“Se mamaron el Chicharro”. Era el titular de portada, en rojo, de La Gaceta de Canarias de un día de mediados de noviembre de 2000, algo que pilló por sorpresa a los santacruceros y santacruceras -chicharreros y chicharreras-, dando inicio a uno de los robos más surrealistas en la historia de Canarias y del que aún hoy, en 2026, quedan muchos datos por dar.
¿Cómo pudo desaparecer una pieza de bronce macizo de casi 200 kilos de peso? ¿Cómo salió de un depósito municipal sin que nadie se diera cuenta? En efecto, se mamaron el Chicharro, y esta es la historia real de aquel robo.
El Chicharro y una donación a la ciudad
La historia de la escultura del Chicharro está estrechamente vinculada a la comunidad canario-venezolana. La pieza fue entregada como obsequio a Santa Cruz de Tenerife y a la isla por la Asociación Cultural Venezolana Amigos del Arte del Hogar Canario-Venezolano, conocidos popularmente como los “Liqui-Liquis”. Al frente de aquella iniciativa estuvo el fotógrafo y Premio Canarias de la Comunicación Trino Garriga Abreu.
El monumento fue colocado el 17 de febrero de 1979 en el tramo final de la calle San José, junto a la Plaza del Príncipe, en un espacio que entonces se denominaba Plaza Alféreces Provisionales. Años después, en 2009, y a raíz de una moción popular, ese enclave pasó a llamarse oficialmente Plaza del Chicharro. En la base de la escultura se instaló una placa con una dedicatoria de la comunidad canario-venezolana al pueblo tinerfeño.
Pero este Chicharro no es el original, es una réplica, ya que este fue robado, en noviembre de 2020, del depósito municipal en el que se encontraba para ser reparado.

“La edición se agotó en horas”
El 15 de noviembre de 2000, Miguel Zerolo, alcalde de Santa Cruz de Tenerife por aquel entonces, confirmaba la sustracción del Chicharro. Había desaparecido de un depósito municipal tras ser restaurada y, además, iba a ser colocada en su lugar habitual próximamente. Se hizo, incluso, un llamamiento a la ciudadanía para tratar de localizarla.
“Yo era director de La Gaceta de Canarias y cuando me llegó la noticia pensé que la mejor forma de resumir lo que había pasado era Se mamaron el Chicharro. Hablábamos en canario y era rotundo” rememora el periodista Andrés Chaves.
Chaves recuerda “perfectamente” que aquella edición se agotó en cuestión de horas: “Eran otros tiempos y, además, aquello fue un bombazo en Santa Cruz. Titulamos en rojo, a toda plana”.
Aquello sorprendió a la ciudadanía pues, como hemos contado, el Chicharro se encontraba no expuesto, sino en un depósito municipal. Las autoridades habían esperado algunos días desde la desaparición. La capital se encontraba inmersa en el célebre Plan Urban, por lo que fue trasladada a un depósito municipal ubicado en el barrio Buenos Aires.
El caso es que, en principio, fueron dos personas las que robaron el Chicharro, se lo vendieron a un chatarrero, muy popular por aquel entonces, y este, a su vez, decidió venderlo en Valencia. “Allí se hace con ella la Policía Nacional, pero el Chicharro estaba hecho polvo, aunque lograron recuperar parte de ella para la nueva, la que se expone ahora”, rememora Andrés Chaves.
Un juicio rocambolesco
Tinerfe Fumero, redactor de DIARIO DE AVISOS, explicó cómo se desarrolló luego el juicio por todo lo ocurrido: “Aunque se habló de que habían roto una cerradura y forzado una ventana, lo cierto es que la valla de acceso al depósito estaba rota, y los autores del robo buscaban sacar rédito con el cobre que recubría la escultura”.
Jonathan, un testigo del caso, aseguró haberse encontrado “un pescado” y que, “en compañía de otro chatarrero, intentó venderlo a dos empresas santacruceras, pero ninguna lo quiso comprar al reconocer que se trataba de la famosa escultura”.
Por el robo del Chicharro sería juzgado un hombre, de nombre Carlos Alberto “a quien el fiscal pedía un año de cárcel por un delito de receptación, pero que se tradujo en una condena de seis meses de prisión, finalmente anulada por la Audiencia Provincial gracias al buen hacer del letrado José Pérez Ventura”.

Un nuevo chicharro
Debido a todo aquello era necesario devolver a Santa Cruz de Tenerife uno de sus símbolos, por lo que las autoridades se pusieron manos a la obra. El nuevo Chicharro capitalino pesaría 600 kilos, estaría colocado sobre una piedra de basalto y fue diseñado por Francisco Javier Rodríguez de Armas y Evelina Martín.





