
Sin su conocimiento jurídico y activismo político no se explica cómo se denunció el llamado caso Las Teresitas, cuyo juicio penal entra mañana en su cuarta semana de sesiones y en el que ya prestó declaración como testigo. Socialista de siempre y hoy concejal independiente afín a Nueva Canarias en su Aguere materna, Santiago Pérez (La Laguna, 1954) merece un espacio para hablar de sus motivaciones en tan polémico asunto y el entorno que lo rodea.
-¿Qué le llamó la atención sobre el llamado caso Las Teresitas?
“Que es un asunto en el que a mi juicio todo el poder municipal del Ayuntamiento de Santa Cruz, todo su poder institucional, se puso al servicio de intereses particulares. Que son muy respetables pero son particulares, y aquí se sobrepusieron con rotundidad sobre los poderes públicos y sobre la legalidad. Es un caso de medianería institucional de libro, un ejemplo para llevarlo a la Facultad de Derecho de lo que no se debe hacer con el poder en una sociedad democrática”.
-Alude en cierto modo a una expresión que hizo fortuna, la de “pelotazo de libro”, pero una instrucción extensa y exhaustiva descartó el cohecho ¿Cómo lo valora?
“Todos tenemos conocimiento de la condición humana por la experiencia vital, y ese conocimiento nos lleva a pensar que cuando se pone todo el poder municipal al servicio de una operación empresarial no suele ocurrir solo por simpatía. Pero hasta ahí llego, porque la prueba de un cohecho es prácticamente imposible y más en el tiempo de los paraísos fiscales. Cuando redacto la denuncia inicial ni siquiera hago mención a esa posibilidad. Me centré en lo que yo consideraba hechos perfectamente demostrables y que podían dar lugar, aunque no los califiqué así, a su calificación como delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos, que en definitiva que es lo que se sustenta hoy la acusación”.
-¿Perseguía algún interés personal o político al presentar la denuncia?
“Mi interés estaba y ha estado siempre en restablecer los intereses públicos de Santa Cruz, que en lo económico consideré que habían sido gravemente dañados”.
-¿No tenía como trasfondo la guerra política interna en el PSOE tinerfeño de aquellos años?
“No. Ese argumento es propio de quienes creen que el mundo es su mundo y que todos somos iguales. Y hay quien piensa que la actividad política empieza y termina en las batallas internas de un partido político. Alguno de ellos está sentado ahora en el banquillo de los acusados. Además, mi liderazgo en el PSOE tinerfeño de entonces no estaba en discusión y así lo prueba el respaldo prácticamente unánime que recibí en este asunto. La mejor prueba de ello fue que el Comité Insular respaldó la propuesta que hice al respecto prácticamente sin oposición alguna”.
-La otra posibilidad que se comenta en los corrillos es que actuó para minar a Miguel Zerolo, entonces un referente político claro de Coalición Canaria. ¿Es cierto que hay una enemistad entre ambos que arranca de sus tiempos universitarios?
“No tengo ningún mal feeling con Zerolo. Incluso le digo que me parece el representante más habilidoso de Coalición Canaria, hasta el punto en que llegó a creérselo excesivamente. Si analiza la operación de Las Teresitas se detecta que destila por todos lados arrogancia, la sensación de que ellos se creían los dueños de la cabra, es decir, de la Isla de Tenerife, del ayuntamiento, del dinero público… Y eso una persona inteligente solo lo hace cuando ha llegado a esa sensación de que es el único listo de la película. Además, no somos de la misma promoción universitaria ni nos movíamos en los mismos ambientes: yo estaba en los próximos a la apertura democrática, mientras que toda esa camada de cachorros de la UCD como Zerolo y Ana Oramas entre otros, si algo les caracterizó entonces fue su inhibición acerca de la ebullición estudiantil de aquellos tiempos”.
-Ya que cita a Oramas, usted dijo en el juicio que ella le confirmó la existencia del informe elaborado por su hermana Pía sobre Las Teresitas, algo que ha negado con rotundidad en un comunicado.
“A estas alturas, lo de las batallitas internas del PSOE, que si Zerolo y yo tenemos mala relación o las elucubraciones de Ana Oramas no dejan de ser cáscaras de lapas. Porque lo cierto es que los hechos están ahí y son el fruto de una meticulosa operación policial y judicial, y reflejan lo que reflejan. En cualquier caso es probable que Ana Oramas, a quien le gustan los cuchicheos, le haya contado a tanta gente el episodio de su hermana que no se acuerde que me lo contó a mí. Porque Oramas tiene a veces ese arrebato de intimismos, de confidencias, que me sorprendió tanto que sobre la marcha se lo comenté a varias personas. Esa conversación no me desveló la existencia del informe de Pía, y la prueba es que yo hablo de ese informe en mis primeras alegaciones del año 2011, y la conversación tuvo lugar aproximadamente en el año 2003. Eso sí, me despejó las dudas sobre si el informe existía de verdad o había sido destruido. Recuerde que impidieron que se sumara al expediente del asunto, y eso es gravísimo”.

-Me queda preguntarle entonces por otra cáscara de lapa. ¿Qué le pareció que Ángel Isidro Guimerá negase haberle facilitado algunos documentos sobre el caso, como afirmó en el juicio?
“Mantengo con Ángel Isidro Guimerá una buena relación, de amistad. En mi memoria circulaba el recuerdo de que fue él quien me facilitó algunos documentos, como por ejemplo el informe del interventor general, y que sobre ellos construí mis alegaciones dado que no tenía acceso al expediente. Puede ser que obtuviera esos documentos por otra vía, pero sí recuerdo con nitidez es que una vez presentaba mis alegaciones, Guimerá las leyó bien porque se las envié o porque las consiguió y me llamó para decirme que estaba de acuerdo y para preguntarme si podía hacer uso de ellas para presentarlas”.
-¿Echó de menos a alguien cuando fue a declarar?
“Esta es una operación cuyos beneficiarios, no todos los que son, están en el banquillo de los acusados, pero es una mera impresión”.
-¿Puede ampliar la respuesta?
“No, porque tampoco me muevo en ese mundo de los negocios ni alcanzo a saber si se hacen las cosas por favores actuales o de futuro, si es dinero en mano o la posibilidad de participar en un negocio común… No lo sé porque no me desenvuelvo en ese mundo, no me interesa”.
-Siendo como es profesor de Derecho Político, ¿cómo se debe percibir desde la ciudadanía esta cascada de condenas y de investigaciones judiciales a históricos dirigentes municipales tinerfeños como Macario Benítez, Sindo García, el propio Zerolo, Jaime González Cejas, González Reverón, Isaac Valencia…?
“Desde que yo cuestioné la operación de Las Teresitas comenzó un goteo de iniciativas que investigan a alcaldes socialistas como el de Icod de los Vinos, El Rosario, Granadilla de Abona… promovidas por concejales de CC. Lo viví como réplica y como medida disuasoria contra los alcaldes socialistas, que siempre fueron una fuerza muy destacada en el PSOE insular. Que conste que todo esto no lo he dicho nunca en público y lo digo ahora”.
-Pero le pregunto otra cosa…
“Y le respondo igual que a mis alumnos de la Facultad. Las leyes, todas las leyes y también las que protegen el buen uso del dinero público, necesitan de la complicidad social para poderse aplicar porque no se sostienen solas. Lo que ha ocurrido es que hace diez o quince años había una gran tolerancia social ante casos como el de Las Teresitas y otros que hoy están en trance de ser juzgados. Las leyes estaban, pero no se aplicaban por esa gran tolerancia social. Desde entonces hasta ahora, la conciencia social ha despertado y no es una casualidad que ocurra en tiempos de crisis. Ahora a la gente le indigna mucho más conocer que hay gente que se enriquece desde las instituciones públicas. Lo que ha cambiado es la mentalidad de la gente. Así es la vida: cosas que se hicieron en los tiempos de la tolerancia se van a juzgar en los tiempos de la exigencia”.





