Todas las previsiones apuntaban a que ayer, domingo, iba a haber panza de burro y llovizna en el norte de Tenerife. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. El sol irrumpió desde primera hora sobre las calles adoquinadas de Garachico y se mantuvo durante todo el día para vivir una de las romerías más antiguas y multitudinarias de Tenerife y el día más esperado y que pone fin a las fiestas patronales en honor a Santa Ana y San Roque.
Las calles de uno de los pueblos más bonitos de España amanecieron, como cada 16 de agosto, engalanadas con las tradicionales cintas de colores y con el popular grito de ¡Viva San Roquito!, a cargo de la fanfarria juvenil de la Agrupación Musical de Garachico.
Acto seguido, a las 09.00 horas, se llevó a cabo la eucaristía de peregrinos en la ermita de San Roque, presidida por el Obispo de la Diócesis Nivariense, Eloy Santiago. Al finalizar, se trasladó al santo en procesión hasta la parroquia matriz de Santa Ana, con el acompañamiento del Tajaraste. A su llegada a la parroquia, se celebró la solemne misa y a su término, la santa imagen de San Roque se trasladó hasta la plaza Ramón Arocha, en el entorno del antiguo muelle, para salir en romería sobre las 13.00 horas. La novedad de este año fue que comenzó y terminó una hora antes para que los animales pudieran entrar a sus cuadras lo más rápido posible.
Sin embargo, el fervor festivo se cruzó con la nostalgia ya que minutos antes de la procesión, la noticia del fallecimiento del escritor y maestro jubilado Carlos Acosta, uno de sus vecinos más populares y queridos, encogió el corazón de los garachiquenses.
Acosta, que eternizó a la Villa y Puerto en más de 40 obras, recibió un merecido e improvisado homenaje cuando la procesión detuvo sus pasos frente a su casa, en la calle Pérez Zamora. Allí, el párroco Marcos García elevó una oración mientras la actriz garachiquense Mar Gutiérrez recitó uno de los versos que el autor le escribió a San Roque en los días oscuros de la pandemia de Covid-19 en la que no se permitía níngún tipo de celebraciones: “Haya o no haya romería te seguiremos queriendo como el primer día”.
La procesión transcurrió hasta llegar al muelle viejo. Allí, desde la plaza de Ramón Arocha, partió la romería, una de las más antiguas de Tenerife que, como cada año, volvió a reunir a miles de personas -cerca de 14.000 según la Policía Local- en una jornada marcada por el tipismo canario, las tradiciones y los ajijides. En total fueron 31 carretas grandes y 15 pequeñas las que participaron junto con romeros, romeras, parrandas y grupos folclóricos, que aportaron el toque musical durante todo el recorrido por las vías más emblemáticas casco histórico.
El calor apretó con fuerza en el ecuador del día pero eso no impidió que romeros, romeras, y turistas disfrutaran del buen vino, papas bonitas, huevos duros y pinchitos compartidos al sol ayudándose de abanicos y botellas de agua.
La brisa del mar también hizo que se pudiera soportar mejor el recorrido pero no impidió que algunas personas sufrieran un golpe de calor y fueran atendidas por el puesto de mando avanzado y personal de la Cruz roja.
Tal y como estaba previsto, sobre las 17.00 horas el santo llegó a su parroquia, la gente aprovechó a descansar y a recargar energía para disfrutar del baile gran Baile de Romeros, amenizado por las orquestas Wamampy, Malibú Band y el grupo Nueva Fusión, que se prolongó hasta medianoche.










































