Dios salve al burka
No hay que viajar a Afganistán para toparse con mujeres ocultas de los pies a la cabeza. No hay que pasear por Kabul o Kandahar para atestiguar la represión que sufren las mujeres. No hay que volar a Arabia Saudí, Irán, Libia o Sudán para indignarse ante el sufrimiento de seres humanos de sexo femenino




