Un interno de Tenerife II intentó introducir droga en la cárcel después de recibir varias sustancias durante un vis a vis con familiares. El preso las ocultó en el interior de su cuerpo, pero terminó entregándolas cuando los funcionarios le comunicaron que sería trasladado a un hospital para realizarle las pruebas necesarias.
La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha condenado al interno a tres años de prisión por tráfico de drogas y al pago de una multa de 2.800 euros.
Los hechos ocurrieron el 5 de junio de 2024. El acusado mantuvo un encuentro con varios familiares entre las 18:15 y las 19:45 horas. Según los hechos probados aceptados durante el juicio, durante ese periodo recibió diferentes sustancias estupefacientes y psicotrópicas destinadas a su posterior distribución dentro del centro penitenciario.
Los funcionarios sospecharon de la entrega
Los funcionarios de Tenerife II tenían sospechas de que durante el vis a vis podía producirse una entrega de drogas. Ante esta información, se obtuvo autorización para realizar al interno una prueba radiológica.
El objetivo era comprobar si llevaba ocultas en el interior de su cuerpo sustancias tóxicas, estupefacientes o psicotrópicas.
Tras finalizar el encuentro, los funcionarios comunicaron al acusado que sería trasladado a un centro hospitalario para comprobar si efectivamente llevaba droga oculta.
Fue entonces cuando el preso decidió entregar las sustancias que llevaba en el interior de su cuerpo.
Qué droga llevaba el preso
Los agentes intervinieron 58 gramos de hachís, 17,5 gramos de cocaína con una pureza del 86% y casi 10 gramos de un componente utilizado para el corte de la droga y su posterior venta.
El valor conjunto de las sustancias intervenidas superaba los 1.400 euros en el mercado ilícito, según los datos recogidos en el procedimiento.
La resolución considera acreditado que las sustancias estaban destinadas a su distribución entre los internos de la prisión, y no únicamente al consumo personal del acusado.
Tres años de cárcel por tráfico de drogas
La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha impuesto al interno una pena de tres años de prisión por estos hechos.
A la condena se suma una multa de 2.800 euros por el delito relacionado con la introducción y posterior distribución de las sustancias estupefacientes en el centro penitenciario.
El caso se remonta a junio de 2024, cuando los funcionarios de Tenerife II detectaron indicios de que el interno podía estar intentando introducir droga tras el encuentro con sus familiares.






