No está loco, sino de remate
Hay un déficit de futuro. Porque a los hijos, por primera vez, les espera un porvenir peor que el de sus padres, y esa frustración se da de bruces con lo que hemos conocido por progreso, que nos permitía alardear de estar en continua evolución cuando todo este mundo se nos hacía chico y alentábamos la idea de mudarnos de planeta
