Guitarra en mano y sonrisa franca, así se presentaba en cualquier tenderete. Eran estas sus credenciales, distinciones que había ganado al paso de los años y que asumió de forma natural pues era virtud innata y la compartida con aquellos que sin proponerlo lo dicen todo con la mirada. Él, con su indiscutible “déjame entrar”, supo deshacer lo que otros percibían como infranqueables lindes de la etiqueta y del convencionalismo.
Juan Martín Alonso era así y se prestaba a dar su hombro a quien le pidiera ayuda, recabara un consejo o a los que sin pedirlo ni mediar palabra tuviera cerca y percibiera que necesitaban la atención y el encuentro.
Nació recorriendo los senderos de la isla y forjó su carácter al paso de medir el diálogo que precedía a la valoración del terreno y de los bienes agroganaderos. Su atento oído le permitió atesorar un caudal de vivencias, que se acrecentaban en las tertulias animosas y parranderas que surgían en cualquier encrucijada de los caminos. Todos sabían que donde estuviera Juanito Martin estaba la alegría y el desenfado franco. Así creció su disponible universo, el de un bon vivant, que desoía la existencia de obstáculos.
Sería interminable exponer la mera mención al nexo indestructible que Juan Martin estableció con la Isla, con una multitud de paisanos y amigos. Hasta el otro día se sintió acompañado y acompañó el alegre discurrir romero. Llevaba la parranda dentro y ese pulso contagioso se vertía por igual en la celebración carnavalera. Fue por muchos años el Almirante de la Mar Alegre, el Cristóbal Colón chicharro, el Príncipe del Carnaval, personaje que vivía en su esencia más pura y con el que se fundía en el rio callejero que acrecentó al despegar con la musicalidad que prodigó desde Los Gavilanes, grupo precursor en lo que de inmediato se convirtió en un acierto participativo para otras muchas formaciones .
Radio Club Tenerife contó siempre con su entusiasmo, ingenio y desmedido apoyo. Fue sin precisar de lazos laborales uno de los integrantes del equipo de amigos que con insuperable acierto creó Francisco Padrón. Juan Martín y sus Gavilanes grabaron el primer jingle de la emisora decana, una contagiosa melodía que fue invitación a compartir la alegría, un cauce presto a defender la identidad de la fiesta que colectivamente se había conquistado para dar arraigo a la creatividad en el ejercicio libre del saludo. Su lealtad fue siempre firme y desconocía ataduras, manteniendo un credo de libertad que le hacía estar siempre presto a solucionar cualquier problema que al paso de los días se presentara, tanto en la emisora decana como en el que se consolidó como pilar hacia el desarrollo audiovisual en Canarias que fue Canal 7 del Atlántico.
Supo Juan Martín extraer el néctar de la vida, transitándolo con su particular dolce far niente. Tejió puentes de amistad y supo forjar una identidad no ajena a los dictados del presente, que pudo franquear con mayor o menor acierto. Deja un vacío inmenso y un recuerdo imborrable en cuantos tuvimos el placer de conocerle y de sentir la proximidad de compartir la alegre entonación que evoca siempre la melodía de la vida.





