Un viaje a través del tiempo transportó anoche a cientos de espectadores hasta el 24 de julio de 1797, cuando a las 22.00 horas de aquel día, las tropas inglesas, al mando del almirante Horacio Nelson, se preparaban para atacar Santa Cruz de Tenerife. Más de 1.100 hombres participaron en el asalto, que se inició en el entorno del Castillo Negro. El estado del mar complicó el desembarco, que al final se produjo en la madrugada del 25 de julio, siendo el momento en el que empezó la batalla.
Un fogonazo hundió el navío británico Fox, pero más de 150 hombres desembarcaron, donde los aguardaban las tropas españolas, al frente del general Gutiérrez liderando a 1.600 hombres. Cuando Nelson bajó a tierra, la metralla de un disparo lo hirió, por lo que perdió su brazo derecho. Mientras, cerca de 450 ingleses más llegaban al barranco de Santos para tomar el Castillo, aunque sus defensores les pusieron en retirada, conduciéndolos hacia el convento de Santo Domingo, donde fueron cercados y vencidos.
Este hito de la historia, que marcó el futuro de Santa Cruz, y de la Isla, volvió a revivirse anoche con motivo del 229 aniversario de la Gesta. Una recreación de la épica contienda que fue escenificada por más de 75 personas pertenecientes a la asociación Histórico-Cultural Gesta del 25 de Julio de 1797, junto al apoyo del regimiento fijo de Puerto Rico, milicias de otros municipios y la guarnición de los Doce de Su Majestad de La Palma.
El evento comenzó con la reunión de los recreadores en el puente de El Cabo, donde tras el videomapping proyectado sobre la fachada del Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA), en la que se narraron los episodios de la defensa de Santa Cruz, dio comienzo la rememoración de la batalla.
Disparos al aire, en un simulado fuego cruzado, envolvieron la ciudad de ese característico olor a pólvora, en memoria de una lucha entre británicos y españoles que finalizó con la escenificación de la rendición inglesa en el Palacio de Carta, la cual se produjo a las 6.30 horas del día 25, aunque 229 años atrás. Con la Capitulación, Reino Unido se comprometió a no a atacar las Islas y por ello se permitió a las tropas embarcar con honores. El combate había terminado.


























