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Sara Pérez García: memoria y resistencia

Una viuda más del franquismo
Sara Pérez García: memoria y resistencia
Estelfa, Sara y José Miguel a color. Centro de la Cultura Popular Canaria.

La historia suele recordar a aquellas personas que han ejercido el liderazgo político, pero con frecuencia deja en segundo plano a quienes les acompañaron y les sostuvieron en sus ideales. Ese fue el caso de Sara Pérez García, una mujer adelantada a su tiempo cuya vida estuvo marcada por el compromiso político, la defensa de los derechos de las mujeres y la tragedia de la Guerra Civil española.

Nacida en Cuba en 1902, hija de emigrantes palmeros, Sara creció en un ambiente poco común para la época. Su padre, de ideas progresistas, la educó lejos de los dogmas religiosos y la animó desde muy joven para que conociera conceptos como el socialismo y la justicia social. Aquella formación moldeó sus valores, la hizo crítica e independiente, en una sociedad que reservaba a las mujeres un papel limitado.

A sus 82 años recordaba en la revista Bohemia que siendo una niña su padre “hablaba del socialismo, de lo que había ocurrido en Rusia. Nos alejó a todos de la religión y nos crio en ese ambiente radical”.

Durante su juventud escuchó hablar en el entorno familiar de un joven palmero que destacaba por su inteligencia y por su cercanía a obreros y campesinos: José Miguel Pérez. El destino quiso que ambos se conocieran en Cuba cuando él emigró a la isla en 1921. El encuentro fue decisivo. Apenas un año después contrajeron matrimonio y comenzaron una vida en común marcada por la educación, la militancia política y el compromiso social.

Sara Pérez García: memoria y resistencia
José Miguel Pérez, Estelfa y Sara en el centro, rodeados de sus alumnos.

Una nueva existencia. Su matrimonio con José Miguel Pérez

La pareja se instaló en La Habana, donde participó en la creación de una escuela racionalista que buscaba ampliar la formación de la clase obrera en la capital cubana y sus hijos. En aquellos años nació su única hija, Estelfa. José Miguel desarrolló una intensa actividad política en Cuba, que culminó en 1925 con su nombramiento como primer secretario general del Partido Comunista Cubano. Cuando llegó la dictadura de Gerardo Machado señalaron al emigrante canario como una amenaza. José Miguel fue deportado a Canarias, obligando a la familia a separarse temporalmente.

Sara no tardó en cruzar el Atlántico junto a su hija. Comenzaba así una nueva etapa que consolidaría su propia voz como intelectual y activista. Aunque durante mucho tiempo se la ha recordado principalmente como compañera de José Miguel Pérez, Sara desarrolló una trayectoria propia que merece ser reconocida.

En una época donde las mujeres no solían escribir en la prensa, ella colaboró con distintos medios, como el periódico promovido por su compañero, Espartaco. Abordó diversos temas sobre la realidad política y económica de Cuba. Sus textos destacaban por su tono crítico y por una notable independencia de criterio. No dudó en cuestionar al gobierno cubano y denunciar las injusticias que observaba desde la distancia. Algunas de sus publicaciones le generaron incluso problemas judiciales, llegando a enfrentarse a un proceso por supuestas injurias contra el mandatario cubano.

Con la llegada de la II República se abrieron nuevas posibilidades de participación política y social. Sara se integró activamente en el movimiento obrero de La Palma y formó parte del equipo de redacción de Espartaco, uno de los periódicos de referencia del obrerismo insular. Fue la única mujer elegida para desempeñar tareas de redacción dentro del proyecto.

A través de sus artículos defendió una visión avanzada de la emancipación femenina. Rechazó la dependencia económica y moral que la sociedad imponía a las mujeres y reivindicó su incorporación plena a las luchas sociales y políticas. Para ella, la igualdad no podía limitarse a una cuestión legal; exigía una transformación profunda de las estructuras sociales que mantenían a las mujeres en una posición subordinada.

Sus escritos muestran una conciencia feminista poco habitual en la época, cargada de solidaridad con quienes sufrían la represión. Sara se preguntaba por qué las mujeres no debían ocupar puestos de vanguardia en la lucha por el progreso humano y sostenía que nadie necesitaba más esa transformación que ellas mismas. Su propia vida fue un ejemplo de participación activa en espacios que tradicionalmente habían estado reservados a los hombres.

Sara Pérez García: memoria y resistencia
Estelfa Pérez en La Palma, durante el homenaje a su padre en 1986

La dictadura que cambió su vida

El golpe militar de julio de 1936 truncó brutalmente su realidad. La Palma logró resistir una semana bajo la legalidad republicana. Durante esos días no se dieron incidentes de violencia o daños a las personas de derechas. Todo cambió con la llegada de tropas y falangistas. Sara y José Miguel intentaron ocultarse para evitar la detención, pero finalmente fueron capturados en agosto.

Pocas semanas después se produjo el acontecimiento más doloroso de su vida. Recluida en la prisión de mujeres de Santa Cruz de La Palma, Sara percibió que algo grave ocurría. Las miradas de sus compañeras parecían transmitir compasión. El 4 de septiembre de 1936 recibió la noticia que cambiaría para siempre su existencia: José Miguel Pérez había sido fusilado aquella misma mañana en Tenerife.

Sara Pérez García: memoria y resistencia
Última carta de José Miguel Pérez, publicada en la Revista Bohemia en agosto de 1985.

La escena quedó grabada en su memoria. Un militar le entregó la maleta de su esposo y una carta de despedida. En ella, José Miguel le expresaba su amor y serenidad ante la muerte. Su hija Estelfa, de apenas trece años, conoció la noticia en medio de un ambiente de hostilidad y humillación pública. Sara encontró fuerzas para consolarla y transmitirle un mensaje que resumía toda una vida de convicciones: no había motivo para avergonzarse de quien había luchado por el bienestar colectivo y había muerto fiel a sus ideales.

El horror no terminó con el fusilamiento de José Miguel. Durante su encarcelamiento sufrió presiones constantes y llegó a temer que le arrebataran la custodia de su hija. Finalmente, gracias a la intervención de familiares, amigos y representantes diplomáticos cubanos, ambas pudieron abandonar Canarias y regresar a La Habana a finales de 1936.

Sara Pérez García: memoria y resistencia
Sara Pérez en sus últimos años. Revista Bohemia 1985

Su retorno estuvo lejos de ser fácil. Tuvo que trabajar intensamente para sacar adelante a su hija, pasando largas jornadas frente a una máquina de coser. Nunca abandonó la memoria de su compañero, ni las convicciones que habían compartido. Con el paso de los años vio crecer a su familia y fue testigo de importantes transformaciones políticas vividas en Cuba, país al que permaneció profundamente vinculada.

Su hija volvió a Canarias en 1986 para rendir un homenaje a su padre, con motivo del cincuenta aniversario de su fusilamiento. Fue una jornada de memoria popular, nacida antes de la propia existencia de la Ley de Memoria.

Sara Pérez García, cubana y palmera, hija de emigrantes, fue periodista, activista, feminista, maestra y defensora de los derechos de los trabajadores en una época especialmente difícil para las mujeres. Su historia refleja la de tantas luchadoras que participaron activamente en la construcción de una sociedad más justa y que sufrieron la represión desencadenada por la guerra y la dictadura.

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