Vivir deprisa
Una de las consecuencias de haber vivido tan deprisa es darte cuenta, de golpe, de que hoy no conoces a nadie que ocupe cargo oficial, sea político o administrativo. Sencillamente, no estás en la onda, ni tampoco en el mercado, ni influyes un carajo en la opinión pública, ni eres ya eso que llaman un
