín de San Carlos en la playa y barranco de Martiánez”.

-Acabas de escribir un libro sobre la “sociedad cultural” canaria, tomando como hilo conductor a Carlos Gaviño de Franchi. ¿Qué te parece el personaje?
“En “Prestigio y sombras en la cultura canaria. Poder y legitimidad” (Amazon) analizo cómo se construye y se administra la legitimidad cultural en Canarias: quién la otorga, quién la disputa y qué tensiones genera”.

-Yo he leído el libro y me parece muy revelador.
“Es que recorro en él la confusión entre escritores y gestores, la burocratización de la vida cultural y la fragilidad del canon insular, siempre expuestos a silencios, disputas y apropiaciones. En ese paisaje aparece Carlos Gaviño, autor de una obra breve pero también editor minucioso, un personaje singular que comprendió a su manera la distancia entre la cultura real y el canon institucional que pretende representarla. Su trayectoria permite observar cómo funcionan las élites locales, las redes de influencia y los mecanismos simbólicos que otorgan prestigio o invisibilizan a ciertos actores. Mi intención es mantener un tono crítico y documentado. Por eso prefiero no opinar sobre personajes concretos y remitirme al texto”.

-¿En qué fuentes documentales te mueves para revivir la historia, José Luis?
“Trabajo con mis propias fuentes. Tengo una extensa biblioteca, construida durante décadas, y más de un centenar de libretas donde he ido anotando genealogías, documentos, referencias y hallazgos. Ese archivo personal, mezcla de lecturas, manuscritos y notas de campo, es el que me permite reconstruir con detalle y seguir los hilos que no suelen aparecer en los relatos oficiales”.

(Dice que haber sido embajador europeo de la Cultura en 2012 fue un honor y una enorme responsabilidad. “Aquella Capitalidad Europea de la Cultura de Guimaraes se inauguró con la presencia de Antonio Guterres, hoy secretario general de Naciones Unidas, y del presidente de Portugal, lo que le dio una solemnidad muy grande. Fue una experiencia exigente y, a la vez, un privilegio”).

-Por último, José Luis. Son 65 libros publicados. ¿Estás cansado?
“No. Yo voy a seguir investigando mientras tenga preguntas que hacerme. Cada libro ha sido una pieza de un mapa mayor –la genealogía cultural, la legitimidad, la historia familiar, la memoria de las islas— que todavía no está completa. Dispongo de fondos documentales, de mis libretas y de una biblioteca que sigue creciendo y que genera líneas de fuga que me permiten trabajar. No me interesa la producción por sí misma sino la claridad que a veces aparece después de años de lecturas y anotaciones. Si esa claridad persiste habrá más libros; si no, bastará con lo ya escrito”.

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