“San Cristóbal de La Laguna es una ciudad que se construye con amor y devoción. No es solo un trazado de calles empedradas ni un conjunto de casonas con balcones de tea que la Unesco decidió proteger. Es, sobre todo, un proyecto colectivo, casi un acto de amor renovado cada día por quienes la habitan”, con estas palabras inició anoche el doctor Pedro López Cabrera el pregón de las Fiestas del Cristo, como arranque oficial de un programa de actos que se prolongará durante tres semanas.
El pregón, que estrenaba nueva ubicación en el escenario de la plaza del Cristo, estuvo presidido por el alcalde, Luis Yeray Gutiérrez; el vicario episcopal Juan Antonio Guedes; y el esclavo mayor de la Esclavitud del Cristo, Alexis Díaz.. El evento contó luego con un espectáculo homenaje a la música popular del archipiélago, bajo el título Canarias Sinfónica.
Gutiérrez destacó la “brillante trayectoria” de Pedro López, a quien definió como “un pregonero excepcional”, y manifestó que las Fiestas del Cristo “simbolizan de la mejor manera posible el espíritu abierto y hospitalario de nuestra ciudad”.
El alcalde aseguró que “en el año en que un Papa visitó nuestra ciudad por primera vez en la historia, la imagen de nuestro Cristo de La Laguna, que presidió la eucaristía de Su Santidad León XIV en la Isla, cobra una nueva dimensión universal en su recorrido por nuestras calles. En esta misma plaza, el Papa nos hizo ver que los valores que representa el crucificado -de paz, acogida y humanidad-, son los propios valores que han definido a esta ciudad durante más de cinco siglos”.
“Ser lagunero, ya sea de nacimiento o de adopción, es asumir una responsabilidad romántica, la de entender que la ciudad no es un decorado que otros mantienen, sino un hogar compartido que solo mejora si todos ponemos algo de nosotros”, expresó en su pregón Pedro López, quien hizo un recorrido por sus vivencias personales, episodios históricos de la imagen del crucificado (entre ellos, su vinculación originaria con el monasterio de Santa Clara), y la dimensión social de las fiestas: “No se está celebrando solo un rito religioso sino el mismo espíritu de comunidad que hace grande a La Laguna durante el resto del año”, aseguró.
La Laguna “no es una ciudad detenida en el pasado, sino una que ha sabido cambiar sin perder lo que la hace ser ella misma. Ahí está quizás su verdadero secreto, ha dejado pasar el tiempo sin dejar que el tiempo se la lleve por delante”. Además, hizo referencia al trabajo anónimo de “tanta gente en silencio” y con “ganas de servir”, que hace posible que los festejos salgan adelante.
“Más allá de su valor artístico, el Cristo es un punto de referencia emocional y espiritual para toda la ciudad. Esta imagen ha acompañado, de alguna manera, la vida cotidiana de los laguneros, sus alegrías, sus penas, sus silencios. Ante él han rezado abuelos, padres e hijos; a sus pies se han dejado promesas y lágrimas, pero que siguen ahí, formando parte del aire de la ciudad”, subrayó el pregonero.






