La llegada del eclipse solar de este 12 de agosto, que ocultará más del 70% de Magec (el Sol) al atardecer en el Archipiélago, invita a mirar al cielo desde la cosmovisión de los antiguos guanches. Para las poblaciones aborígenes, la pérdida repentina de la luz solar no era un simple evento astronómico, sino una amenaza cósmica vinculada a las fuerzas del mal.
De acuerdo con las investigaciones de la arqueoastronomía canaria y los relatos recogidos por los cronistas tras la conquista, el Sol constituía la divinidad suprema de la vida, la fecundidad y las cosechas. Cuando la luz se apagaba de forma inesperada, los antiguos pobladores interpretaban que las tinieblas y los espíritus malignos amenazaban el equilibrio de las Islas.
Para los aborígenes de Tenerife y Gran Canaria, la ocultación del astro rey evocaba el mito del secuestro de Magec por parte de Guayota, el demonio que habitaba en las entrañas de Echeyde (el Teide). En este contexto, entender cómo entendían y vivían los astros los primeros canarios permite descifrar el valor de santuarios rupestres como Tindaya o el Bentayga, donde se realizaban ritos ancestrales ante las anomalías celestes.
El rapto de Magec y la sombra de Guayota
En la mitología prehispánica, el Sol no solo marcaba el ciclo de la siembra, sino que albergaba las almas de los antepasados. La tradición oral señala que cuando las tinieblas cubrían la luz, los antiguos indígenas temían la liberación de entes malignos como Jucancha en Tenerife o Iruene en La Palma, manifestaciones oscuras que rondaban al caer la penumbra.
Según los trabajos del Instituto de Astrofísica de Canarias y diversos estudios arqueológicos, los aborígenes poseían una notable precisión para medir solsticios y equinoccios mediante marcadores rupestres y grabados en forma de espiral. Sin embargo, un eclipse solar rompía el orden natural y exigía rogativas comunitarias para restaurar la luz.
Ritos y oraciones guanches en las cumbres sagradas
Frente a la inquietud de una ocultación solar, los sacerdotes aborígenes congregaban al pueblo en los almogarenes o lugares de culto situados en las cumbres. De acuerdo con las crónicas históricas, allí se realizaban vertidos rituales de leche y manteca sobre cazoletas de piedra para implorar la salvación de la divinidad solar por parte de Achamán, el dios supremo del cielo.
Este fenómeno volverá a repetirse este 12 de agosto cuando la sombra de la Luna cubra hasta un 73% del disco solar en Lanzarote y un 70% en Tenerife y Gran Canaria a las 19:53 horas. Si bien hoy la ciencia explica el evento con exacta mecánica celeste, contemplar el atardecer con los ojos de los antiguos guanches recuerda que, antes de la astronomía moderna, las Islas ya miraban al cielo con reverencia y sobrecogimiento.







