Hay pequeñas historias que no suelen encontrar sitio en ese gran contenedor que llamamos actualidad, pero esconden detrás situaciones sorprendentes.
Resulta que en el aparcamiento de un restaurante de El Sauzal, un comensal dejó su coche aparcado.
Él sigue allí, almorzando, pero la maleza traicionera sepultó al vehículo, tras años esperando a su propietario.
El mago es olvidadizo pero nadie, por respeto, mueve el coche del lugar. Puede que su dueño ya esté en los postres.






